Primera línea: Un peligro latente para Chile a pesar del Covid-19

Primera línea: Un peligro latente para Chile a pesar del Covid-19

La izquierda ha comenzado a viralizar diversos videos y gráficas en las redes sociales, en plena pandemia y cuando más arrecia la cantidad de contagiados en Chile elevando la curva de contagios peligrosamente con aumentos cercanos al 20% diario, y a esta fecha con 73 fallecidos en una época en que las cuarentenas y otras medidas de excepción mantiene en sus hogares a un porcentaje importante de la población mientras en otras comunas la normativa es más relajada debido a la menor cantidad de contagios presentados hasta la fecha.

Hoy el equipo de La Vereda se concentró en un video en específico. En este material audiovisual de factura semi-profesional muestra a un grupo de unos 15 antisociales de la Primera Línea realizando un trabajo de limpieza con líquidos en una estación (no identificada) del Metro de Santiago. Limpian pasamanos, asientos, torniquetes y otros elementos de los carros y de los andenes con paños y líquidos, mientras van relatando su “preocupación por el pueblo” e indicando que el Gobierno no hace nada por este pueblo, pero ellos sí.

No llegan sólo a este límite, lo traspasan en todas sus formas posibles, culpando al Presidente Piñera (a quien obviamente no nombran con ese respeto en el video) de que “el pueblo” ha sido abandonado por las autoridades y que ellos son su única salvación tanto contra el coronavirus como contra el sistema neoliberal que los oprime, y que ya llegará el momento en el que cobrarán la cuenta a Sebastián Piñera por “todo lo que le está haciendo al pueblo” (llama la atención la cantidad de veces que utilizan este término).

Todo el relato y la representación que realizan como si estuvieran sanitizando las estaciones de metro, que son sanitizadas constantemente por personal de Metro y los carros también al finalizar cada recorrido, transcurre con una canción de Los Prisioneros de fondo.

Al avanzar un poco en el video que dura alrededor de 4 minutos, comienzan las entrevistas a “pasajeros” para preguntar por su opinión acerca de lo que ellos están haciendo para ayudar “al pueblo”. Estas personas curiosamente responden con un discurso ideologizado en el que alientan a los primera línea para que regresen a “dignidad” (Plaza Italia) usando términos y sentencias propios de la izquierda más extrema, esa misma izquierda a la que pertenece este grupo de delincuentes.

El objetivo obvio del video, así como de varias gráficas circulantes en Twitter y Facebook, es intentar limpiar la imagen de este grupo de desadaptados que hasta fines de Febrero destruyeron todo lo que estuvo a su alcance, incluyendo el propio Metro y buses del Transantiago y dejaron cesantes a casi 500.000 personas.  Sin embargo no se trata de un blanqueo de imagen honesto. Amenazan en el mismo discurso con regresar aun más violentos y decididos a enfrentar a la policía y al Gobierno y,  retomar la Plaza Baquedano, a la que ellos equívocamente llaman “dignidad”.

Cuando el 18 de Octubre comenzaron los disturbios, destrucción del Metro, incendios, saqueos y todo tipo de desmanes violentos atacando además a Carabineros para dejar miles de ellos heridos de diversa consideración, el Gobierno estaba enterado de esta escalada de insurrección que se venía. Habían sido informados casi con dos meses de anticipación por la ANI, e hicieron caso omiso encontrándose a contar de ese momento con un escenario absolutamente fuera de control que quebrantaba todas las leyes de orden público y de libertad de los ciudadanos. El Gobierno no fue capaz de reaccionar con firmeza ese día ni los días, semanas y meses siguientes.

Luego apareció la pandemia por el Covid-19 que está azotando y en plena expansión en todo el territorio nacional, obligando al Estado a realizar esfuerzos extraordinarios basados en deuda para poder atender la cantidad de frentes que debe atacar al mismo tiempo para evitar que esto se transforme en una crisis que, de no ser manejada de forma inteligente, también podría escaparse de control provocando el colapso de todo el sistema de salud del país. Hasta el momento el ministro de salud Jaime Mañalich ha sido felicitado por autoridades de salud del extranjero por el extraordinario manejo que se ha hecho en Chile para contener la expansión de los contagios.

Dentro de las medidas para enfrentar el coronavirus, se han aplicado cuarentenas, toque de queda y existe además prohibición de reunirse más de 50 personas en un mismo lugar además de la recomendación de distanciamiento social de al menos un metro con otras personas. Estas medidas provocaron que los delincuentes que tenían secuestrada la Plaza Baquedano no pudieran regresar al lugar y la violencia contra Carabineros disminuyó de forma notoria. “Sólo” se han registrado esporádicos ataques a comisarías con bombas molotov y armas de fuego durante este periodo de falsa calma.

Sin embargo lo que pudiera parecer un alto al fuego por parte de esta mal llamada “primera línea” no es tal. Lo que han estado haciendo estos inadaptados es reorganizarse y comenzar a realizar acciones como los ataques a las comisarías mencionados, así como se está estudiando por parte de las policías su participación en diferentes atentados y robos al aeropuerto, cajeros automáticos y sucursales bancarias. Se sospecha que esta “primera línea”, dirigida por articuladores políticos, estaría buscando financiamiento para continuar con la violencia contra los chilenos y los bienes públicos y privados una vez se apacigüe la embestida del Covid-19 en el país.

Y es que el discurso en estos materiales audiovisuales es claro, no es necesario deducir nada pues ellos mismos amenazan desde los videos a la policía, al ministro de salud y al propio presidente de la República con regresar con más violencia, para “satisfacer las demandas del pueblo”.

El Gobierno de Sebastián Piñera ya se equivocó a partir del 18 de Octubre al intentar solucionar todo por medio del diálogo ¿Ocurrirá lo mismo esta vez? Es de esperar que el mandatario haya aprendido la lección y actúe con todas las herramientas de las que dispone constitucionalmente para encarcelar definitivamente a delincuentes que creen ser los salvadores del “pueblo”, pero que finalmente no son más que eso: delincuentes de primera línea.

¿Quién está tras la violencia en las marchas?

El 18 de Octubre comenzó en Chile uno de los periodos más violentos que se han vivido a lo largo de nuestra historia. Lo que parecía una evasión planificada por un grupo de estudiantes se convirtió rápidamente en la destrucción simultánea de más de 20 estaciones de Metro con acelerantes, muchas de las cuales a esta fecha aun permanecen cerradas.

Luego comenzaron las marchas que se han venido repitiendo casi a diario durante los últimos cinco meses, y en cada una de ellas inevitablemente hemos sido testigos de diversos actos violentos que comienzan por algo tan simple como grafitear todo lo que tenga superficie útil para ese fin, hasta asaltar locales comerciales, saquearlos, incendiarlos, destruirlos por completo dejando en la calle a más de 500.000 nuevos cesantes hasta la fecha.

La tristemente famosa “Primera Línea” ha sido el principal grupo violentista. Estas personas, la mayoría de ellos delincuentes con antecedentes incluso por homicidio de acuerdo a las fichas de los detenidos durante el último fin de semana, van adelante de las marchas provocado y atacando a Carabineros que son distraídos con estas acciones para no poder ver ni reaccionar ante los actos delictuales que ocurren atrás o a una o dos cuadras de distancia mientras se destruye todo lo que estos antisociales encuentran a su paso.

La prensa tradicional ha insistido en hablar de estas manifestaciones como pacíficas, cuando en cada una de ellas los desmanes y daños producidos superan cualquier ficción de ciudad en guerra. La provocación y ataque contra Carabineros es de un nivel tan brutal, tan cobarde, que estos delincuentes se aprovechan de toda la intervención que han hecho las agrupaciones de Derechos Humanos para impedir que los uniformados puedan responder con sus armas como manda nuestra Constitución.

¿Qué motiva al lumpen a actuar así durante 5 meses?

Diversas fuentes con mayor o menor credibilidad hablan de pagos en efectivo a quienes integran esta “primera línea”, y estos pagos llegarían incluso hasta a una tercera línea. Los montos se diferenciarían por el nivel de daño producido. Es decir, montos bajos (se dice que son $ 20.000) por participar provocando y atacando a Carabineros, y va subiendo si se daña un monumento, se colocan barricadas, daño a mobiliario público, saqueos y destrucción de tiendas, hasta incendiar locales, estaciones de Metro, etc.

También se sugiere que muchos de los pagos se realizan directamente con drogas cubriendo parte o el total de “lo acordado”.

Sin embargo, a pesar de que existen algunos registros en video y fotografías que muestran algún tipo de transacción entre varios de los participantes y otras personas, estas versiones no tienen un sustento seguro pues no se ha detenido a nadie en flagrancia recibiendo o realizando pagos hasta ahora.

Entonces ¿Qué los motiva?

Se trata de dos tipos de segmentos de la sociedad. Por un lado delincuentes, anarquistas, antisistémicos que están todos los días en su labor de provocación a Carabineros y destrucción de la propiedad. Dentro de estos se encuentran jóvenes desde los 12 años de edad hasta adultos con 40 y más años. Y por otra parte  existen personas que siendo estudiantes principalmente y unos pocos que trabajan durante la mañana y en las tardes se unen al lumpen, participan esporádicamente -preferentemente los viernes- durante las tardes y noches en una suerte de “aventura terrorista”. Por eso el perfil de estos últimos corresponde a jóvenes, que buscan la acción y la adrenalina sin pensar en las consecuencias.

El grupo de jóvenes estudiantes y trabajadores actúa principalmente pensando que con su acción violenta provocarán algún cambio en la sociedad. Corresponde a idealistas que, en su juventud e irresponsabilidad, no son capaces de medir las consecuencias sobre sus actos. Es decir, se suben arriba del carro del idealismo muchas veces sin entender siquiera por qué ni para qué están ahí.

Sobre el primer grupo existe la gran interrogante. Están todos los días de la semana alrededor del sector Plaza Italia (la que han denominado ellos mismos “plaza de la dignidad) vigilando que nadie les quite su conquista territorial. Por las tardes toman una actitud más violenta y atacan a Carabineros sin ninguna provocación. Su objetivo ahí es crear desórdenes para que Carabineros reaccione y de este modo tomar videos y fotografías que luego viralizan al exterior mostrando “la represión del Estado contra pacíficos manifestantes”.

Esta acción es reiterada, día tras día. No se trata de marchas. Se trata de una zona de guerra, y la “primera línea” siente que ha conquistado un territorio que se utiliza para mostrar al mundo un Estado violento, represor y ajeno a las necesidades de la gente.

Se vienen entonces dos interrogantes obvias:

¿A quién le sirve esa estrategia de provocación a Carabineros, para luego victimizarse y mostrar un Estado que “no permite manifestarse” a personas “pacíficas”?

Deduciendo que sí existe un grupo político verdaderamente interesado en mostrar este panorama al exterior para poder llegar al poder derribando todas las instituciones incluida la presidencia, se abre la siguiente interrogante:

¿Quién financia a esta “primera línea”?

Una línea investigativa se dirige directamente hacia tiendas políticas como el Partido Comunista y algunos otros del Frente Amplio. No existen pruebas concretas, pero sí apoyo directo e indirecto a las acciones de estos grupos violentistas. Los políticos de esos partidos han justificado desde el comienzo de los disturbios el accionar de estos grupos de antisociales, y los han utilizado para reemplazar la necesidad de solucionar demandas sociales por la instalación de una nueva Constitución.

Pero han sido cinco meses seguidos de revueltas y la Primera Línea cuenta con un número indeterminado de integrantes junto a la segunda y tercera línea. Esto significa una gran cantidad de dinero, varios cientos de millones de pesos ¿Qué tienda partido político podrá mantenerse tanto tiempo financiando un grupo de guerrilleros urbanos, alimentándolos, pagándoles el transporte, el alcohol y las drogas?

La otra tesis es que se financian por medio de los narcotraficantes, que se han visto muy beneficiados ya que las policías no se encuentran tras ellos en todos estos meses lo que les ha permitido “ampliar su mercado” sin tener el problema de persecuciones ni búsquedas que les impidan llevar adelante su lucrativo negocio.

Y por último, existen sospechas fundadas acerca del destino de los dineros que son robados desde cajeros automáticos, locales comerciales, reducción de especiales robadas en los múltiples y constantes saqueos en todo Chile, y situaciones mayores como el robo ocurrido ayer el en aeropuerto Arturo Merino Benítez con una suma superior a los doce mil millones de pesos.

Es un hecho, los grupos de guerrilleros urbanos que están tras la violencia se alimentan por alguna de las vías mencionadas, o por un conjunto de ellas.

Violencia en las Marchas por el Rechazo

Sin embargo la violencia no es parte solamente de los movimientos que han ocupado la Plaza Italia. Desde comienzos de Febrero se vienen organizando con convocatorias cada vez mayores, marchas por el Rechazo a lo largo de todo Chile.

En la marcha de este último sábado 7 de Marzo que tuvo una asistencia superior a las 12 mil personas, el periodista Rafael Cavada se acercó a la columna de manifestantes que hasta ese momento se desplazaba en completa normalidad y tranquilidad para reprocharles agresivamente su opción por el Rechazo. Luego de unos minutos, algunos de los asistentes reaccionaron con fuerza para pedirle que se retirara del lugar y dejara de molestar a la gente que estaba en su justo derecho a manifestarse en paz.

Ante la negativa del periodista que se encontraba acompañado por dos personas más que apoyaban y alentaban su actuar, de pronto se hizo presente una decena de personas vestidos de forma similar a la forma en que lo hace la “primera línea”, y primero con empujones lo fueron arrinconando hasta botarlo al piso. El periodista se retiró finalmente al interior de un edificio y al regresar, mostraba extensas manchas de sangre en su vestuario, las que no exhibía cuando entró.

En este caso ese grupo llamado “La Vanguardia” actuó motivado por los insultos de Cavada.

Luego de ese incidente, la marcha continuó avanzando con normalidad y, al pasar frente a las torres de Carlos Antúnez y luego pasado Salvador, fueron violentamente atacados por ocupantes de departamentos que desde las alturas le arrojaban a la multitud botellas de vidrio, tomates, huevos, piedras y otros elementos contundentes.

El grupo de La Vanguardia se compone de un grupo de personas que decidió formarse por cuenta propia para ir en defensa de las personas que son atacadas en las marchas por el Rechazo, y en ningún caso para actuar con violencia sin que medie provocación. Esas personas son autónomas y no pertenecen a la organización de las marchas como intentó hacer creer el comunicador y director de la Casa por El Rechazo, Gonzalo de La Carrera, en una entrevista a La Tercera publicada el día de ayer en la que deslizó que los organizadores son quienes promueven la violencia en las manifestaciones y que ese sería el motivo por el cual su grupo no participaba en estas manifestaciones, a pesar de hacerlo.

La violencia en las marchas por el rechazo, nos indican desde la Fundación Yo Apoyo a Chile que se ha hecho presente en estas manifestaciones, “proviene siempre desde personas que nos insultan al pasar, y en la última marcha comenzaron a lanzar objetos contundentes desde los edificios  con el peligro consiguiente para la gran cantidad de asistentes”.

Agregan que “Nosotros, a diferencia de los manifestantes en Plaza Italia y otros puntos críticos en cada ciudad del país, nos reunimos para manifestar una opción frente al plebiscito y para pedir que el Estado se haga cargo y restituya el Estado de Derecho. No atacamos a Carabineros, no rayamos nada en las calles, no destruimos mobiliario público ni privado, no incendiamos ni saqueamos el comercio, supermercados, estaciones de Metro, buses del Transantiago, al terminar nuestras marchas todo queda limpio y no amedrentamos a nadie. Todas nuestras manifestaciones son autorizadas, en paz y respetamos estrictamente la democracia y sus herramientas” finalizó.

La Primera Línea ¿Quiénes son?

Los ciudadanos observamos sorprendidos a un grupo de encapuchados que sin ningún escrúpulo cada día durante las tardes arremete en el sector de Plaza Italia bajo el escudo de capuchas y pañuelos cubriendo sus rostros para comenzar a provocar y atacar a Carabineros que custodian el lugar, generando duros enfrentamientos que son repudiados por un gran porcentaje de la población, y celebrados por unos pocos.

Se trata de la auto denominada “Primera Línea“, de quienes por su comportamiento inferiríamos que se compone por lumpen, delincuentes habituales y narcotraficantes a quienes les conviene mantener el conflicto encendido permanentemente.

Sin embargo este grupo de violentistas no sólo es integrado por lumpen y delincuentes. Un porcentaje de ellos son estudiantes universitarios y trabajadores que, de acuerdo a nuestras investigaciones, en su mayoría se desempeñan en el área de servicios. Al finalizar su jornada laboral, se reúnen en puntos estratégicos cercanos a Plaza Italia y llegado el momento modifican completamente su apariencia convirtiéndose en individuos anónimos dispuestos a provocar, atacar, destruir, incendiar y lo que sea necesario por mantener el caos y el miedo dominando las calles.

La mayoría de ellos no tiene militancia política, a pesar de sus consignas claramente izquierdistas no se reconocen comunistas o frente amplistas.

Su principal objetivo, de acuerdo a las declaraciones de uno de sus escuderos, es “disputar el poder porque los pacos (Carabineros) creen que por su rol en el Estado tienen monopolio sobre la violencia. De eso se trata, de demostrar nuestro poder”.

No se trata de demandas sociales para estos antisociales. Buscan apoderarse de sectores demostrando su superioridad física y estratégica frente al Estado. No es fácil lidiar con este tipo de grupos de tendencia anarquista, menos cuando existe un porcentaje no despreciable de la población que justifica su existencia y su violenta forma de accionar, y un Gobierno completamente incapaz de detenerlos por miedo a ser juzgado por “exceso de violencia en los procedimientos”.

Esta debilidad del Gobierno ha permitido que casi cinco meses luego de la arremetida que viene ocurriendo en Chile desde el 18 de Octubre de 2019, no solamente se haya fortalecido una primera línea integrada por individuos anti sistema. Hoy son varias “primeras líneas“. La original y más violenta o “dueña de la calle” formada por lumpen, más otras integradas por narcos, barras bravas, capuchas, liceanos, estudiantes universitarios e incluso adolescentes del Sename.

El clan ACAB (“All Cops Are Bastards”) dice actuar violentamente para que exista mayor dignidad social. De acuerdo a declaraciones efectuadas a nuestro infiltrado, “nosotros al contrario de Carabineros, tenemos ética porque no estamos ahí para atacar sino para defender a los manifestantes de los ataques de la policía“.

A pesar de que declaran no contar con liderazgos establecidos, han sido perfectamente capaces de organizarse de forma tal que dificultan gravemente la posibilidad de restablecimiento del orden por parte de Carabineros. Uno de los “peñasqueros” relata que han recibido algo de entrenamiento y estrategia de guerrilla para mantener vivo este grupo en las calles, y que uno de los principales objetivos es mantener el enfrentamiento a diario en el sector de Plaza Italia para que jamás se apague.

Al preguntarle por qué lo hacen, siempre apuntan a la dignidad. De acuerdo a su particular versión esta dignidad se consigue sometiendo a Carabineros bajo la violencia y de este modo al Estado.

“La gente nos quiere porque sabe que somos los únicos capaces de contrarrestar la represión de los pacos y garantizamos a los manifestantes que puedan expresarse con libertad en las calles” declara el mismo informante cuando le preguntamos qué percepción cree que existe de ellos en la ciudadanía.

Reconoce también que en la mayor parte de las oportunidades son ellos mismos quienes inician la acción violenta atacando con piedras y molotovs a Carabineros apenas ingresan a las zonas en las que se encuentran estos clanes. De esta forma se establece el principio de “terreno dominado” y le entregan a sus fans una imagen de conquista territorial que se ha convertido en un fin por sí mismo. Se sienten orgullosos de haberse convertido en los “dueños” de la Plaza Italia, el corazón neurálgico del movimiento social, hablando siempre del lugar como la “Plaza de la Dignidad“.

Mujer de la primera línea apuntando con balines de acero directamente a los manifestantes

Término que en ningún caso refleja el estado actual del lugar que hoy luce como un gran espacio de tierra y basura, rayados con insultos de toda naturaleza en prácticamente todas las superficies, poleras y trapos tendidos de lado a lado en la entrada de la clausurada estación de Metro Baquedano y la pérdida de todas las áreas verdes en los alrededores.

Lo cierto es que ante esta dominación territorial lo que podemos observar es sólo decadencia en nuestra ciudad. Provocada por un grupo que solo representa a una minoría que cree (y comprueba) que con violencia puede imponer cualquier discurso. Incluso aquel que destruye todo a su paso para “tener mayor dignidad”.

Al hacerle ver al entrevistado que una de sus mujeres estaba en ese momento disparando balines de acero con resortera hacia los propios manifestantes con el consiguiente peligro de pérdidas oculares resultado de esta acción, “Juan” (como se hizo llamar) sólo atinó a dar un empujón a nuestro infiltrado y luego se retiró corriendo para unirse nuevamente a la violencia que se desarrollaba a tan sólo 50 metros del lugar, en plena “plaza de la dignidad”.

Guillermo Silva, presidente de la Corte Suprema

Presidente de la Corte Suprema superpone DDHH a la Ley chilena

Según consigna El Mercurio en su edición de hoy, el Presidente de la Corte Suprema Guillermo Silva entre otros temas indica que a pesar que la gente pide mayor dureza en los fallos por violencia, aplicarlo se hace complicado porque se debe llegar “a un justo equilibrio” con los procesos que involucran a los “manifestantes”, para quienes se debe velar primero por sus derechos humanos.

Al mismo tiempo el magistrado critica la idea de aplicar mayores penas a personas que pertenezcan a grupos de choque que atacan a la fuerza pública, saquean o destruyan la propiedad, como la primera línea.

“He escuchado que se está pensando tipificar como delito el integrar una primera línea” agrega, llamando a tener cautela en estos aspectos pues en primera instancia hay que imponer lo que dictan los tratados de DDHH antes que nuestras propias leyes. No se refiere a las figuras legales que sí aplican para grupos violentistas que se coluden para saquear, destruir y quemar además de atacar a Carabineros con bombas incendiarias, balines, palos, piedras e incluso con armas de fuego.

En el marco de la apertura del año judicial, Silva manifiesta su preocupación por “la alta tensión entre los manifestantes y los agentes de Estado a cargo de la seguridad de la población”, pero no critica a la Fiscalía por su desinterés en perseguir a estos grupos de encapuchados que transforman cualquier manifestación en un escenario de violencia que afecta directamente los derechos fundamentales de todo el resto de la población en diferentes ciudades del país.

EnglishFrançaisDeutschItalianoPortuguêsEspañol