El futuro de la economía mundial tras el coronavirus

Economía Mundial

El futuro de la economía mundial tras el coronavirus

A lo largo de historia más reciente, las enfermedades reconocidas como pandemias han tenido un efecto negativo sobre las economías mundiales. Lo que sucede hoy en día no es la excepción y ya se están viendo las primeras consecuencias. Ricardo Bustamante, jefe de estudio trading en Capitaria, analiza los efectos del COVID-19 y el futuro de la economía a nivel global.

Economía MundialEl coronavirus es el tema del momento. Las noticias publicadas por los medios tradicionales y por redes sociales abundan, debido a la rápida propagación del virus originado en China. A pesar de que el llamado generalizado de las autoridades políticas y de salud ha sido a la calma, los efectos en la economía mundial no han tardado en llegar.

Y es que el tristemente afamado COVID-19 ha actuado como un gran freno a la economía global, ya que ha paralizado varios sectores de la misma, poniendo en aprietos a varios actores de la sociedad, desde empresario a ciudadanos comunes y corrientes. Ricardo Bustamante, jefe de estudios trading de Capitaria, tiene sus propias reflexiones al respecto.

Los sectores más afectados

Los efectos han sido negativos a nivel general, pero hay algunos sectores que se han visto más afectados que otros y son aquellos que ayudan a establecer que la economía se ha visto golpeada a nivel mundial.

Por un lado, el más afectado ha sido el país en donde se inició esto. Como China es un país ligado económicamente a varios países en el mundo, la disminución de la actividad industrial en sus fábricas ha afectado a sectores muy importantes como el de la electrónica, el automotriz, el farmacéutico, e incluso, el de la ropa.

Por otro lado, como efecto colateral al anterior, muchos de los componentes y materias primas utilizados por industrias de otros países provienen del gigante asiático, lo que frena la producción, y por ende, la oferta de bienes de consumo, lo que puede ser un gran problema para áreas en donde la demanda es muy alta.

El gran impacto es porque nunca la actividad económica se había “congelado” como ahora, considerando que muchos países están con un freno en su actividad debido a la fuerte expansión del coronavirus. Mientras la pandemia continúe con el nivel de crecimiento como el actual, la economía global seguirá mostrando una contracción mayor”, comenta el jefe de estudios de Capitaria.

Las reacciones de las potencias

Por lo general, el llamado de las grandes potencias ha sido a mantener la calma ante este virus. No obstante, son varios los que han tomado medidas económicas y sociales al respecto. Estados Unidos decidió, a través de su Reserva Federal (FED), recortar su tasa de interés sus niveles mínimos histórcos en busca de detener el deterioro económico por la pandemia.

El experto de Capitaria agrega: “Los principales bancos centrales y gobiernos del mundo han generado un apoyo monetario y fiscal importante para la economía, considerando que el impacto del coronavirus puede deteriorar a la actividad global. Sin embargo, mientras no se vean cifras macroeconómicas que muestren un nuevo impulso económico, las medidas serán más puntuales que estructurales”.

Otros países en cambio, se han enfocado en establecer medidas que afectan directamente al mercado del turismo. Por un lado, Italia ha preferido cancelar varios eventos masivos como los deportivos, para evitar que el coronavirus siga avanzando. El caso opuesto, es el de Japón, que a pesar de que se encuentra más cerca de China, se ha encargado de establecer una política que incentiva el turismo en su territorio.

El futuro de la economía

A pesar de que, según la OCDE, la proyección del crecimiento de la economía mundial se vería disminuida en un 0,5 % luego de la llegada del COVID-19, las voces expertas señalan que todo irá a buen puerto mientras los países y sus bancos centrales tengan políticas flexibles ante la adversidad. En ese sentido, lo realizado por el FED es una buena señal.

Es una buena señal, pero todo depende de la duración del impacto del coronavirus en la economía mundial, especialmente de su duración. Si se extiende durante mucho tiempo, la incertidumbre seguirá siendo protagonista en los mercados mundiales, lo que generaría un gran deterioro en los activos de mayor riesgo, como los índices bursátiles, materias primas y monedas de economías emergentes”, concluye Ricardo Bustamante de Capitaria.

Dilema clave: ¿Muertes por virus o por hambre?

Prácticamente la totalidad de los países del mundo están considerando la reapertura de sus actividades económicas, buscando diversas formas de volver a la normalidad a la brevedad posible. Esto a pesar de las reiteradas recomendaciones de la OMS en el sentido de mantener las limitaciones que impidan la propagación del virus, debido a que, según indican, lo peor está aún por llegar.

Por otro lado, organismos económicos (FMI, analistas internacionales) has estado indicando insistentemente que el mundo entero ha entrado en una recesión de tal magnitud que la mayoría ya la está comparando con la gran depresión del 1929.

Hoy los gobiernos se enfrentan a un dilema ético. Las decisiones que se tomen de aquí en adelante tendrán repercusiones en el futuro mediano e inmediato. Continuar con las restricciones de los derechos de las personas por efecto del coronavirus, implicará un recrudecimiento de los impactos económicos que, al caer la actividad y las personas al no poder trabajar ni generar recursos, provocará inequivocamente mayor pobreza con impacto en problemas de salud y muertes por otras enfermedades e incluso por hambre.

Basta ver el impacto en el precio del petróleo a niveles nunca antes vistos, producto de la disminución de la actividad (aviones en tierra, menor consumo por industrias paralizadas, menor demanda de combustible en autos y camiones; independientemente que el hemisferio norte ya ha entrado en primavera). Así mismo los efectos en la economía local ya se están dejando ver con fuertes alzas en el dólar y preocupantes caídas en el valor de la libra de cobre.

Pareciera ser entonces que la decisión de los gobiernos hacia la liberación de restricciones y vuelta a la normalidad, tiene un fundamento económico y político; aún contra las recomendaciones de organizaciones de salud a nivel local y mundial.

Siendo fríos en el análisis, pareciera que el mundo está tendiendo a fortalecer los factores económicos para controlar la recesión que ya estamos sufriendo, permitiendo que el virus se siga propagando, con todos los cuidados posibles. Así, se está prefiriendo claramente mantener la pandemia, con las muertes que seguirán existiendo. De esta forma se buscaría mantener bajo control los factores económicos orientados a evitar el hambre, una mayor recesión y las inevitables consecuencias y costos políticos.

Los organismos internacionales de la salud insisten que la pandemia tendrá un nuevo peak y aún así los gobiernos están comenzando a liberar las restricciones… más claro, imposible.

J.A.C.

Así será la economía que vendrá luego del Covid-19

El ser humano y los pueblos están atravesados por cicatrices y memoria. Ambos construyen lo que serán y lo que fueron. La hiperinflación de la República de Weimar aún pesa en las políticas alemanas y su austeridad; la Gran Depresión dejó en los estadounidenses un sentido de “no malgastar” (waste not, want not); y la crisis de 2008 y su legado de precariedad e inequidad todavía empobrecen la vida de millones de personas en muchas democracias occidentales. Pero todo desastre es diferente. El crash de 1929 y la II Guerra Mundial definieron las bases del moderno Estado de bienestar, y la epidemia de gripe de 1918 ayudó a crear los sistemas nacionales de salud en muchos países europeos.

Por eso, cada shock económico deja una herencia de recuerdos y heridas. También de cambios. Resulta imposible pensar que esta inimaginable experiencia de mascarillas, distancia social, pérdidas humanas y cancelación de la vida no traerá consecuencias después de que termine la pandemia. Es pronto para saber exactamente cuáles. Cuanto más dure la crisis, mayor será el daño económico y social. Los analistas pueden tardar años e incluso décadas en explicar todas las implicaciones de lo que se vive estos días. Lo paradójico, o no, es que este virus explota las características de la vida que nosotros mismos nos hemos dado. Sobrepoblación, turismo masivo, urbes inmensas, viajes aéreos constantes, cadenas de suministros a miles de kilómetros y una extrema desigualdad en el reparto de la riqueza y en los sistemas de salud públicos.

Todo esto ha dejado expuesta la fragilidad del hombre. Esta ha sido la auténtica placa de Petri de la Covid-19. ¿Qué vendrá cuando pase? “La epidemia aporta una mentalidad de tiempos de guerra, pero una mentalidad que une a todo el planeta en el mismo lado. Los años de guerra son periodos de una gran cohesión interior de los países y de la preocupación por los otros”, reflexiona Robert J. Shiller, premio Nobel de Economía en 2013. Y añade. “Un efecto a largo plazo de esta experiencia podrían ser unas instituciones económicas y políticas más redistributivas: de los ricos hacia los pobres, y con mayor preocupación por los marginados sociales y los ancianos”.

Es una esperanza. Desde luego, la crisis actual no es tan catastrófica como una guerra mundial o la devastación que vivieron nuestros abuelos en la contienda civil, pero sus efectos económicos serán enormes. Carecen de precedentes en tiempos de paz. El suceso más parecido con el que podemos compararla, el crash financiero de 2008, gestó un cambio intenso en la economía del planeta. Se pasó de un crecimiento relativamente alto y una moderada inflación a otro anémico y con deflación. Pero el mundo nunca más volvió a ser igual al que había sido antes de ese año. “El coronavirus va a provocar una recesión muy superior a la de 2008-2009, ya que la deuda actual de Grecia es del 175,2% de su PIB, y en niveles igual de altos, que rondan el 100% del PIB, andan Italia, Francia y España”, advierte el economista Guillermo de la Dehesa.

Plazos

Desde luego, generará dolor durante bastante tiempo. “Probablemente la mayoría de las economías tardarán entre dos y tres años en regresar a los niveles de producción que tenían antes de la epidemia”, apunta la consultora IHS Markit. Aunque hay otros números más trascendentes. El epidemiólogo de la Universidad de Harvard, Marc Lipsitch, contó en The Wall Street Journal que prevé el contagio de entre el 40% y el 70% de la población adulta en un año.

La verdad económica se rige bajo sus propias leyes de la atracción. Llegan cambios. Las grandes empresas tendrán que repensar dónde y cómo producen. Muchas moléculas se fabrican en China, se refinan en la India y, tras un largo viaje, terminan en las farmacias u hospitales europeos. “Una vez que pase la crisis se vivirá una reindustrialización de Europa y Estados Unidos, debido a los problemas en las cadenas de suministro que están sufriendo en estos momentos muchas compañías”, vaticina César Sánchez-Grande, director de análisis y estrategia de Ahorro Corporación Financiera.

Las empresas se han dado cuenta del peligro que tiene sumar dependencia y lejanía. Pero es cierto que las cadenas de producción nacionales también se paralizan en caso de una pandemia. Da igual. A través del planeta circula una corriente de desenganche. “Incluso antes de la crisis muchas multinacionales con sede en Estados Unidos ya estaban reconsiderando su dependencia de China. Primero por los costes, pero además por la guerra comercial y los aranceles”, relata Karen Harris, directora general de la consultora Bain & Company’s. No es que la globalización se revierta. “Es una realidad que no tiene marcha atrás”, asegura José María Carulla, director del servicio de estudios de la consultora de riesgos Marsh. Pero se fractura. ¿También el capitalismo? Porque su esencia es el movimiento constante de personas y mercancías. Las bases, por cierto, de toda pandemia. ¿Y cómo responderá una generación, sobre todo joven, cuya única vivencia del capitalismo es una crisis? ¿Saldrá a las calles?

Aún es pronto para saberlo. Sin embargo, los paralelos y los meridianos del mundo parece que formarán una trama más fina y menos resistente. La conjunción del Brexit, la epidemia y la guerra comercial entre China y Estados Unidos presagian años complicados para la aldea global. “El bienestar mundial será mucho mayor si los países optan por la cooperación, la ayuda y la solidaridad en momentos de crisis, y por compartir información y avances científicos en lugar de hacerlo por la autarquía o la confrontación”, observa Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research.

Elecciones en EE UU

Uno de los grandes cambios puede llegar en noviembre de la Casa Blanca. Las crisis no reeligen a los presidentes. Ford perdió contra Carter después de la crisis del petróleo de 1973, Carter perdió contra Reagan en la segunda crisis del crudo de 1979 y Bush perdió frente Clinton tras la invasión de Kuwait. Lo recordaba estos días el economista Nouriel Roubini —­quien predijo el crash de 2008— en la revista Der Spiegel. Estas cicatrices y esta memoria dejan la sensación de que Estados Unidos ya no será el líder del mundo. “Por primera vez en su historia, la primera potencia del planeta ha renunciado a encabezar la lucha sanitaria y económica mientras China responde con una campaña muy agresiva para mejorar su imagen pública”, comenta Federico Steinberg, analista principal del Real Instituto Elcano.

¿Dónde está la fortaleza de las barras y el brillo de las estrellas? “Washington ha fallado el test del liderazgo y el mundo está peor por ello”, se lamenta en Foreing Policy Kori Schake, directora de estudios de política exterior y defensa del American Enterprise Institute. Pero Europa tampoco resulta inmune a esa atracción del egoísmo. La Unión debe proteger a sus 500 millones de habitantes o muchos Gobiernos podrían exigir el retorno de ciertos poderes. Es imposible descartar, lo hemos visto, que los meses venideros traigan un masivo rechazo político. “Dependerá”, puntualiza Kathryn Judge, profesora en la Escuela de Leyes de la Universidad de Columbia, “de hasta qué punto el precio es alto en términos de sufrimiento humano, vidas perdidas y el inevitable destrozo económico [el centro de estudios Brookings Institution habla de un coste global de 2,3 billones de dólares] que llegará. Porque el auge del populismo que barrió el planeta después de 2008 revela de qué manera tan profunda la indignación pública puede cambiar el mundo”.

La historia advierte de que los desastres incendian la xenofobia y el racismo. Y cada vez resulta más común encontrar avisos de esa fractura. Incluso en el Viejo Continente ya prospera el relato del “norte industrioso” y el “sur vago”. Especialmente por la dificultad que muestra Europa para organizar una respuesta coordinada. “La pandemia está evidenciando, una vez más, la disfunción del euro, que coloca a los países miembros en una camisa de fuerza macroeconómica. A menos que la Unión Europea pueda reunir la voluntad de convertirse en una verdadera unión fiscal y política, la zona euro comenzará a separarse”, predice Paul Sheard, experto principal del Centro de Negocios y Gobierno Mossavar-Rahmani en la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard.

Sistemas de salud

Proliferan estas semanas infinidad de intérpretes de la tragedia, adivinadores del drama, quiromantes del descontento e incluso quien también, como el político demócrata estadounidense Bernie Sanders, es capaz de revelarlo todo en seis palabras. “Healthcare is a basic human right”. “El sistema de salud es un derecho fundamental del ser humano”. Este es un legado del virus. Existen muchos otros. Más trabajo desde casa, auge de los pagos electrónicos, mayores controles en las fronteras, seguros caros y complejos, educación y medicina a distancia, y menos viajes transoceánicos y convenciones. “Tenemos que pensar cómo hacemos más eficiente el sistema de salud, porque al hacerlo se vuelve más económico, viable y universal”, propone Carsten Menke, responsable de next generation research del banco privado Julius Baer. Su narrativa incluye telemedicina, monitorización del paciente en casa después de una cirugía o medicinas personalizadas que eviten el despilfarro de medicamentos.

Nada muy revolucionario, todo muy urgente. Porque la novedad es que la higiene crece como prioridad en las agendas de empresas y Gobiernos. Singapur ya está planeando unas normas de limpieza obligatorias. Reglas más estrictas pueden impulsar las compras online de una forma similar a como la epidemia del síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) de 2003 provocó que la gente evitara los centros comerciales.

Los Gobiernos van a gastar más en cuidar la salud de sus ciudadanos y eludir los enormes costes de las pandemias. Solo el SARS restó —acorde con la Universidad Nacional de Australia— 40.000 millones de dólares de la economía del planeta. “Para mí es una llamada de atención, ya que la Covid-19 no es tan mortal como el ébola. Las Administraciones, al menos eso espero, se organizarán y estarán preparadas para el próximo”, estima Gael Combes, analista de la gestora Unigestion. Y avanza. “En un sentido más económico es poco probable que cambie nuestro deseo de consumir y viajar. Quizá los grandes cruceros no estén de moda por un tiempo, pero la gente no renunciará, si puede pagárselo, a un largo fin de semana en Barcelona”.

Esa misma fe en la recuperación del consumo es la que demuestra Daniel Galván, director de GBS Finance. “Repuntará con fuerza a medida que se normalice la situación”. Veremos. Porque el hombre utiliza la “costumbre” como un parapeto frente a la noche más oscura. El ser humano busca refugios en las tormentas. “Vamos a estar más pendientes de lo nuestro, de lo público y de lo que nos protege, y crecerá el porcentaje de ciudadanos partidarios de aumentar (aunque tengan que pagar más impuestos) el gasto público en sanidad”, estima Carlos Cruzado, presidente de Gestha, el sindicato de los técnicos de Hacienda.

Enorme gasto público

Nadie quiere regresar a un nuevo periodo de austeridad como el que dejó la crisis de la deuda soberana de 2011. Pues la trama estos días resulta similar. Un enorme gasto público y la caída de los ingresos tributarios. “Si la crisis termina impactando de manera asimétrica en Europa, menos en el norte y más en el sur, porque los norteños han tenido más tiempo para prepararse y cortado la cadena internacional de suministros sanitarios dando prioridad a su autoabastecimiento, volverá a imponerse el calvinismo: ‘Los pecadores merecen pagar por sus pecados”, critica Carlos Martín, responsable del gabinete económico de CC OO. “Esta moral ya se impuso durante la anterior crisis: los sureños se lo han gastado en ‘mujeres y vino’ [como espetó en 2017 Jeroen Dijssel­bloem, entonces ministro de Finanzas holandés]. Y lo más chocante es que algunos Gobiernos del sur compraron esta reprobación: ‘Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

Ahora podrían razonar igual: los sureños nos quieren trasladar, nuevamente, el coste de su incapacidad y desorganización. Sin embargo, la economía tras el coronavirus trae, en principio, el requisito de la solidaridad. Resulta evidente que las medidas fiscales lanzadas por el Ejecutivo para frenar la pandemia dejarán un legado de mayor déficit y deuda pública. “Estos aumentos deben financiarse a muy largo plazo, incluso décadas. Con cualquiera de las soluciones por la que se termine optando (emisión de deuda pública nacional, coronabonos europeos u otras), el BCE tendrá un gran protagonismo en la financiación en los mercados secundarios de deuda”, cuenta Rafael Doménech.

De momento, la pandemia vive en el presente. Acertar con el futuro de la economía suena complejo. Porque nadie sabe cuál será su peaje humano ni económico final. Aunque siempre hay optimistas. “Creo que la mayoría de los negocios, y desde luego los gigantes estadounidenses y de otros países, no fracasarán en el regreso a su actividad empresarial [una vez pase la crisis]”, observa en la agencia Bloomberg Edmund Phelps, premio Nobel de Economía. Por esos mismos pasillos resuenan otros tonos. “Superaremos esto y estaremos mejor dentro de 24 meses”, calcula, en una nota, Rob Lovelace, vicepresidente de la gestora Capital Group. Pero dos años es una espera inimaginable en millones de hogares. Aunque entonces, quizá, algunas percepciones deberían haber cambiado para siempre. El precepto de “seguridad nacional” incluirá la redistribución de la riqueza, una fiscalidad más justa y reforzar el Estado de bienestar. También la sociedad deberá apreciar el valor de oficios hasta ahora orillados. Niñeras, asistentes sociales, limpiadores del hogar, cuidadores de ancianos. Algunas de las contribuciones más infravaloradas reclamarán una consideración muy distinta. Tal vez el nuevo tiempo proponga la enseñanza de que los profesores y las enfermeras son mucho más valiosos que los banqueros de inversión y los gestores de fondos especulativos.

Una de esas voces llenas de dinero es la de Larry Fink. La persona más poderosa de los mercados. Administra unos siete billones de dólares a través de BlackRock, la mayor gestora de fondos del planeta. Confinado en su casa, ha escrito una carta de 11 páginas a sus clientes, accionistas y trabajadores. Defiende —claro— el brillo del capital. “Existen enormes oportunidades en el mercado”, apunta. E imagina un futuro diferente. “Cuando salgamos de la crisis, el mundo será distinto. La psicología del inversor cambiará. Los negocios cambiarán. El consumo cambiará”. Quizá la gente evitará los lugares concurridos como conciertos y restaurantes. “Entonces, ¿solo sobrevivirán las grandes cadenas y los pedidos online?”, se cuestiona Giles Alston, experto de Oxford Analytica. Parece improbable. Pero las camisetas llevarán estampadas la palabra “resiliencia” y en sus etiquetas se debería leer fabricado en “decencia”, “generosidad”, “honestidad”, “belleza”, “coraje”.

Poco a poco, el futuro económico se filtra al igual que la luz a través de una grieta. “Las políticas monetarias perpetúan el tipo del dinero alrededor del cero porque la inflación ha dejado de ser un problema”, prevé Roberto Scholtes, director de estrategia de UBS. La economía tendrá que responder a nuevas exigencias sociales. Políticas fiscales más expansivas, mayor presión por redistribuir la riqueza y habrá que diseñar partidas de gastos extraordinarias frente a nuevas epidemias o la crisis climática.

“Las grandes crisis económicas de la historia desde la II Guerra Mundial han ocurrido con talento político cuestionable en las superpotencias”, recuerda Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI). Y avanza. “Llega una cuarta fase de la globalización y necesitamos una mayor coordinación multilateral. El BID, la Reserva Federal, el G20 y el Eurogrupo tienen que actuar con mayor ambición. Porque, de lo contrario, nos cargaremos el ahorro de la gente, las pensiones, el bienestar. Y la sociedad y la economía saldrán más empobrecidas tras la crisis”. Urge una renta básica o cualquier sistema de distribución similar que dé protección a la gente en tiempos de emergencia y también de calma. Sobre todo después del inevitable aumento del paro que dejará el fin del enclaustramiento económico. UBS estima una destrucción (temporal) de dos millones de empleos en España, y Goldman Sachs cree que el PIB del mundo caerá un 1% este año.

En ese momento, la psicología del inversor, atrapada en la paradoja, será a la vez igual y distinta. “Como en otras situaciones que combinan incertidumbre y elevada volatilidad, existe un gran apetito por la liquidez y la posibilidad de que los ahorradores opten por depósitos frente a otras inversiones”, sostiene Francisco Uría, socio responsable del sector financiero de KPMG. Pero la nueva línea del horizonte la dibujarán los fondos cotizados (ETF) y la sostenibilidad en las carteras. ¿Y qué será del sector inmobiliario, que también ha creado burbujas, contradiciendo al poeta, nada ingrávidas ni sutiles? Mirará a la tecnología. Las inmobiliarias se volverán digitales. Hasta donde resulta posible. Nadie compra una casa sin verla físicamente. “Pero en el corto plazo, el impacto es duro. La gente debe solucionar primero otros problemas inmediatos, luego volverá a comprar viviendas”, vaticina Carlos Smerdou, consejero delegado de Foro Consultores Inmobiliarios.

Emergencia climática

Porque en este fundido a negro de la Tierra, solo la emergencia climática y la naturaleza parecen beneficiarse. El respiro que le hemos dado a la atmósfera es la única luz blanca que cae sobre una oscura pandemia. En China, donde la polución causa más de 1,6 millones de muertes prematuras, el confinamiento, acorde con el científico de la Universidad de Stanford Marshall Burke, ha salvado al menos la vida de 1.400 niños menores de 5 años y 51.700 adultos de más de 70 años.

Hemos cambiado nuestra existencia y nuestra forma de trabajar en un aliento. ¿No podemos en otro modificar la manera en la que habitamos el planeta? “Las elecciones que hagan hoy los bancos centrales, los Gobiernos y las instituciones financieras moldearán nuestras sociedades los años venideros. Es tiempo de movilizar recursos para poner la salud y el trabajo de las personas primero. Por eso, las Administraciones deben invertir en alejar nuestras economías de la dependencia de los combustibles fósiles y el crecimiento infinito que continúa alimentando el desastre”, reclama May Boeve, directora de la ONG 350.org.

“Vamos a una recesión no vista desde la Gran Depresión”

Kenneth Rogoff, economista y profesor en Harvard, cree que el vigor de la salida de la crisis depende de la respuesta sanitaria.

Kenneth Rogoff, en una imagen de 2018.
Kenneth Rogoff, en una imagen de 2018.JASON ALDEN / BLOOMBERG

Rogoff, uno de los grandes economistas del siglo XXI, tiene el prestigio de no escribir renglones torcidos. En 2009 publicó, junto a su colega en el centro estadounidense Carmen Reinhart un libro cuyo título es una reimpresión de los días que transitamos. This is Different: Eight Centuries of Financial Folly (Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera). Hoy, mientras conversa con EL PAÍS a través de un cuestionario enviado por correo electrónico, esa frase pesa igual que un cielo de plomo. “El impacto potencial en la política económica resulta profundo. Pero puede ir en diferentes direcciones”, sostiene Rogoff. “¿Se verá el sistema autoritario de China como una solución a la crisis o la causa? ¿El inepto manejo de la pandemia por parte de Estados Unidos, tanto en sus primeras etapas (falta de pruebas) como en sus últimas (carencia de una política nacional unificada), señalará el comienzo del fin del dominio estadounidense o, en última instancia, mostrará la creatividad y la resiliencia del país y del dólar? Va a hacer falta mucha fortaleza.

Los meses acuden descontando un calendario de días desolados. “Parece que nos dirigimos a una profunda recesión global, con un calado no visto desde la Gran Depresión”, prevé el economista. “Esperemos que sea mucho más corta. Aunque la rapidez de la salida dependerá de cómo se desarrolle el virus y la respuesta del sistema sanitario. Pero, incluso en el mejor de los casos, la situación es terrible para los mercados emergentes. Antes de la crisis ya tenían una deuda externa altísima [entre hoy y el final del próximo año, los países en desarrollo deben afrontar, según la ONU, el repago de 2,7 billones de dólares en deuda] y un crecimiento a la baja. Esto provocará el colapso de muchas naciones. Carmen Reinhart y yo proponemos una moratoria del pago a los países más afectados”, argumenta Rogoff.

(Artículo de El País, España)

FMI: Economía Mundial ya se encuentra en recesión

Durante la mañana de hoy viernes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que las consecuencias del Covid-19 han arrastrado a la economía mundial a una recesión. Ante este panorama, será necesario inyectar masivamente fondos para apoyar a las naciones en vías de desarrollo.

Una vez revisadas las previsiones para el 2020-2021, podemos asegurar que el mundo entero se encuentra en recesión que puede ser incluso peor a la vivida para la crisis financiera del 2009.

“Con la detención repentina en la actividad económica de todos los países del mundo, la estimación actual para necesidades financieras en los mercados emergentes llega a 2,5 billones de dólares” señaló la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, mientras señalaba que ese es el piso de las estimaciones, el panorama puede ser aun peor.

La recuperación que el FMI ha proyectado para el 2021 dependerá del nivel de control que se tenga sobre el virus para entonces, y de que la crisis de liquidez no se transforme en muchos casos en problemas graves de solvencia. Aseguró que más de 80 países se han comunicado con el fondo para solicitar apoyo de emergencia en medio de la pandemia del Coronavirus, entre los que también se encuentran 30 países de ingresos medios y 40 con ingresos considerados bajos.

JPMorgan rebaja nuevamente el PIB para Chile

Los analistas internacionales comenzaron a expresar su temor de que la economía chilena entrará en recesión, al mismo tiempo que demandan una baja en las tasas de interés por parte del Banco Central.

En recorte en las expectativas de crecimiento del mercado Chino han sido el punto de partida junto con la baja en las tasas de interés de la Reserva Federal que llegaron a 50 puntos base, impulsada por el negativo escenario impuesto por el avance del coronavirus.

Siendo China nuestro principal socio comercial, Moody’s Analitics expone junto a Goldman Sachs que el PIB chileno arriesga una expectativa de expansión del PIB en 1%, aunque esperan una baja del tipo rector de 75 puntos base.

El escenario chileno ha sido alterado debido a la aparición de los primeros casos del virus, agrega JP Morgan, reduciendo las expectativas del PIB de 0,8% a 0,5% en su tercera baja en lo que va corrido del año. “Si el Banco Central decide mantener la tasa de interés en 1,75%, el riesgo de recesión para el país es inminente”.

La sugerencia de Diego Pereira, economista jefe de JP Morgan para Argentina, Chile, Perú, Paraguay y Uruguay, es que el BC siga la política de la Reserva Federal y rebaje la tasa de interés en 25 puntos base durante Marzo y luego otros 25 puntos en Mayo. Esto propiciaría un movimiento de capitales hacia el medio local disminuyendo el riesgo de recesión.

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