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LAS (MALAS) PRIORIDADES DE BORIC El Gobierno debería detener el proceso constituyente y destinar todos los recursos humanos, técnicos y económicos a resolver los ataques terroristas incendiarios y la seguridad en el país.

Estamos frente a un Gobierno fallido. Muchos chilenos no votamos por Gabriel Boric, pero gracias a la indolencia de 7 millones de chilenos que no fueron a votar, lo tenemos como presidente de Chile, y es la realidad que hoy todos debemos aceptar y lamentablemente enfrentar.

(Ver versión en La Vereda TV)

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El Gobierno de extrema izquierda que representa Boric lleva poco menos de un año en el poder, un año tremendamente complejo por una crisis económica y social que enfrenta el país, y con un Gobierno de principiantes que están convencidos que administrar un país es como estar al frente de una federación de estudiantes de izquierda, es decir un grupo de jóvenes reyezuelos incapaces de tomar decisiones maduras y que en lugar de eso prefieren anteponer ideologías y utopías marxistas fracasadas, con todas las consecuencias que significa eso en lo económico, la educación, la salud, en lo social, en el clamor por recuperar la seguridad y en todos los ámbitos que debieran estar controlados por personas capaces y con un mínimo de sentido de servicio público. Todos aspectos ausentes en el actual Gobierno.

Nada de eso existe hoy en este grupo de adolescentes cuya soberbia los desborda todos los días.

Mientras tanto, los chilenos, el ciudadano de a pie como cualquiera de nosotros, sufrimos el alza del costo de la vida día tras día, hasta llegar a niveles insostenibles para muchos. Las familias de clase media son principalmente las que sufren las consecuencias de este Gobierno fallido, padres que ya comenzaron a reemplazar los alimentos que antes compraban, por sustitutos de mala calidad, perjudicando el desarrollo de sus hijos. Y esto es porque la plata, sencillamente no alcanza, y cada día se pone peor.

Mientras el Gobierno declara un IPC del 12 por ciento para el último año, la verdad es que los chilenos hemos visto que el costo de la vida, con lo básico, ha subido por sobre el 50 por ciento durante el último año. Son datos… es cierto, pero mientras para los burócratas del aparato estatal estas son solamente cifras en una planilla excel, para las familias chilenas esta realidad se ha convertido en un verdadero calvario. Sobre todo cuando los ingresos tienden a la baja en momentos en que todo el gasto familiar está en alza.

¿Y qué está haciendo el Gobierno para resolver estos problemas que afectan a los chilenos? La verdad es que… nada. Absolutamente nada.

La única medida que han anunciado para favorecer de algún modo a las personas de menores recursos, es la implementación de una nueva reforma tributaria, el comodín de todos los Gobiernos para intentar recaudar más y así inyectar más recursos al aparato estatal. Pero entendamos algo clave. En la actual situación del país, con una proyección de crecimiento cero de acuerdo a los análisis y estimaciones de todos los organismos internacionales y nacionales, con una inflación oculta que está por encima del 50 por ciento aun cuando oficialmente anuncien apenas un 12 por ciento, con un desempleo también oculto gracias al empleo informal que comienza a ser la única alternativa para muchas familias, una reforma tributaria que aumenta los impuestos significa finalmente no solamente una vuelta de tuerca más para apretar los bolsillos de la gente, sino también menor recaudación fiscal. No es la solución, aumentar los impuestos en este momento es agravar más el problema… pero claro, los adolescentes a cargo del país eso no lo saben, porque solo miran hacia sus utopías marxistas y globalistas, sin darse cuenta que están eligiendo el camino que va por el borde del precipicio y a cada paso que dan, ese camino se hace más angosto y peligroso.

Pero Chile en este momento no solamente sufre por el manejo económico irresponsable de las arcas fiscales. En los asuntos de seguridad los ciudadanos han sido completamente abandonados por las autoridades que han privilegiado los supuestos derechos humanos de delincuentes y terroristas antes que asegurar la paz, la vida y la convivencia de quienes sí respetan las leyes y las reglas, y que de paso son quienes financian al Estado.

Y aquí quiero hacer un alcance que probablemente muchos chilenos a veces pasamos por alto. Cuando nosotros financiamos al Estado con nuestros impuestos y con nuestra propiedad individual sobre las empresas con participación estatal, lo hacemos esperando que a cambio se nos retribuya con el cumplimiento del rol del Estado. Esto significa que quienes han sido electos para administrar el país, deben cumplir ciertas tareas mínimas exigibles por la ciudadanía, suponiendo que nos encontramos aun bajo un régimen democrático.

Lo mínimo exigible es la correcta administración de los recursos recaudados, orientándolos hacia la ciudadanía y no hacia el espectro político. Eso no se está cumpliendo. También se espera que la autoridad cumpla con su deber constitucional de diseñar estrategias que proporcionen seguridad a los chilenos, algo que ya fue abandonado por este Gobierno. El poder judicial también es parte del Estado, y por lo tanto suponemos que las leyes deben ser respetadas y su cumplimiento es y debe ser una obligación, tanto para las autoridades como para los chilenos, y también para quienes quieren ingresar al país… nada de eso es parte de nuestra realidad actual. La ética y la idoneidad también son esperables como comportamiento de los funcionarios públicos financiados con nuestros impuestos, pero la corrupción se ha convertido en el pan de cada día, aunque entre ellos mismos tratan de ocultarla, como por ejemplo el caso de la alcaldesa Irací Hassler y la compra fraudulenta pagando 6000 millones de pesos extra… de nuestros impuestos. Un tema gravísimo en el que el Gobierno no ha hecho nada por aclararlo, y el poder judicial camina lento y errante. Hablan de mejorar la educación intentando imponer una evaluación docente trucha diseñada por un colegio de profesores izquierdizado hasta más no poder, mientras el concepto de calidad en la educación es manipulado para que en realidad signifique adoctrinamiento sin vuelta atrás. Y en salud, la falta de hospitales y consultorios se hace cada vez más evidente ante el aumento de usuarios que debido a su precaria situación económica han debido abandonar sus planes en las Isapres, colapsando la infraestructura hospitalaria y de atención primaria.

En la práctica, el Gobierno y el Estado no están cumpliendo con su parte del trato.

Gabriel Boric es en este momento el administrador de Chile. Es el gerente que contrató la mayoría de quienes fueron a votar el 2021, y no solamente lo está haciendo mal, sino que ha puesto en riesgo el futuro de la nación.

El foco de Boric no es el bienestar de los chilenos, porque el espíritu marxista que lo domina a él y a sus acompañantes en la fiesta, no considera el bienestar de los ciudadanos, sino el empoderamiento y control absoluto por parte de la clase política.

El presidente ha cometido una serie de errores que lo delatan como adorador del marxismo y un buen soldado de Lenin. Sus anuncios y el comportamiento anti-sistema que busca que los chilenos terminen por menospreciar el concepto de autoridad, siendo él mismo la máxima autoridad electa en el país, tienen como objetivo romper todos los esquemas hasta que el caos se imponga. Y luego vendrán los controles, cada vez más totalitarios, para devolver el supuesto orden, pero esta vez por medio de la imposición de decretos y leyes forzadas por el propio Gobierno para coartar las libertades de los ciudadanos.

Una concepción maquiavélica de democracia, utilizando este término solamente para llegar al poder, consagrarlo en una suerte de matrimonio forzado, y permanecer en él hasta que la muerte nos separe.

Todo el proceso constituyente ha sido un largo calvario al que la mayoría de los chilenos no le han prestado atención, pero para el Gobierno significa su mayor objetivo, porque de imponer una nueva constitución tal y como la tienen pensada, van lograr el poder absoluto. Boric, la extrema izquierda y Chilevamos confían en la indolencia de la mayoría de los chilenos, que creen que el proceso constituyente es para redactar un librito con un texto que no los va a afectar, así es mucho más fácil vender la idea de una nueva constitución… como si se tratara de algo sin importancia.

Hay gente del sector anti-izquierda que apunta sus dardos solamente al costo que ha tenido y que tendrá todo este proceso constituyente. Un costo monetario altísimo para el país que en este momento no se encuentra en condiciones de asumirlo. Pero el costo real va mucho más allá, y en este caso se trata del futuro de todos los chilenos y de las futuras generaciones.

Pero en términos monetarios, si tenemos que cuantificar lo que ya se ha gastado y lo que se va a gastar de aquí a diciembre del 2023, si es que se termina ahí el proceso, podemos llegar a cifras increíbles que pagamos con nuestros impuestos. Alrededor de 300,000 millones de pesos gastados… para redactar una supuesta nueva constitución que la verdad, a nadie le importa. Es decir, solo a los políticos les importa, porque la necesitan para tener herramientas para reventar aun más a los chilenos.

Con 300 mil millones de pesos el Gobierno podría construir 7500 casas de 40 millones cada una para quienes no tienen vivienda.. con esto se resolvería el déficit habitacional para los chilenos. Pero eso no es prioridad, porque el proceso constituyente es la única prioridad de Boric, de su Gobierno, de la extrema y centro izquierda, y de Chile Vamos.

Olvidaron a los chilenos… no por alzheimer, sino a propósito. Se encontraron de frente con las llaves de la caja fuerte donde están los recursos del país, y decidieron todos los políticos juntos llevarse el botín para la casa.

Y hoy, el país, especialmente la zona centro sur, es víctima de un ataque terrorista organizado que está quemando la despensa de Chile. Lo esperable de un buen Gobierno es que utilice todos los medios disponibles no solamente para apagar el fuego, sino también para evitar que se siga prendiendo el país, deteniendo a los responsables y procesándolos como terroristas, porque quienes ejercen terrorismo, son terroristas, aunque a Gabriel Boric y su pandilla se les atragante el concepto.

Se estima que el proceso constituyente, lo que queda de él de aquí a diciembre, va a tener un costo total de alrededor de 100 mil millones de pesos entre los costos operativos, infraestructura, sueldos, asignaciones, asesorías y el proceso eleccionario para el plebiscito.

Chile por un lado está en una crisis económica de la que, a pesar de las palabras de buena crianza de Marcel, no se le ve una salida bajo el actual mandato, y por otro lado una crisis de seguridad y prontamente alimentaria producto del ataque terrorista que están recibiendo tres regiones de la zona centro sur del país. Esta última ha provocado no solamente la pérdida de bienes para agricultores, forestales y familias que lo han perdido todo, literalmente, sino que además ha costado vidas humanas… 26 personas fallecidas producto de estos ataques.

Pero para el Gobierno, la prioridad es una nueva constitución, y ahora la conmemoración de los 50 años del pronunciamiento militar, que significa otro gasto más para algo que solo les importa a ellos, porque los chilenos tenemos prioridades completamente diferentes, muy lejanas a las de los políticos… o mejor dicho, los políticos están absolutamente desconectados de las prioridades de los chilenos.

¿No será hora de que Gabriel Boric reconozca su fracaso como gobernante, su incapacidad como presidente y su ineptitud como servidor público? El mejor gesto que podría dar este Gobierno en este complejo momento que vive el país es paralizar todo el gasto destinado al proceso constituyente fraudulento que han pretendido imponer, y destinar esos fondos públicos, nuestros impuestos, a terminar con el terrorismo en la macro zona sur e invertir en la reconstrucción y la ayuda a quienes lo han perdido todo… No por los incendios, sino por la falta de compromiso del Gobierno hacia los chilenos.

Pero las prioridades del Gobierno, no parecen ser las de los chilenos.

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