Columna: 2,5% de impuestos es nada ¿Por qué no aplicar 10% de una vez?

Columna: 2,5% de impuestos es nada ¿Por qué no aplicar 10% de una vez?

Columna de Sebastián Cristi

Ayer diputados de oposición, principalmente de esa izquierda tapizada de expertos economistas que reciben señales de luz desde el universo para iluminar a todos los economistas del mundo, ingresaron a discusión su tan anhelado impuesto del 2,5% para las personas que posean más de 22 millones de dólares de patrimonio.

La explicación para tan brillante iniciativa, es que “servirá para financiar rentas básicas de emergencia” para familias afectadas por la pandemia.

La genial idea cuenta con el respaldo de connotados parlamentarios como los diputados Gabriel Ascencio (DC), Karol Cariola (PC) , Giorgio Jackson (RD), Daniel Núñez (PC), Luis Rocafull (PS), Alejandra Sepúlveda (FRVS), Alexis Sepúlveda (PR), Raúl Soto (PPD), Camila Vallejo (PC) y Esteban Velásquez (FRVS). Claro que para muchos aspectos seguramente se hicieron asesorar por otros aun más expertos que ellos en materia tributaria y económica, también de esos partidos políticos que han aportado tanto al progreso del país.

Dicen que se trata de un “impuesto único”, que será aplicado por una sola vez a los “super-ricos”, como ellos han denominado a todos aquellos que ganan… más que ellos. Claro que, como ya conocemos a nuestros astutos legisladores, el impuesto será aplicado una y otra vez para diferentes situaciones. Yo les recomendaría seguir en la segunda patita con un 5%, o mejor aún un 10%. Así nos aseguramos de poder extraer el máximo posible de esas fortunas que no les pertenecen, pero a las que quieren echarle mano a como de lugar.

Aunque se trata en la práctica de una doble tributación para los afectados, los impulsores de la iniciativa se veían felices, rebosantes en  el Congreso al explicar que este impuestito permitiría “allegar recursos al Fisco por US$6.500 millones”.

Luego de leer tan docta propuesta que busca quitar a los ricos para entregar por una vez a los más necesitados un monto que a duras penas salvará 15 días de alimentos para esas familias, se pasó por mi cabeza una idea loca: ¿Qué pasaría si estas lumbreras de la economía se salen con la suya?

Bueno, yo no poseo 22 millones de dólares. No creo tener ni el 0.1% de ese monto como patrimonio, pero si los tuviera y apareciera de pronto el fisco a decirme que entregue 550 mil dólares de mis bienes en los siguientes 30 días, tal como proponen estos niños de bien, no me quedaría más que hacerlo. Aunque probablemente, nuevamente si fuera dueño de un monto como ese, generado con trabajo, esfuerzo y sacrificio, y haber pagado todos mis impuestos sobre ese patrimonio año tras año, comenzaría a pensar en alternativas. Nadie gana o mantiene una fortuna así simplemente con los intereses por renta, se requiere trabajar y dar trabajo.

Lo que pasa es que en mi ignorancia en materia económica y tributaria no me atrevería a cuestionar siquiera la super idea para castigar a los super ricos. Pero, que me vuelvan a aplicar impuestos sobre un monto por el cual ya tributé, y con gran generosidad al Estado, me haría sospechar que esto se comienza a poner mucho más negro de los grisaseo que ya se encontraba y, que tal como le ha pasado a otros “super-ricos” de países vecinos, dentro de poco vendrán por ese 5%, 10% o probablemente más.

Las personas que poseen fortunas de esa envergadura o superiores, generan empleo. Esos empleos son su aporte para combatir la pobreza, la inequidad y el asistencialismo estatal. El empleo proporciona dignidad a las personas. Aunque la palabra dignidad ha sido bien manoseada últimamente y algunos creen que se trata de tener para comer, les informo con pesar que están equivocados porque dignidad es la cualidad de las personas que les hacen valer como tales sin permitir ser humillados o degradados. Recibir “bonos” y no trabajo, es indigno. Ser sujeto de asistencialismo estatal y no de condiciones que les permitan generar sus propios ingresos, es indigno.

Regresemos. Los únicos que poseen patrimonios del nivel que se pretende gravar, son algunos empresarios. Usualmente, a mayor patrimonio, más empleos generan.

Sin embargo los hiper super diputados con macro dotación de inteligencia y conocimientos tributarios y económicos que presentaron el proyecto, probablemente tienen diseñada una fórmula en la que el empleo no es necesario para suplir las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad. Y es que esos empleos son esclavizadores y sin duda la gente vive mejor con bonos. Además, no importa asustar a quienes invierten y generan empleos: sus impuestos, según desprendo de tan genial iniciativa, tampoco son necesarios. Porque, si yo fuera castigado de esa forma por parte de parlamentarios que estarán ahí por corto tiempo más, sin duda que estaría analizando qué tanto me conviene reinvertir dentro de Chile y seguir creciendo y generando más empleos ya que de seguro ante cualquier evento me van a volver a aplicar otro doble impuesto, y otro más y otro más, además del riesgo de que lleguen las anunciadas expropiaciones si se llegara a aprobar el plebiscito. Recordemos que varios parlamentarios ya están repartiendo generosamente las propiedades y patrimonio de quienes tienen más, en su proyecto de Constitución.

Ante todos esos riesgos ¿seguiría invirtiendo en Chile? Podrán llamarme poco patriota, que no soy solidario, atacarme por no tener empatía con nuestros inteligentes diputados. Pero, si he llegado a reunir un patrimonio de esa magnitud, no estoy tan claro que esté dispuesto a perderlo todo y dejar de generar impuestos y empleos por ideas geniales de nuestros queridos y respaldados parlamentarios.

Leo y vuelvo a leer los nombres de cada una de estas estrellas de la economía, las finanzas y sigo pensando que, algo deben haber pensado para evitar que esto pase y los empresarios se mantengan contentos, generando empleo e impuestos, sin escapar de esta maravilla hacia otros países como Perú, que prefieren incentivar el progreso y el empleo en lugar de castigar a quienes levantan la economía de los países. Porque después de todo ellos están ahí para hacer crecer al país y entregar mejores condiciones de vida a los ciudadanos ¿o no?

Sebastián Cristi

Contracción sin precedentes: Imacec cae 14.1% en Abril

Por primera vez se obtiene el dato considerando solamente el efecto pandemia por completo en nuestra economía, dado que el Imacec mide la actividad económica comparando con los resultados del mes anterior, y en este caso durante el cuarto mes del año este indicador marco un retroceso de 14,1%. Una cifra sin precedentes para nuestro país.

La medición, comparada con los 12 meses inmediatamente anteriores,  marcó una contracción de 12,4% mientras que la desestacionalizada bajó un 8,7% comparando con el mes anterior.

El Imacec minero disminuyó un 0,9%, mientras el no minero lo hizo en un 9,7%.

A pesar que el Banco Central está realizando esfuerzos adicionales para obtener los datos más precisos posibles en medio de  las dificultades que supone la semi paralización de muchos servicios y fuentes de información, advirtió que los datos proporcionados puede estar sujetos a revisiones mayores a las que se han registrado históricamente.

Acerca de esta mala noticia para la actividad económica en Chile, el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, manifestó que esta caída en los índices es inédita y que el país ha retrocedido 7 años en la actividad. Luego señaló que “la serie desestacionalizada muestra una caída para el mes de abril de 8,7% (en comparación al pasado marzo). Y es importante poner este número en perspectiva: significa que el nivel de la actividad económica, de la producción de nuestra economía, se encuentra en los niveles de abril de 2013, es decir, hace siete años”.

Cambios claves en la ley para mejorar las quiebras de emprendimientos en tiempos de Covid-19

Iniciativa fue presentada por el diputado RN, Eduardo Durán

  • Autoridades ven con buenos ojos la propuesta que busca reformular la actual Ley de Insolvencia y Reemprendimiento (ex Ley de Quiebras) con el objetivo de que emprendedores puedan realizar este trámite de forma rápida, sencilla y sin discriminación. Hasta fines de abril, más de 560 empresas comenzaron con este triste proceso para disolver sus sociedades.

De acuerdo a un informe de la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento (Superir) sobre el período enero-abril en términos de procesos de liquidación o quiebras de empresas estos trámites aumentaron un 11,5%. En total, han sido 564 las solicitudes relacionadas a estos dos aspectos, los cuales se distribuyen con un 48,6% en la Región Metropolitana y un 51,4% al resto del país. Mientras tanto, en el caso del procedimiento de reorganización se experimentó una caída de un 11,1% al comparar el mismo periodo en 2019.

En este contexto, cabe destacar que el Ministerio de Economía se encuentra evaluando reformar la actual normativa ante la situación de insolvencia en que caerán y están cayendo miles de emprendedores, y pymes en nuestro país producto del Coronavirus. Recientemente, el titular de la cartera, Lucas Palacios, y el superintendente de Insolvencia y Reemprendimiento, Hugo Sánchez, se reunieron con el diputado RN, Eduardo Durán, para conocer la iniciativa que el parlamentario ingresó al Congreso el pasado 27 de marzo. A continuación, expertos comentan los detalles del proyecto que busca ayudar a los emprendimientos y comparten algunas sugerencias al respecto.

El abogado Coordinador de Red ExpertosenDeudas.cl, Benjamín Jordán, comentó que “los beneficios directos del proyecto son: reduce el monto por el cual se puede acceder a la ley 20.720 permitiendo que gente de menores deudas y presumiblemente menores ingresos puedan solucionar su situación de endeudamiento de manera definitiva; en segundo lugar, entrega mayor certeza sobre los requisitos de acceso limitando la discrecionalidad judicial; y, por último, protege a las personas que se acogen a la ley para que no pueda existir ningún tipo de discriminación luego de haberse terminado el procedimiento de liquidación”.

En este sentido todo hace ver que es un proyecto de ley que apunta de una forma técnica a dar soluciones prácticas para que las personas puedan partir de cero, especialmente, los emprendedores que han tenido meses complejos desde el estallido social y ahora más con la pandemia que nos aqueja”, concluyó el experto.

Por otra parte, el socio director de Eguiguren Abogados y ex fiscalizador de la Superir, Pedro Eguiguren, manifestó que le parece positivo la propuesta para mejorar la legislación que regula las quiebras, ya que permitirá mayor accesibilidad para acogerse a la Ley 20.720. “De todas formas, se puede perfeccionar aún más yendo al fondo del asunto para que estos procedimientos sean más rápidos. Por ejemplo, que los tribunales de justicia no rechacen la liquidación por un criterio arbitrario cuando las personas están en un estado de insolvencia”, afirmó el jurista.

Los pilares del proyecto son:

  • Modificación de los requisitos de admisibilidad del procedimiento como, por ejemplo: relación de juicios pendientes con efectos patrimoniales.

  • Reducción del monto para declararse en quiebra, ya que actualmente no se condice con la realidad del país. Cambiar el monto de 80 UF (casi $2,3 millones) a tres sueldos mínimos mensuales líquidos (cerca de $760 mil) para evitar la discriminación que hoy se produce con las personas con menos recursos, considerando que más de la mitad de los trabajadores vive con $400 mil al mes.

  • Prohibición expresa de todo tipo de discriminación arbitraria. Con esto se busca evitar todo tipo de discriminación financiera a quien se ha acogido a la ley, especialmente, luego de dictada la resolución de término, no siendo ni pudiendo ser una vía de justificación de ningún tipo de trato menos favorable.

Chile Vamos se centrará en la crisis Covid-19 y en lo económico

Mientras la izquierda se encuentra decidida a continuar adelante con el plebiscito para el 25 de Octubre, sin importar en qué estado se encuentre Chile por la crisis sanitaria y económica, en Chile Vamos optaron por centrar todos sus esfuerzos en el manejo de la pandemia que afecta a Chile y al mundo.

Los representantes de los partidos oficialistas destacaron que todos deberían tener como objetivo superar de la mejor forma posible los problemas sanitarios y económicos que debe enfrentar Chile como una sola nación, colaborando con el Gobierno. Estas declaraciones fueron entregadas luego de la reunión a la que asistieron, que fuera convocada por el presidente de la República y efectuada la mañana del martes.

De acuerdo a lo señalado por los asistentes, el mandatario no habría reparado en el calendario electoral, aunque se esperaba que la fecha del plebiscito hubiese sido uno de los temas importantes a tratar luego de los dichos del ministro del Interior, Gonzalo Blumel, y de las del propio Sebastián Piñera.

De acuerdo al presidente, las proyecciones en lo económico podrían ser aún peores respecto de las cifras que se venían manejando y, de este modo la agenda se mantuvo enfocada prioritariamente en este aspecto.

De acuerdo a los presidentes de Evopoli y RN, la fecha del plebiscito se discutirá a fines de Julio y, la única razón por la que esta podría ser pospuesta es que la situación sanitaria en el país aún se encuentre en un estado crítico, como sucede hoy.

Giro de la Economía y Nuevo Orden Mundial

Jaime Mañalich, ministro de salud en Chile, señaló hace algunos días que “todas las agencias financieras mundiales están trabajando en esto, porque efectivamente la recesión mundial que va a afectar al planeta después o en los meses que vienen, va a generar hambre, falta de acceso a medicamentos y los riesgos que eso implica”.

Estas declaraciones se dan en el marco del informe proporcionado por la autoridad chilena a la OMS, en representación de todos los países de la región latonoamericana.

De acuerdo a diversos referentes estamos hablando de una “nueva economía mundial” que nace por efecto del Covid-19 y la crisis traerá cambios profundos en la forma en que se manejan los aspectos económicos de las naciones y transformaciones económicas no solo a Chile, sino al mundo entero.

Mientras algunos economistas plantean que los cambios no serán permanentes, que no se trata de un nuevo orden mundial, otros consideran que las economías se transformarán en subsidistas totales. Ya sucedió así con Estados Unidos para la crisis de 1929 y a la Unión Europea le tocó luego jugar de la misma forma, subsidiando países completos. Ya se vio en medio de esta misma crisis sanitaria, cuando el Gobierno norteamericano tuvo que intervenir en la industria de petróleo para evitar que sucumbiera, hace sólo una semana.

Los líderes del planeta exponen hoy que hay que hacer revisiones al globalismo. Se coloca como ejemplo a Estados Unidos, que plantea que la producción estratégica debe producirse dentro del país y no confiarla a mercados externos. De este modo las tendencias proteccionistas que ya venían haciendo ruido desde hace varios años, hoy van tomando mucho mayor fuerza.

Tampoco se ve un organismo que lleve la batuta en materia de organización y medidas para enfrentar las materias económicas frente a una pandemia que avanza lentamente en todo el mundo y, además no aparece en escena nadie que parezca dispuesto a asumir esa responsabilidad. Tampoco la cuestionada ONU se encuentra en condiciones de representar al resto del mundo en este aspecto, pues sus intenciones siempre han estado orientadas a asumir un papel relevante en una globalización extrema que conduzca a un gran “Gobierno Mundial”. Esta alternativa de la ONU ha demostrado ser la causa principal de grandes problemas para los países, sobre todo aquellos del tercer mundo o en vías de desarrollo.

El intervencionismo en los mercados, como se ha visto esta última semana en Estados Unidos con el petróleo, aumentará porque ya no se dependerá 100% de lo que ocurra en los mercados externos, sino de lo que el país es capaz de producir por sí mismo. Chile por ejemplo, debería tender a producir cobre elaborado y no limitarse a enviar a China el producto en bruto.

El problema que se dará con el proteccionismo, y motivo por el que algunos economistas esperan que no se intensifique a niveles extremos, será la falta de multilateralismo que llevaría a disminuir drásticamente el intercambio comercial entre países. Cuando se produce un efecto en ese sentido, el probable resultado será que existirán países que no están en condiciones de producir por sí solos muchos bienes, y para obtenerlos requieren de las importaciones. Sin ellas un gran porcentaje de la población mundial no tendría acceso a medicamentos, tecnología y productos de otras industrias consideradas esenciales para la calidad de vida y funcionamiento de una nación.

Otros referentes apuntan a que la economía se transformará en un proceso más colaborativo. Gracias a las experiencias que se están adquiriendo producto del distanciamiento social, las fronteras cerradas y las cuarentenas, las personas están aprendiendo a trabajar a distancia y poco a poco las empresas y la industria en general comienza a observar que muchas funciones tienen excelentes resultados con este sistema de trabajo no presencial.

Existen muchas áreas que sufrirán cambios radicales, como por ejemplo el turismo que probablemente ya no será prioridad para muchas personas que están aprendiendo a valorar de forma mucho más importante las relaciones más cercanas y lo propio, lo que pertenece a sus naciones. Este nuevo comportamiento social repercutirá en muchas industrias que hoy dependen de los viajes, como el transporte aeronáutico, la hotelería y muy probablemente la industria gastronómica que se verán muy afectados por la reducción de los visitantes. Se trata de una nueva forma de vida, el coronavirus

El Covid-19 cambiará para siempre la forma en que nos relacionamos, realizamos negocios, producimos, vivimos y nos comunicamos. También se convertirá en el gatillante de una nueva forma de percibir el mundo en todos los sentidos, y las economías locales tenderán a protegerse más para evitar colapsar cuando una potencia mundial o un país vecino tengan problemas.

Pero también existirá mayor colaboración, como está sucediendo en este momento entre los laboratorios que trabajan aceleradamente para producir una vacuna y/o medicamentos para combatir el virus. Porque finamente lo que le importa a los Gobiernos, a las industrias, comercios y a las personas, es estar bien. Para conseguir ese estado de bienestar, la colaboración es un factor fundamental que la humanidad parece comenzar a, finalmente, comprender.

Dilema clave: ¿Muertes por virus o por hambre?

Prácticamente la totalidad de los países del mundo están considerando la reapertura de sus actividades económicas, buscando diversas formas de volver a la normalidad a la brevedad posible. Esto a pesar de las reiteradas recomendaciones de la OMS en el sentido de mantener las limitaciones que impidan la propagación del virus, debido a que, según indican, lo peor está aún por llegar.

Por otro lado, organismos económicos (FMI, analistas internacionales) has estado indicando insistentemente que el mundo entero ha entrado en una recesión de tal magnitud que la mayoría ya la está comparando con la gran depresión del 1929.

Hoy los gobiernos se enfrentan a un dilema ético. Las decisiones que se tomen de aquí en adelante tendrán repercusiones en el futuro mediano e inmediato. Continuar con las restricciones de los derechos de las personas por efecto del coronavirus, implicará un recrudecimiento de los impactos económicos que, al caer la actividad y las personas al no poder trabajar ni generar recursos, provocará inequivocamente mayor pobreza con impacto en problemas de salud y muertes por otras enfermedades e incluso por hambre.

Basta ver el impacto en el precio del petróleo a niveles nunca antes vistos, producto de la disminución de la actividad (aviones en tierra, menor consumo por industrias paralizadas, menor demanda de combustible en autos y camiones; independientemente que el hemisferio norte ya ha entrado en primavera). Así mismo los efectos en la economía local ya se están dejando ver con fuertes alzas en el dólar y preocupantes caídas en el valor de la libra de cobre.

Pareciera ser entonces que la decisión de los gobiernos hacia la liberación de restricciones y vuelta a la normalidad, tiene un fundamento económico y político; aún contra las recomendaciones de organizaciones de salud a nivel local y mundial.

Siendo fríos en el análisis, pareciera que el mundo está tendiendo a fortalecer los factores económicos para controlar la recesión que ya estamos sufriendo, permitiendo que el virus se siga propagando, con todos los cuidados posibles. Así, se está prefiriendo claramente mantener la pandemia, con las muertes que seguirán existiendo. De esta forma se buscaría mantener bajo control los factores económicos orientados a evitar el hambre, una mayor recesión y las inevitables consecuencias y costos políticos.

Los organismos internacionales de la salud insisten que la pandemia tendrá un nuevo peak y aún así los gobiernos están comenzando a liberar las restricciones… más claro, imposible.

J.A.C.

Así será la economía que vendrá luego del Covid-19

El ser humano y los pueblos están atravesados por cicatrices y memoria. Ambos construyen lo que serán y lo que fueron. La hiperinflación de la República de Weimar aún pesa en las políticas alemanas y su austeridad; la Gran Depresión dejó en los estadounidenses un sentido de “no malgastar” (waste not, want not); y la crisis de 2008 y su legado de precariedad e inequidad todavía empobrecen la vida de millones de personas en muchas democracias occidentales. Pero todo desastre es diferente. El crash de 1929 y la II Guerra Mundial definieron las bases del moderno Estado de bienestar, y la epidemia de gripe de 1918 ayudó a crear los sistemas nacionales de salud en muchos países europeos.

Por eso, cada shock económico deja una herencia de recuerdos y heridas. También de cambios. Resulta imposible pensar que esta inimaginable experiencia de mascarillas, distancia social, pérdidas humanas y cancelación de la vida no traerá consecuencias después de que termine la pandemia. Es pronto para saber exactamente cuáles. Cuanto más dure la crisis, mayor será el daño económico y social. Los analistas pueden tardar años e incluso décadas en explicar todas las implicaciones de lo que se vive estos días. Lo paradójico, o no, es que este virus explota las características de la vida que nosotros mismos nos hemos dado. Sobrepoblación, turismo masivo, urbes inmensas, viajes aéreos constantes, cadenas de suministros a miles de kilómetros y una extrema desigualdad en el reparto de la riqueza y en los sistemas de salud públicos.

Todo esto ha dejado expuesta la fragilidad del hombre. Esta ha sido la auténtica placa de Petri de la Covid-19. ¿Qué vendrá cuando pase? “La epidemia aporta una mentalidad de tiempos de guerra, pero una mentalidad que une a todo el planeta en el mismo lado. Los años de guerra son periodos de una gran cohesión interior de los países y de la preocupación por los otros”, reflexiona Robert J. Shiller, premio Nobel de Economía en 2013. Y añade. “Un efecto a largo plazo de esta experiencia podrían ser unas instituciones económicas y políticas más redistributivas: de los ricos hacia los pobres, y con mayor preocupación por los marginados sociales y los ancianos”.

Es una esperanza. Desde luego, la crisis actual no es tan catastrófica como una guerra mundial o la devastación que vivieron nuestros abuelos en la contienda civil, pero sus efectos económicos serán enormes. Carecen de precedentes en tiempos de paz. El suceso más parecido con el que podemos compararla, el crash financiero de 2008, gestó un cambio intenso en la economía del planeta. Se pasó de un crecimiento relativamente alto y una moderada inflación a otro anémico y con deflación. Pero el mundo nunca más volvió a ser igual al que había sido antes de ese año. “El coronavirus va a provocar una recesión muy superior a la de 2008-2009, ya que la deuda actual de Grecia es del 175,2% de su PIB, y en niveles igual de altos, que rondan el 100% del PIB, andan Italia, Francia y España”, advierte el economista Guillermo de la Dehesa.

Plazos

Desde luego, generará dolor durante bastante tiempo. “Probablemente la mayoría de las economías tardarán entre dos y tres años en regresar a los niveles de producción que tenían antes de la epidemia”, apunta la consultora IHS Markit. Aunque hay otros números más trascendentes. El epidemiólogo de la Universidad de Harvard, Marc Lipsitch, contó en The Wall Street Journal que prevé el contagio de entre el 40% y el 70% de la población adulta en un año.

La verdad económica se rige bajo sus propias leyes de la atracción. Llegan cambios. Las grandes empresas tendrán que repensar dónde y cómo producen. Muchas moléculas se fabrican en China, se refinan en la India y, tras un largo viaje, terminan en las farmacias u hospitales europeos. “Una vez que pase la crisis se vivirá una reindustrialización de Europa y Estados Unidos, debido a los problemas en las cadenas de suministro que están sufriendo en estos momentos muchas compañías”, vaticina César Sánchez-Grande, director de análisis y estrategia de Ahorro Corporación Financiera.

Las empresas se han dado cuenta del peligro que tiene sumar dependencia y lejanía. Pero es cierto que las cadenas de producción nacionales también se paralizan en caso de una pandemia. Da igual. A través del planeta circula una corriente de desenganche. “Incluso antes de la crisis muchas multinacionales con sede en Estados Unidos ya estaban reconsiderando su dependencia de China. Primero por los costes, pero además por la guerra comercial y los aranceles”, relata Karen Harris, directora general de la consultora Bain & Company’s. No es que la globalización se revierta. “Es una realidad que no tiene marcha atrás”, asegura José María Carulla, director del servicio de estudios de la consultora de riesgos Marsh. Pero se fractura. ¿También el capitalismo? Porque su esencia es el movimiento constante de personas y mercancías. Las bases, por cierto, de toda pandemia. ¿Y cómo responderá una generación, sobre todo joven, cuya única vivencia del capitalismo es una crisis? ¿Saldrá a las calles?

Aún es pronto para saberlo. Sin embargo, los paralelos y los meridianos del mundo parece que formarán una trama más fina y menos resistente. La conjunción del Brexit, la epidemia y la guerra comercial entre China y Estados Unidos presagian años complicados para la aldea global. “El bienestar mundial será mucho mayor si los países optan por la cooperación, la ayuda y la solidaridad en momentos de crisis, y por compartir información y avances científicos en lugar de hacerlo por la autarquía o la confrontación”, observa Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research.

Elecciones en EE UU

Uno de los grandes cambios puede llegar en noviembre de la Casa Blanca. Las crisis no reeligen a los presidentes. Ford perdió contra Carter después de la crisis del petróleo de 1973, Carter perdió contra Reagan en la segunda crisis del crudo de 1979 y Bush perdió frente Clinton tras la invasión de Kuwait. Lo recordaba estos días el economista Nouriel Roubini —­quien predijo el crash de 2008— en la revista Der Spiegel. Estas cicatrices y esta memoria dejan la sensación de que Estados Unidos ya no será el líder del mundo. “Por primera vez en su historia, la primera potencia del planeta ha renunciado a encabezar la lucha sanitaria y económica mientras China responde con una campaña muy agresiva para mejorar su imagen pública”, comenta Federico Steinberg, analista principal del Real Instituto Elcano.

¿Dónde está la fortaleza de las barras y el brillo de las estrellas? “Washington ha fallado el test del liderazgo y el mundo está peor por ello”, se lamenta en Foreing Policy Kori Schake, directora de estudios de política exterior y defensa del American Enterprise Institute. Pero Europa tampoco resulta inmune a esa atracción del egoísmo. La Unión debe proteger a sus 500 millones de habitantes o muchos Gobiernos podrían exigir el retorno de ciertos poderes. Es imposible descartar, lo hemos visto, que los meses venideros traigan un masivo rechazo político. “Dependerá”, puntualiza Kathryn Judge, profesora en la Escuela de Leyes de la Universidad de Columbia, “de hasta qué punto el precio es alto en términos de sufrimiento humano, vidas perdidas y el inevitable destrozo económico [el centro de estudios Brookings Institution habla de un coste global de 2,3 billones de dólares] que llegará. Porque el auge del populismo que barrió el planeta después de 2008 revela de qué manera tan profunda la indignación pública puede cambiar el mundo”.

La historia advierte de que los desastres incendian la xenofobia y el racismo. Y cada vez resulta más común encontrar avisos de esa fractura. Incluso en el Viejo Continente ya prospera el relato del “norte industrioso” y el “sur vago”. Especialmente por la dificultad que muestra Europa para organizar una respuesta coordinada. “La pandemia está evidenciando, una vez más, la disfunción del euro, que coloca a los países miembros en una camisa de fuerza macroeconómica. A menos que la Unión Europea pueda reunir la voluntad de convertirse en una verdadera unión fiscal y política, la zona euro comenzará a separarse”, predice Paul Sheard, experto principal del Centro de Negocios y Gobierno Mossavar-Rahmani en la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard.

Sistemas de salud

Proliferan estas semanas infinidad de intérpretes de la tragedia, adivinadores del drama, quiromantes del descontento e incluso quien también, como el político demócrata estadounidense Bernie Sanders, es capaz de revelarlo todo en seis palabras. “Healthcare is a basic human right”. “El sistema de salud es un derecho fundamental del ser humano”. Este es un legado del virus. Existen muchos otros. Más trabajo desde casa, auge de los pagos electrónicos, mayores controles en las fronteras, seguros caros y complejos, educación y medicina a distancia, y menos viajes transoceánicos y convenciones. “Tenemos que pensar cómo hacemos más eficiente el sistema de salud, porque al hacerlo se vuelve más económico, viable y universal”, propone Carsten Menke, responsable de next generation research del banco privado Julius Baer. Su narrativa incluye telemedicina, monitorización del paciente en casa después de una cirugía o medicinas personalizadas que eviten el despilfarro de medicamentos.

Nada muy revolucionario, todo muy urgente. Porque la novedad es que la higiene crece como prioridad en las agendas de empresas y Gobiernos. Singapur ya está planeando unas normas de limpieza obligatorias. Reglas más estrictas pueden impulsar las compras online de una forma similar a como la epidemia del síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) de 2003 provocó que la gente evitara los centros comerciales.

Los Gobiernos van a gastar más en cuidar la salud de sus ciudadanos y eludir los enormes costes de las pandemias. Solo el SARS restó —acorde con la Universidad Nacional de Australia— 40.000 millones de dólares de la economía del planeta. “Para mí es una llamada de atención, ya que la Covid-19 no es tan mortal como el ébola. Las Administraciones, al menos eso espero, se organizarán y estarán preparadas para el próximo”, estima Gael Combes, analista de la gestora Unigestion. Y avanza. “En un sentido más económico es poco probable que cambie nuestro deseo de consumir y viajar. Quizá los grandes cruceros no estén de moda por un tiempo, pero la gente no renunciará, si puede pagárselo, a un largo fin de semana en Barcelona”.

Esa misma fe en la recuperación del consumo es la que demuestra Daniel Galván, director de GBS Finance. “Repuntará con fuerza a medida que se normalice la situación”. Veremos. Porque el hombre utiliza la “costumbre” como un parapeto frente a la noche más oscura. El ser humano busca refugios en las tormentas. “Vamos a estar más pendientes de lo nuestro, de lo público y de lo que nos protege, y crecerá el porcentaje de ciudadanos partidarios de aumentar (aunque tengan que pagar más impuestos) el gasto público en sanidad”, estima Carlos Cruzado, presidente de Gestha, el sindicato de los técnicos de Hacienda.

Enorme gasto público

Nadie quiere regresar a un nuevo periodo de austeridad como el que dejó la crisis de la deuda soberana de 2011. Pues la trama estos días resulta similar. Un enorme gasto público y la caída de los ingresos tributarios. “Si la crisis termina impactando de manera asimétrica en Europa, menos en el norte y más en el sur, porque los norteños han tenido más tiempo para prepararse y cortado la cadena internacional de suministros sanitarios dando prioridad a su autoabastecimiento, volverá a imponerse el calvinismo: ‘Los pecadores merecen pagar por sus pecados”, critica Carlos Martín, responsable del gabinete económico de CC OO. “Esta moral ya se impuso durante la anterior crisis: los sureños se lo han gastado en ‘mujeres y vino’ [como espetó en 2017 Jeroen Dijssel­bloem, entonces ministro de Finanzas holandés]. Y lo más chocante es que algunos Gobiernos del sur compraron esta reprobación: ‘Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

Ahora podrían razonar igual: los sureños nos quieren trasladar, nuevamente, el coste de su incapacidad y desorganización. Sin embargo, la economía tras el coronavirus trae, en principio, el requisito de la solidaridad. Resulta evidente que las medidas fiscales lanzadas por el Ejecutivo para frenar la pandemia dejarán un legado de mayor déficit y deuda pública. “Estos aumentos deben financiarse a muy largo plazo, incluso décadas. Con cualquiera de las soluciones por la que se termine optando (emisión de deuda pública nacional, coronabonos europeos u otras), el BCE tendrá un gran protagonismo en la financiación en los mercados secundarios de deuda”, cuenta Rafael Doménech.

De momento, la pandemia vive en el presente. Acertar con el futuro de la economía suena complejo. Porque nadie sabe cuál será su peaje humano ni económico final. Aunque siempre hay optimistas. “Creo que la mayoría de los negocios, y desde luego los gigantes estadounidenses y de otros países, no fracasarán en el regreso a su actividad empresarial [una vez pase la crisis]”, observa en la agencia Bloomberg Edmund Phelps, premio Nobel de Economía. Por esos mismos pasillos resuenan otros tonos. “Superaremos esto y estaremos mejor dentro de 24 meses”, calcula, en una nota, Rob Lovelace, vicepresidente de la gestora Capital Group. Pero dos años es una espera inimaginable en millones de hogares. Aunque entonces, quizá, algunas percepciones deberían haber cambiado para siempre. El precepto de “seguridad nacional” incluirá la redistribución de la riqueza, una fiscalidad más justa y reforzar el Estado de bienestar. También la sociedad deberá apreciar el valor de oficios hasta ahora orillados. Niñeras, asistentes sociales, limpiadores del hogar, cuidadores de ancianos. Algunas de las contribuciones más infravaloradas reclamarán una consideración muy distinta. Tal vez el nuevo tiempo proponga la enseñanza de que los profesores y las enfermeras son mucho más valiosos que los banqueros de inversión y los gestores de fondos especulativos.

Una de esas voces llenas de dinero es la de Larry Fink. La persona más poderosa de los mercados. Administra unos siete billones de dólares a través de BlackRock, la mayor gestora de fondos del planeta. Confinado en su casa, ha escrito una carta de 11 páginas a sus clientes, accionistas y trabajadores. Defiende —claro— el brillo del capital. “Existen enormes oportunidades en el mercado”, apunta. E imagina un futuro diferente. “Cuando salgamos de la crisis, el mundo será distinto. La psicología del inversor cambiará. Los negocios cambiarán. El consumo cambiará”. Quizá la gente evitará los lugares concurridos como conciertos y restaurantes. “Entonces, ¿solo sobrevivirán las grandes cadenas y los pedidos online?”, se cuestiona Giles Alston, experto de Oxford Analytica. Parece improbable. Pero las camisetas llevarán estampadas la palabra “resiliencia” y en sus etiquetas se debería leer fabricado en “decencia”, “generosidad”, “honestidad”, “belleza”, “coraje”.

Poco a poco, el futuro económico se filtra al igual que la luz a través de una grieta. “Las políticas monetarias perpetúan el tipo del dinero alrededor del cero porque la inflación ha dejado de ser un problema”, prevé Roberto Scholtes, director de estrategia de UBS. La economía tendrá que responder a nuevas exigencias sociales. Políticas fiscales más expansivas, mayor presión por redistribuir la riqueza y habrá que diseñar partidas de gastos extraordinarias frente a nuevas epidemias o la crisis climática.

“Las grandes crisis económicas de la historia desde la II Guerra Mundial han ocurrido con talento político cuestionable en las superpotencias”, recuerda Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI). Y avanza. “Llega una cuarta fase de la globalización y necesitamos una mayor coordinación multilateral. El BID, la Reserva Federal, el G20 y el Eurogrupo tienen que actuar con mayor ambición. Porque, de lo contrario, nos cargaremos el ahorro de la gente, las pensiones, el bienestar. Y la sociedad y la economía saldrán más empobrecidas tras la crisis”. Urge una renta básica o cualquier sistema de distribución similar que dé protección a la gente en tiempos de emergencia y también de calma. Sobre todo después del inevitable aumento del paro que dejará el fin del enclaustramiento económico. UBS estima una destrucción (temporal) de dos millones de empleos en España, y Goldman Sachs cree que el PIB del mundo caerá un 1% este año.

En ese momento, la psicología del inversor, atrapada en la paradoja, será a la vez igual y distinta. “Como en otras situaciones que combinan incertidumbre y elevada volatilidad, existe un gran apetito por la liquidez y la posibilidad de que los ahorradores opten por depósitos frente a otras inversiones”, sostiene Francisco Uría, socio responsable del sector financiero de KPMG. Pero la nueva línea del horizonte la dibujarán los fondos cotizados (ETF) y la sostenibilidad en las carteras. ¿Y qué será del sector inmobiliario, que también ha creado burbujas, contradiciendo al poeta, nada ingrávidas ni sutiles? Mirará a la tecnología. Las inmobiliarias se volverán digitales. Hasta donde resulta posible. Nadie compra una casa sin verla físicamente. “Pero en el corto plazo, el impacto es duro. La gente debe solucionar primero otros problemas inmediatos, luego volverá a comprar viviendas”, vaticina Carlos Smerdou, consejero delegado de Foro Consultores Inmobiliarios.

Emergencia climática

Porque en este fundido a negro de la Tierra, solo la emergencia climática y la naturaleza parecen beneficiarse. El respiro que le hemos dado a la atmósfera es la única luz blanca que cae sobre una oscura pandemia. En China, donde la polución causa más de 1,6 millones de muertes prematuras, el confinamiento, acorde con el científico de la Universidad de Stanford Marshall Burke, ha salvado al menos la vida de 1.400 niños menores de 5 años y 51.700 adultos de más de 70 años.

Hemos cambiado nuestra existencia y nuestra forma de trabajar en un aliento. ¿No podemos en otro modificar la manera en la que habitamos el planeta? “Las elecciones que hagan hoy los bancos centrales, los Gobiernos y las instituciones financieras moldearán nuestras sociedades los años venideros. Es tiempo de movilizar recursos para poner la salud y el trabajo de las personas primero. Por eso, las Administraciones deben invertir en alejar nuestras economías de la dependencia de los combustibles fósiles y el crecimiento infinito que continúa alimentando el desastre”, reclama May Boeve, directora de la ONG 350.org.

“Vamos a una recesión no vista desde la Gran Depresión”

Kenneth Rogoff, economista y profesor en Harvard, cree que el vigor de la salida de la crisis depende de la respuesta sanitaria.

Kenneth Rogoff, en una imagen de 2018.
Kenneth Rogoff, en una imagen de 2018.JASON ALDEN / BLOOMBERG

Rogoff, uno de los grandes economistas del siglo XXI, tiene el prestigio de no escribir renglones torcidos. En 2009 publicó, junto a su colega en el centro estadounidense Carmen Reinhart un libro cuyo título es una reimpresión de los días que transitamos. This is Different: Eight Centuries of Financial Folly (Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera). Hoy, mientras conversa con EL PAÍS a través de un cuestionario enviado por correo electrónico, esa frase pesa igual que un cielo de plomo. “El impacto potencial en la política económica resulta profundo. Pero puede ir en diferentes direcciones”, sostiene Rogoff. “¿Se verá el sistema autoritario de China como una solución a la crisis o la causa? ¿El inepto manejo de la pandemia por parte de Estados Unidos, tanto en sus primeras etapas (falta de pruebas) como en sus últimas (carencia de una política nacional unificada), señalará el comienzo del fin del dominio estadounidense o, en última instancia, mostrará la creatividad y la resiliencia del país y del dólar? Va a hacer falta mucha fortaleza.

Los meses acuden descontando un calendario de días desolados. “Parece que nos dirigimos a una profunda recesión global, con un calado no visto desde la Gran Depresión”, prevé el economista. “Esperemos que sea mucho más corta. Aunque la rapidez de la salida dependerá de cómo se desarrolle el virus y la respuesta del sistema sanitario. Pero, incluso en el mejor de los casos, la situación es terrible para los mercados emergentes. Antes de la crisis ya tenían una deuda externa altísima [entre hoy y el final del próximo año, los países en desarrollo deben afrontar, según la ONU, el repago de 2,7 billones de dólares en deuda] y un crecimiento a la baja. Esto provocará el colapso de muchas naciones. Carmen Reinhart y yo proponemos una moratoria del pago a los países más afectados”, argumenta Rogoff.

(Artículo de El País, España)

Los chilenos ¿Entienden lo que se viene para el país?

Indudablemente el COVID-19 está impactando fuertemente al mundo y Chile no está exento de los efectos inmediatos y futuros que golpearán fuertemente los bolsillos de la ciudadanía.

Las cifras económicas que ya se comienzan a observar respecto del primer trimestre, comienzan a mostrar la “punta del iceberg” con aumento en el desempleo, cierres de Pymes, inactividad por parte de los independientes… Esto indudablemente nos lleva a preguntarnos qué pasará en el segundo semestre del presente año, donde se prevén caídas importantes en la actividad de hasta 10% en algunas estimaciones de economistas locales. Las medidas que el Gobierno ha estado tomando para enfrentar esta crisis tienen un horizonte de alrededor de 90 días, asumiendo que en ese período la crisis sanitaria debiera ir en franco declive pero ¿en qué situación estaremos para ese entonces?

Con la proyección de caídas importantes en la actividad, con un proceso plebiscitario en plena actividad, tendremos indudablemente la continuación de las demandas sociales, quizás aún más exacerbadas que para el periodo 18/Oct – Febrero, y de acuerdo con los anuncios de una oposición jamás complaciente, con expresiones aun más violentas.

Solamente miremos el panorama: Chile y el mundo en recesión, alto desempleo, el Estado más endeudado, miles de Pymes desaparecidas y con mayores y nuevas demandas sociales que las que generaron el estallido de octubre 2019.

Sin ser pesimistas, debemos ser realistas: tendremos problemas.

Hoy estamos todos enfocados en contener la crisis sanitaria, el Estado dedicado a utilizar todos los recursos disponibles y endeudándose para contener la pandemia que implica salvar vidas humanas, pero ¿tendremos la capacidad para reconstruir sobre los escombros que quedarán, con demandas sociales pendientes?

El chileno que se ha expresado desde octubre por demandas insatisfechas, el que ha destruido, saqueado y enfrentado a la autoridad con violencia ¿será capaz de entender la situación que se nos viene en el segundo semestre? Analizando el comportamiento de las turbas ¿existe alguna posibilidad que los violentistas depongan su actitud y apoyen la reconstrucción del país?

Todo indica que en el segundo semestre de este año, tendremos problemas importantes: Alta cesantía, caída importante en la actividad, recesión mundial, demandas insatisfechas. Es el caldo de cultivo perfecto para la violencia, el saqueo, el irrespeto a las autoridades de orden y seguridad. Todo amplificado en relación a lo ya vivido en los meses anteriores, debido a nuevas carencias que indudablemente se presentarán.

El COVID-19 nos ha hecho a todos volcar nuestra atención hacia lo urgente.Pero el problema político y social en Chile no ha sido resuelto. Sólo nos encontramos dentro de una nebulosa que ha colocado en una peligrosa e incierta pausa la realidad País, provocando que cuando la crisis sanitaria vaya en declive generará más demandas con un Estado mucho más pobre e incapaz de responder.

No deberíamos esperar dos o tres meses para comenzar a trabajar. Debemos generar desde ya acciones que unan más a los chilenos hacia el bien común ¿seremos capaces?

Jaime Cristi A.

Si la violencia no disminuye, el dólar se irá por sobre los $ 838

“La señal que dio la Fed de bajar la tasas es extremadamente potente, porque da cuenta qué están encima del crecimiento”, sostiene respecto del coronavirus el gerente general de la Bolsa Electrónica, Juan Carlos Spencer.

Mientras la violencia tiene tomado Chile, su economía se observa cada día más estancada.

La crisis social primero, y el coronavirus en las últimas semanas, han dejado al peso chileno con una caída de 15,7% desde el 18 de octubre, convirtiéndose en la moneda más depreciada en el mundo dentro del periodo.

Pero si el peso logró bajar tras la intervención del Banco Central a fines del año pasado, en lo que va de este ejercicio ha vuelto a trepar de la mano de la caída global de los precios de los activos, esto producto del coronavirus. En total, la divisa sube $112 desde el 18 octubre.

Para Juan Carlos Spencer, gerente general de la Bolsa Electrónica, entidad en cuya plataforma se transa el dólar en nuestro país, la divisa ha mostrado altas fluctuaciones producto de cambios de expectativas, entre las que se incluye el coronavirus, pues “es una variable que puede complicarnos mucho”.

A ello, se suma que “tenemos dos meses bastante ajetreados por delante, y de aquí al plebiscito va a estar muy volátil el dólar”, proyecta el ejecutivo.

Según Spencer, “en la medida que la violencia aumente, veremos un dólar muy disparado, más de lo que estuvo en octubre y noviembre, es decir $838”.

Respecto del efecto del coronavirus en el mercado, el gerente general de la BEC sostiene que su impacto dependerá de cómo evolucione el problema, aunque “hay primeros indicios de que esto estaría bajando la tasa de contagiados. Teniendo eso más controlado, el mercado va a tender a calmar”.

“La señal que dio la Fed de bajar la tasas es su súper potente, porque da cuenta de que están encima del crecimiento”, sostiene.

Desde el 20 de enero, fecha en que el coronavirus comenzó a impactar los mercados, el Dow Jones y el MSCI Emergente pierden 9,47% y 9,41%, respectivamente. El IPSA, en tanto, cae 9,9%.

Violencia, constituyente y coronavirus: un coctel explosivo.

En el último tiempo hemos visto como se van desencadenando factores que impactan directamente a nuestra economía. En primer lugar, la ola violentista que azota al país desde el 18/10 y que se mantiene gracias al apoyo de la izquierda más revolucionaria, el narcotráfico y el apoyo del Gobierno a través de su inexcusable pasividad; afectando gravemente la tranquilidad de la ciudadanía, la cadena de abastecimiento y de transportes, con indudables efectos en nuestra economía y en la inversión.

En segundo lugar, el proceso plebiscitario, ideado por la clase política y que en sí mismo no implica las mejoras sociales que la población está exigiendo y cuyo proceso no durará menos de 2 años desde el 26 de abril próximo, generando un incumplimiento de expectativas en la ciudadanía, que espera, equivocadamente, una solución rápida a sus demandas.

Estos 2 factores constituyen un autogol en Chile, lamentablemente incentivado por el propio Gobierno, que ha sido incapaz de gobernar, constituyendo en la práctica un evidente incumplimiento de sus deberes.

Por último, el temido coronavirus que está impactando las economías a nivel mundial, que implica menores niveles de producción mundial, caídas en los niveles de producción, encarecimiento de productos, especialmente en Chile, con un dólar en niveles de precios históricos y una inflación creciente, superando las expectativas.

En resumen, para Chile, la mezcla de estos 3 factores generan una mezcla explosiva, que tiende a propagarse en mayores demandas sociales que serán en la práctica imposibles de cumplir. Debemos como país iniciar en forma urgente la contención principalmente a través de mecanismos efectivos de orden y seguridad, liderados por un gobierno eficiente y un poder judicial que opere adecuadamente. Esta explosión de violencia, incumplimiento de deberes por parte de las instituciones y un entorno externo complejo sólo logrará hacernos retroceder como país varias décadas, propicio para el ideario comunista, empobreciendo a los ciudadanos. En la práctica ya estamos mendigando crecimiento, viendo como todos los indicadores económicos empeoran, principalmente gracias al autogol que hemos generado.

Jaime Cristi A.
Gesta SPA

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