La fórmula socialista para “solucionar” la pandemia: quebrar los países

La fórmula socialista para “solucionar” la pandemia: quebrar los países

Archivo La Vereda

A las palabras de Michelle Bachelet, emitidas hace unos días llamando a crear un “nuevo sistema económico mundial” ante el “fracaso del capitalismo”, se suman las acciones de presidentes como el de nuestra vecina nación, Argentina.

El presidente transandino, Alberto Fernández”, ha optado por aplicar una política de fijación de precios que está provocando severos problemas de abastecimiento en su nación. La banda de precios fijada para el trigo hace una semana, con el objetivo de que no se produzcan alzas en el precio del pan, estableció un valor por debajo del costo de producción. Esto desencadenó una ola de protestas por parte de los agricultores, quienes según relató Gonzalo de la Carrera en el programa Arde Troya de este viernes,  pasaron las trilladoras por encima de las plantaciones de trigo advirtiendo al presidente que no estaban dispuestos a regalar la producción.

Hoy se ha sumado el mundo avícola, cuando el Gobierno trasandino nuevamente establece precios fijos para el valor del huevo que se encuentran un 67% por debajo del precio actual de venta, representando una pérdida de alrededor de 27% por debajo de los costos de producción. En un video enviado por uno de los productores a las redes sociales, relata que además de vender bajo el costo deben donar 10.000 huevos semanales a la comunidad, aumentando aun más sus pérdidas. De no hacerlo, el Gobierno que esta semana se declaró en default financiero,  les advirtió que toda la producción les será decomisada para repartirla a la gente.

Este tipo de medidas cortoplacistas y populistas propias de la izquierda internacional que jamás ha trabajado produciendo, sino exprimiendo los recursos de quienes sacan adelante los países con su esfuerzo, es el calco de lo sucedido hace algunos años en Venezuela, donde prácticamente ya no quedan industrias en pie por el mismo motivo: hacer quebrar a los empresarios aplicando fijación de precios por debajo de los costos de producción.

Este es el nuevo sistema económico global que promueve Bachelet al alero de la ONU. Uno que pretende reemplazar el esfuerzo personal y aumento de la productividad aplicando incentivos, por otro clientelista que exprime los recursos del país. El problema de este “sistema” es que es el mismo de siempre que ha soñado la izquierda para los países que se mantienen bajo su yugo: las empresas, las industrias quiebran y el Estado no es capaz de mantenerlas en pie, llevando a la ciudadanía directo a la miseria y al país a un default financiero imposible de solucionar.

Esto es lo que al parecer pretende la izquierda en todos los países que han podido intervenir. Atacan fuertemente toda iniciativa orientada a balancear los efectos de la crisis sanitaria y la crisis económica para evitar la quiebra económica y permitir que los países salgan a flote nuevamente tras la recuperación pos pandemia, y proponen fórmulas comprobadamente fracasadas a lo largo de toda la historia.

La fijación de precios no es más que el ansia de control absoluto sobre la población. La izquierda sabe que esa fórmula siempre lleva a la quiebra económica y, de este modo una vez que ellos mismos provocan el problema, luego otorgan una “solución” que no es más que proporcionar migajas a la gente haciéndoles dependientes absolutos del Estado, aunque los mantienen siempre en la línea de la miseria porque, no existen más recursos y, aunque existieran, su objetivo jamás ha sido mejorar la situación de los ciudadanos.

¿Es a esto a lo que se refiere Michelle Bachelet cuando habla de un “nuevo sistema económico mundial para reemplazar al fracasado capitalismo”? Porque hasta ahora esto es lo único que se ha visto desde su sector, ninguna otra “propuesta” real. Sólo discursos populistas para ganar adeptos entre los más necesitados.

Para solucionar el problema de la pandemia se requieren recursos. Sin recursos no hay cómo solventar los gastos en medicina, personal, maquinaria e infraestructura. Con populismo no se compra un ventilador mecánico, mascarillas, guantes ni se pagan los sueldos del personal de la salud. Tampoco se paga la producción de alimentos para la población en épocas difíciles. Lo único que mantendrá a flote a cualquier país en una situación tan crítica como la que estamos viviendo, es la cordura y sensatez para ayudar principalmente a las Pyme, los agricultores y la industria de alimentos a mantenerse en pie abasteciendo a la ciudadanía. Pretender acabar con esas industrias para obtener un efecto populista, es asesinar a las personas en un muy corto plazo. Por hambre o por el Covid-19.

Bachelet: La convidada de piedra

Análisis de reunión virtual con Bachelet
Columna de Izkio Redhat

Columna de Izkio Redhat

Les pido disculpas, esta semana demoré tres días más de lo habitual en escribir mi columna. Pero tengo mi pretexto, además de los “guatones con hambre” en El Bosque, prácticamente no había pasado nada en el país. Hasta que hoy, la infaltable convidada de piedra Michelle Bachelet, organizó algo que los progres gustan nombrar “conversatorio”, lo que equivale a… (los invito a rellenar este espacio abajo en los comentarios)

La “Alta Comisionada” de la ONU organizó y participó durante este jueves en su “conversatorio”, o lo que para la gente normal sería una reunión virtual. La reunión, porque así se llama, fue producida por la fundación que ella misma creó días antes de dejar la presidencia de Chile, y que recibe aportes estatales para su subsistencia. En esta oportunidad durante el “conversatorio” (palabra que ni el corrector de Word reconoce) su fundación “Horizonte Ciudadano” trató diversos temas de contingencia nacional, entre ellos las protestas y desórdenes ocurridos durante la semana en El Bosque y La Pintana.

Respecto de esos incidentes, obvió la información que se dio a conocer más tarde acerca de quiénes estaban tras estas protestas, ya que en las fotografías de los desórdenes aparecían conocidos narcotraficantes pertenecientes a algunas de las bandas más peligrosas de esas zonas de Santiago. Prefiero no decir lo que pienso, pero mis sospechas giran en torno a la relación que los seguidores de Bachelet tienen con esas bandas criminales.

La ex mandataria, la misma que dejó el país convertido en una sucursal ONU, abordó los temas relacionados con el Covid-19 y la pandemia que afecta al planeta, sobre todo aquellos relacionados con la falta de insumos y alimentos para la población, momento en el que recordó los incidentes de El Bosque y La Pintana, ante lo que insistió que “es clave generar mecanismos de protección social importantes. Porque claro, ha habido repartición de canastas de alimentos, pero parece que son escasas comparativamente para la situación”.

Señaló también que el uso de la fuerza para controlar la situación no es la solución, ya que “hemos visto que ha habido demasiado exceso de fuerza como respuesta a todo tipo de movimiento social”, agregando que “como en nuestro país hay una falta de credibilidad de muchas instituciones, es clave sentar a todos los actores y la sociedad civil debe estar ahí. Sea el Colegio Médico o dirigentes sociales importantes”. Esto en su habitual línea por desestabilizar los gobiernos democráticos con intervenciones que buscan crear realidades paralelas en las que los delincuentes y violentistas deben tener mayores derechos y beneficios que los ciudadanos que no delinquen. Para Bachelet, nada es más importante que la libertad de las personas para destruir, saquear y atacar a las autoridades… mientras no sea a ella.

Aprovechando la oportunidad, se refirió a otros temas que reflejan su claro interés por hacer fracasar a los países democráticos para que la izquierda pueda hacerse del poder por medio del desastre económico que ellos mismos promueven y, que genera pobreza y como consecuencia hambre y dependencia del Estado para sobrevivir.

En esa línea, dijo que la pandemia “ha revelado profundas limitaciones en sistemas sanitarios, modelos económicos, respuestas políticas y la fragilidad del sistema internacional”, insistiendo en la necesidad de crear un nuevo sistema económico global, con lo que adhiere al plan 2030 de la ONU. Para reforzar esta idea, señala que”no podemos volver a la normalidad anterior, porque esto ha sido generado por los seres humanos, ya sea por el tipo de producción o por el daño a la naturaleza. Y si eso lo hace el ser humano también lo podemos mejorar. Entonces debemos hacer las cosas mejor, no volvamos al día cero, sino que hagamos la cosas mejor con lo que hemos aprendido”.

Según ella el “nuevo sistema” debe ser “inclusivo y sostenible”, palabras cliché utilizadas por el mundo progre en todo el mundo para referirse al comunismo. Es cosa de ver a España y Venezuela, dos naciones que abrazaron los nuevos términos con tal pasión, que hoy sufren las consecuencias de una izquierda enquistada en sus sistemas económicos y democráticos bailando al ritmo de cada melodía que les envía la ONU. Y Chile, ya está colocándose los zapatos para seguirlos.

Luego la señora Bachelet continúa presionando sobre la idea, insistiendo que el nuevo modelo (que por supuesto está sólo dentro de la mente afiebrada de personajes progre que sólo critican y no aportan una sola idea), debe modelarse sobre bases que eviten “esas desigualdades brutales”, añadiendo que en esto debe contemplarse los derechos humanos, los liderazgos femeninos, carreras presidenciales, protección a las minorías, a los extranjeros, etc.

En resumen: Bachelet durante el Jueves se reunió vía zoom con sus seguidoras fanáticas para reforzar que deben continuar apoyando movimientos que desestabilicen la democracia, al Gobierno y la economía del país para, en el menor tiempo posible, permitir que el país se derrumbe por completo en todas sus instituciones y también en el aspecto económico. De este modo, la izquierda a la que ella pertenece, podrá ofrecer todas las soluciones por medio del asistencialismo, empobreciendo aun más a toda la población y convirtiéndola en clientes directos de un “Estado Benefactor”.

O, en pocas palabras, más de lo mismo de siempre.

Izkio Redhat

La izquierda chilena: un estorbo en el camino

Columna de Izkio Redhat

Cómo no recordar con natural romanticismo esas palabras, esos gestos y cariños mutuos que se proporcionaban Gobierno y la izquierda a partir de aquel memorable 18 de Octubre cuando esa misma izquierda, aleonaba a sus fans para que salieran a las calles, tomarse los espacios públicos cada día, cada tarde, cada noche, y  algunos más aventurados, saquear lo que encontraran a su paso y de yapa, incendiar estaciones de metro, supermercados, fabricas, lo que fuera porque “Chile despertó”.

El Gobierno, paralizado. La izquierda, gozando del esperado espectáculo, todo saliendo de maravilla y de manual, porque contaban con delincuentes habituales, prontuariados, dispuestos a lo que fuera a cambio de cerveza, unas jaladitas, y cuantiosos botines atraco tras atraco, con la garantía de una férrea defensa por parte de la sucursal INDH en caso de ser atrapados por las represoras fuerzas de orden dirigidas por “la dictadura de Sebastián Piñera”.

Todo, todo iba bien. Marzo sería un mes simbólico y al mismo tiempo definitivo. A partir del 8 de Marzo, el día de la mujer, estos atentos feligreses de las cúpulas del partido comunista y frente amplio habían sido llamados a incrementar la violencia, a “quemar el país”. Y de pronto, ocurrió lo inesperado. No, no se trata de que el presidente de Chile hubiera decidido aplicar las leyes y hacer valer el Estado de Derecho, o exigiera a esos líderes cumplir con el “acuerdo por la paz firmado (versión 1 y versión 2) y aislaran a sus fanáticos para proteger a la población civilizada, o el mismo mandatario hubiera revelado los nombres de cada uno de los líderes opositores que se encontraban ocultos tras la organización de la insurrección.

No, lo que ocurrió es que finalmente apareció el “enemigo” inesperado, un coronavirus letal para la población, arrasando vidas a su paso como una ola negra proveniente del norte, que no perdona a nadie.

“Todo se derrumbó”, les cantaría en la cara el cantante mexicano Emmanuel, si fuese chileno, claro.

A partir de entonces el escenario cambió por completo y, la izquierda tuvo que “guardarse”. No lo hicieron de buena gana, por cierto que no. Pero finalmente tuvieron que aceptar lo inevitable: la pandemia que azotaba el mundo entero con miles de inesperadas muertes, había llegado a Chile tras cinco meses de destrucción del país y sus instituciones.

No es un bocado fácil de digerir luego de tanto esfuerzo, la izquierda invirtió mucho tiempo y dinero para  adoctrinar a millones de jóvenes y organizar esta revolución que les permitiría tomar por la fuerza el poder que no obtuvieron en las urnas.

Yo lo veo como una catapulta muy costosa que lanzó un certero tiro contra el blanco pero, alguien movió el blanco justo antes de que el misil llegara a destino. Aun me pregunto cómo lo verán aquellos que invirtieron tanto dinero y tiempo  y ver truncados sus planes a último momento, cuando ya se habían gastado gran parte del presupuesto.

El oasis de calma llegó y permitió a los más ingenuos, esa secta de adoctrinados seguidores del buenismo que “entendía y apoyaba a los pacíficos manifestantes”, comenzar a enterarse que jamás hubo 280 personas que perdieron globos oculares, fueron 4 y estaban participando en violentos ataques a Carabineros.  Que el fotógrafo Gatica, quien perdió la vista en ambos ojos, no era fotógrafo finalmente y, estaba participando en ataques a Carabineros cuando, luego se descubre que queda ciego por la participación de sus propios compañeres. Que el estudiante de medicina no fue violado por Carabineros y, que se trata de un mitómano compulsivo, además de ladrón de supermercados. Y así un largo etcétera.

Ahora estamos bajo los efectos de una crisis sanitaria sin precedentes en nuestro país y, mientras el Gobierno y la mayoría de las personas se esfuerzan por lograr que exista la menor cantidad de fallecidos posibles, y que no aumenten los contagios de forma explosiva para poder tratar a los enfermos, tenemos a una izquierda frustrada, casi perdida y desfinanciada para iniciar su “estallido 2.0”, atacando cada palabra y cada medida proveniente del Gobierno o el ministro de Salud.

Tenemos un Congreso con exceso de parlamentarios, la mayoría de esa misma izquierda. Podríamos esperar que el Congreso, ese lugar habitado por seres divinos, dioses del Olimpo chileno, que fueron elegidos por “el pueblo” para velar por nuestro bienestar, estuvieran trabajando a toda máquina, día y noche… por nuestro bienestar. En lugar de ellos dedican su trabajo legislativo a entorpecer al Gobierno para que no tenga éxito en su batalla contra el virus y las graves consecuencias económicas para nuestra sociedad.

Y es que el Gobierno continúa siendo “el enemigo”. La muerte de la población les sirve para demostrar que “el Gobierno lo hace mal”. Esas muertes, mientras más sean, son sólo “daño colateral” para conseguir sus propósitos. Porque realmente jamás les ha importado la vida o el bienestar de las personas.

Vemos a la oposición de la mayoría de los países alineadas con los Gobiernos, trabajando juntos y con un discurso de unidad. El caso de Portugal es probablemente el más emblemático. En Chile en cambio, la oposición -principalmente el partido comunista y el frente amplio- se han transformado en la piedra en el camino para todas las medidas que se plantean. Un verdadero estorbo. esa izquierda equivale a ese “amigo” que al verte caer en desgracia va y además de meterte el dedo en la llaga, te roba.

Que agradezcan esos políticos que yo no soy el presidente de este país. Porque de serlo, hace tiempo hubiese aplicado toda la Ley sobre cada uno de ellos: cada diputado y senador que ha traicionado su juramento y ha usado sus cargos para intentar derribar la democracia, también para cada uno de los “oficialistas” que han permitido que esto pase. Cada líder opositor que traiciona a todos los chilenos al justificar la violencia para disculpar la pega mal hecha por quienes tienen la obligación constitucional de trabajar para resolver los problemas de la sociedad. Y, a quienes votaron por ellos, los enviaría a barrer calles y a reconstruir todo lo quemado, pintarrajeado y destruido por sus “líderes”.

La moral, la vocación de servicio público definitivamente no son parte de las cualidades de estos personajes. Y como no están dispuestos a trabajar para ayudar a resolver algo en lo que todos esperamos soluciones y apoyo, deberían apartarse y permitir que quienes sí se esfuerzan todos los días para permitir que la situación País, la salud y la economía de las personas, puedan avanzar sin el estorbo que ellos representan.

Izkio Redhat

 

Derechos vs Deberes – Columna de S. Cristi

Columna de Sebastián Cristi

Sergio Micco, director del Instituto Nacional de Derechos Humanos, por estos días ha sido fuertemente cuestionado al haber declarado en una entrevista a un medio nacional que “no hay derechos sin deberes”, en el marco del comportamiento de muchas personas frente a la crisis sanitaria poniendo en duda si es el momento para salir a protestar a las calles.

El principal cuestionamiento que se le hace proviene de los medios y los políticos del sector de izquierda de nuestra sociedad, quienes critican que se deban supeditar los derechos de las personas al cumplimiento de los deberes propios de esa misma persona en su entorno social.

Si entendemos los derechos como los mecanismos legales que protegen a los individuos, y los deberes como las obligaciones que esa misma persona debe cumplir para poder acceder a sus derechos, es difícil comprender las críticas que realiza la izquierda hacia Micco pues, efectivamente existen ciertos derechos que se pierden desde el momento en que alguien no cumple con sus deberes.

Como ejemplo, quien no cumple con el deber del respeto a la propiedad ajena, es decir directamente roba, pierde su derechos a la libertad. Eso al menos en un entorno social normal dentro de una democracia. Pretender que los derechos están por sobre los deberes es una utopía falsa, ideológica, populista. Es la forma en que ciertos sectores que tienen gran poder de “convocatoria moral” autoasignándose el rol de paladines de la verdad, venden la idea a los más jóvenes de que su bienestar depende de lo que les regale el Estado, por sobre cualquier responsabilidad personal para alcanzarlo.

Superponer los derechos a los deberes, quitándole a estos últimos toda importancia, no es más que pretender ocultar a la sociedad que los derechos y los deberes han sido creados para procurar la estabilidad social y la sana y armoniosa convivencia entre los ciudadanos, elementos base e irreemplazables para vivir en una sociedad sana en la que los criterios de sentido común superan a los criterios políticos.

Los derechos y los deberes no son ideas etéreas que normal una sociedad. Muy por el contrario, ellos están establecidos en múltiples instrumentos legales que comprenden desde leyes y decretos por situaciones puntuales, hasta artículos constitucionales que garantizan, por ejemplo, la igualdad de oportunidades para todas las personas. También son derechos los establecidos por la ONU que se refieren a los derechos humanos.

En cuanto a los derechos humanos, la ONU ha olvidado por completo la dependencia que tienen esos derechos frente a los deberes del ser para poder acceder a ellos, y también ha hecho vista ciega a que “todas las personas, sin importar credo, pensamiento político, raza, nacionalidad u opinión, cuentan con derechos fundamentales en el espectro de los derechos humanos”. Si se trata de personas de izquierda, delincuentes, criminales de toda monta, tendrán el respaldo inmediato e incondicional de la ONU para que ninguno de sus derechos sea vulnerado. Sin embargo, si se trata de alguien que participó en la persecución de criminales de izquierda que han destruido países y provocado miles de muertes, no hay amparo alguno por parte de este organismo y, muy por el contrario, las mismas organizaciones de derechos humanos se convierten en persecutoras para asegurarse que esas personas no tengan acceso a ningún tipo de beneficios que, en la práctica, son derechos.

Otra situación más que grafica fielmente el pensamiento de izquierda que pretende imponer los derechos por sobre cualquier deber, es la férrea defensa que este sector político hace de delincuentes y violentistas que pasan por encima de la libertad de otras personas al atacar a las fuerzas de orden, tomarse espacios como propios, destruir la propiedad pública a la que todos tienen derecho de uso y goce, e incendiar y saquear propiedad privada que es fruto del sacrificio y trabajo de otras personas que sí están ejerciendo su derecho a emprender, cumpliendo además con sus deberes.

La idea errada de la izquierda frente a los derechos sin deberes es otro cartel más de reivindicación de un sector que no trepida un sólo momento en utilizar las más retorcidas interpretaciones para conseguir sus fines. Pretender que los derechos están por sobre los deberes, y que estos son un conjunto de beneficios que se obtendrán incluso si se incumplen todos los deberes, no es más que venta populista de una ideología que quiere hacer creer a los jóvenes que, si la izquierda consigue el poder, tendrán todo gratis a expensas de quienes con sacrificio y trabajo sí respetan sus deberes.

En sociedad los derechos sí están sujetos a deberes, aunque a la izquierda le moleste.

Sebastián Cristi

Oposición enardecida con Sergio Micco por decir “No hay derechos sin deberes”

En una entrevista entregada al medio El Mercurio, el director del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), Sergio Micco, se refirió a la situación que ocurre cuando se realizan protestas en un escenario de pandemia como el que se vive actualmente no sólo en Chile, sino en el mundo entero.

En una de sus intervenciones señala, refiriéndose a los manifestantes que transgreden todas las medidas,  que “no hemos hecho lo suficiente para comunicar una de nuestra verdades: no hay derechos sin deberes”. Por supuesto que la izquierda no acepta que sus manifestaciones, protestas, destrucción e incendios estén garantizadas con derechos, sólo si se cumplen los deberes obligados para cada ciudadano. Es decir, un delincuente no puede ser reducido con fuerza ni encarcelado, de acuerdo a la versión izquierdista de los DDHH, porque todos tienen derecho a la libertad.

Luego añadió que la que realiza las protestas “se trata de una minoría estrudendosa, que ejerce violencia y no le importa la vida propia y la de otros”.

Apenas fue publicada la nota, diversos actores del mundo político de izquierda atacaron fuertemente a Micco, quienes no dudaron en descalificar al militante DC. La mayoría de las reacciones las manifestaron por medio de sus redes sociales, donde por supuesto quienes hicieron más ruido al respecto fueron los personajes de siempre que insisten en apropiarse del concepto de Derechos Humanos e intentar instalar que sólo son aplicables cuando a ellos les conviene, y de la forma que mejor les acomode.

“Si yo fuera ministro”. Columna de Izkio Redhat

Columna de Izkio Redhat

Las personas que tienen verdadera vocación por el servicio público, son pocas. Poseer al mismo tiempo la pasión y convicción para trabajar incansablemente por el bien común, para darle a la política congruencia y contenido en busca del bienestar social libre de sesgo ideológico, se convierten en una combinación rara, escasa, muy difícil de encontrar entre quienes ostentan cargos públicos.

Anoche precisamente soñé que me ofrecían ocupar el cargo de ministro, aunque por más que intento recordar, no estoy seguro de qué cartera. Sí recuerdo que en un primer momento reaccioné con euforia, pensé que sería mi oportunidad para desarrollar un sin fin de ideas que hace tiempo tengo para ayudar a mejorar la situación de millones de personas, entre ella -cosas que sólo ocurren en los sueños- podría impulsar una disminución importante del tamaño del Estado.

Y, es que esa es una idea que ronda por mi cabeza desde hace un par de décadas: disminuir la cantidad de senadores y diputados y lograr que trabajen con amor por su labor recibiendo a cambio sueldos “reguleques” de dos o tres palos, en lugar de los 20 millones o más que reciben actualmente.

Además desvincular, hasta que duela, a todos los operadores que han ido quedando apernados en los servicios públicos Gobierno tras Gobierno, y así permitir que el trabajo en cada repartición fluya con miles de personas que hay ahí, quienes sí piensan en el país y en la gente antes que en sus beneficios personales. Los hay, conozco a varios y los admiro profundamente.

Otra acción inmediata por la que trabajaría con verdadera convicción, es la jibarización de los ministerios. Hace unos días me puse a contar las carteras que operan en Chile, y no debí haberme sorprendido pero sí me produjo un pequeño espasmo en las cejas enterarme que tenemos 23 ministerios. 23 reparticiones diferentes cada una con sus edificios distribuidos en todo el país, miles de funcionarios pagados con millonarios sueldos, infraestructura tecnológica, muebles, pagos de cuentas básicas, celulares por montones, autos nuevos cada año con el combustible, estacionamientos, peajes, tag, cambios de aceite, pinito aromático y chofer incluídos. Todo pagado con los impuestos que generan las personas que trabajan duramente día a día quienes, ingenuamente, piensan que esas contribuciones van directo en beneficio de todos los chilenos y no se dan cuenta que el 80% queda en manos del propio estado y su gigantesco e inútil tamaño.

Desde entonces me he preguntado ¿Es realmente necesario tener esta cantidad de ministerios? No entiendo cómo naciones vecinas como Perú que tiene 19 ministerios (4 menos que Chile), o como Estados Unidos que tiene apenas 15 secretarios (el símil a nuestros ministros),  o Reino Unido con 20 Secretarios de Estado, o suiza con apenas 7 Consejeros han podido funcionar hasta ahora.

Lo que ocurre en Chile se parece mucho a lo que pasó en Venezuela, donde poco a poco comenzaron a aumentar los ministerios, y hoy llegan nada menos que a 34 carteras.

¿No será que Chile compró la misma franquicia política que Venezuela? Dicen que en Cuba, que cuenta con 32 ministerios, la ofrecen barata. A cambio de unos dólares mensuales. Ahí enseñan con manual cómo despilfarrar el erario nacional entre operadores políticos.

Al despertar no estaba realmente seguro si lo que tuve fue un sueño o una pesadilla. Me serví un café y encendí el televisor, donde vi al Ministro de Salud hablando acerca de cómo va todo con el famoso Covid-19 y las cifras en Chile. Luego, entrevistaron a una tal “izkia”, a un Aguilar y a otra tipa de apellido Figueroa. Apagué el televisor. Todos ellos en lugar de aportar con ideas, vomitaban críticas contra el ministro, quien en su intervención mostraba sendas ojeras, una voz cada vez más pausada y los hombros un poco más encorvados que ayer. Como si tuviera el peso de la salud y la vida de todos los chilenos sobre su espalda.

Me serví un segundo café mientras leía los periódicos online y las redes sociales. Nuevamente leí fuertes ataques de diputados, senadores y una enorme fila de verdugos de redes sociales esperando “atrapar” a Mañalich para enjuiciarlo en la plaza pública. Según los políticos de oposición, el aumento de casos por coronavirus es su culpa y no el comportamiento irresponsable de miles de chilenos que atienden los llamados que su mismo sector realiza para reunirse en protestas, o ir a comprar en masa, o irse en semana santa fuera de sus ciudades, o actuar pensando que todo esto es un invento del Gobierno, o simplemente “una exageración”. Después de todo, esos mismos diputados no hacen nada positivo, sólo ocupan su tiempo en ataques ideológicos y andan preocupados de un plebiscito en lugar de resolver los problemas de la gente.

Disculpen, tiendo a apasionarme y termino caminando por las ramas. Regresemos:

Buscan desprestigiar al ministro que está ahí fuertemente atacado, para conseguir que se vaya. No importa que la propia OMS y gobiernos de todo el mundo estén alabando la gestión de Mañalich por la contención que ha logrado con una curva de hospitalizados y fallecidos que el 95% de los países donde el virus ha atacado, no ha conseguido.

Lo que importa para la izquierda irracional, es ver caer al ministro porque lo hace bien, y eso no le conviene para sus planes de poder. En lugar de colaborar para que la salud de los chilenos esté resguardada con medidas eficientes, trabajan día tras día sólo para intentar derribar a un ministro con verdadera vocación pública. Sólo tienen interés en sus réditos políticos, y creen que atacar al Gobierno y a sus ministros, y esperar que ojalá mueran muchos miles de personas para demostrar que el ministro lo hacía mal, les permitirá acusarlo constitucionalmente “por genocidio” y, en lo posible, ajusticiarlo en una horca.

Apagué el computador, dejé la taza de café a medias… Me quedé sentado y cerré los ojos por unos instantes. Ser servidor público es tener el espíritu de un suicida. Es someterse al escarnio político permanente ejercido por una izquierda destructiva, miserable, que no aporta en nada.

Fue entonces que recordé cómo había terminado el sueño: conmigo tirado en el suelo, herido y sangrando. Mi jefe, mirando desde lejos observando sin defenderme con fuerza como yo hubiera esperado. Las muecas ansiosas con extraño rictus de varios diputados del PC y del FA acompañados por miles de rostros de perfil de las redes sociales, todos en cuerpos de hiena acercándose, expeliendo baba y espuma por el hocico… hasta que desperté.

Definitivamente todo fue sólo una pesadilla.

Izkio Redhat

MEO dice que Sebastián Piñera se asustó con la reunión del “Grupo de Puebla”

“El oficialismo parecía más unido que nosotros y Sebastián Piñera se asustó al ver que la izquierda está más unida que nunca”, fue una de las frases del eterno candidato a la presidencia Marco Enriquez Ominami, quien se hace llamar MEO popularmente.

En declaraciones efectuadas en una entrevista dada a El Mercurio de Valparaíso, el hijo del terrorista fundador del MIR, Miguel Enriquez, se refirió a la reunión que sostuvo el “Grupo de Puebla” hace una semanas, convocada por el propio estudiante de cine quien además se evidencia orgulloso de haber convocado a Alberto Fernández, ex presidentes de latinomérica, ex ministros de la Región y de España, así como a varios referentes de la izquierda chilena.

En la reunión virtual, el presidente argentino Alberto Fernández inició la cita llamando a la izquierda chilena a “unirse para derrotar al Gobierno”, frases que fueron fuertemente criticadas en la oportunidad por el Gobierno de Sebastián Piñera, puesto que no es usual que presidentes en ejercicio realicen llamados de esta clase para que se derrote a los gobiernos legítimamente electos en países vecinos.

Como si se tratara de un juego entre niños, MEO continuó con declaraciones como “Haber tenido 40 líderes del sector, entre senadores, diputados, dirigentes de 11 partidos-desde la Dc al FA- y ex ministros de Lagos, Frei y Bachelet, fue muy impactante”

Para finalizar advirtió que “La cita progresista con Fernández es el primer paso para lograr la unidad. Anuncio que vienen más cosas, no quiero adelantar, pero este es el primero de varios pasos más”.

Estas declaraciones se dan en medio de un escenario que ha estado marcado por diferentes llamados de la izquierda chilena a tomar el poder por medio de la violencia, haciendo directa referencia a un “estallido social 2.0” apenas termine la pandemia.

¿Por qué se insiste tanto en un plebiscito forzando la fecha, a pesar del Covid-19?

Columna de Sebastián Cristi

Convengamos que la idea de realizar un plebiscito para modificar la Constitución desde cero, ha sido un sueño largamente anhelado por la izquierda en Chile, como lo sería en cualquiera de los países del mundo donde ese sector político ha sido desalojado a lo largo de la historia.

El 18 de de Octubre pasado, todo comenzó con la evasión del pago de los pasajes en el Metro de Santiago. A contar de ese encendido de mecha “espontáneo”, surgieron otras acciones, ese mismo día, igual de espontáneas. Por ejemplo, la destrucción y quema de decenas de estaciones de Metro que las posteriores investigaciones demostraron que habían sido preparados con días de anticipación instalando dispositivos con líquidos acelerantes de alto poder al interior de los andenes.

Todo este “espontáneo” movimiento violentista que se escudó bajo la chapa de “demandas sociales” sólo buscaba un objetivo: modificar nuestra Constitución para entregarle el país a los políticos con más poder de persuación; es decir a los populistas que son capaces de ofrecer viajes a marte con todos los gastos pagados a cambio de un voto.

Existe un porcentaje importante de chilenos que son abiertamente ignorantes en materia política y por tanto, muy fáciles de engañar. El discurso populista que “garantiza” una vida en el paraíso embauca también a los fanáticos islamitas cuando, a cambio de inmolarse y llevarse consigo decenas de otras vidas, les esperarán 7 mujeres en el paraíso. Quienes caen ante el discurso fácil de la izquierda que critica todo pero jamás entrega una propuesta sólida para resolver los problemas que pueden existir en la sociedad, son finalmente la misma clase de fanáticos que caen redondos ante el paraíso terrenal que se les muestra desde el oráculo populista, al que tan acostumbrados estamos ya los chilenos.

Y es que no es difícil engañar a millones de personas instalando en su inconsciente que un sector político es culpable de todos los males que aquejan a la sociedad.  En todos los países del mundo existen problemas, pobreza, abusos de parte de algunos y dificultad para concretar exitosamente los proyectos de vida que todos anhelamos y, cuesta trabajo, esfuerzo y muchas veces sacrificio salir adelante. Para muchos, el éxito de otros es el gran culpable de nuestros propios fracasos.

Como dice el refrán, “el pasto del vecino siempre es más verde”. En un país como el nuestro, en el que la gente permite ser engañada una y otra vez, y la memoria es sumamente frágil, la izquierda se ha dado un festín instalando la idea de que los culpables de todos los males, de la infelicidad y de truncar nuestro futuro, son los empresarios y la derecha.

En tiempos en que todos han tenido grandes avances en lo económico y la pobreza comenzaba a desaparecer, la izquierda veía cómo su histórico discurso de la lucha de clases iba desmoronándose poco a poco. Ante la apertura de oportunidades para todos, el Partido Comunista y algunos remedos de izquierda integrados al FA tuvieron que instalar un discurso diferente en las mentes de quienes eran su público fiel: La clase media comenzaba a viajar al extranjero, pero para eso se endeuda. Compran autos, pero quedan prendados hasta terminar de pagarlos. Emprenden negocios, pero el trabajo es demasiado. Se gradúan como profesionales, pero les obligan a pagar sus estudios. Tienen salud pública, pero las demoras son causa de muerte. Hay pilar solidario para quienes nunca impusieron, pero es “indigno”.

Cada una de las demandas sociales tiene una base real, existe inequidad muchas veces impuesta por los abusos de algunos sectores a los que en algún momento se les olvidó que están ahí para entregar bienestar y que, aunque ese bienestar “extra” tiene un costo, no puede ser motivo para someter a la ciudadanía.

Ahora bien ¿Cómo pasó que algunas empresas y hasta el propio Estado comenzaron a abusar de la ciudadanía? No olvidemos jamás que hasta hace poco vivíamos en un Estado de Derecho y que en Chile se respetaban las leyes. Si retrocedemos sólo una década recordaremos que los primeros que comenzaron a pasar por encima de nuestra legislatura, fueron los propios políticos de todos los sectores. Y ante el ejemplo dado por esa gente, se da que muchos quieren comenzar a seguir el ejemplo que da una clase que demuestra que actuar al margen de la Ley, otorga sendos réditos y no existe sanción real.

Pues resulta que esos mismos políticos que son capaces de subirse las dietas (sueldos) en menos de 24 horas o, modificar la Constitución en sólo 12 horas para cambiar el sistema con el que legislan (teletrabajo en tiempos de emergencia), nos dicen que para superar todos los “abusos”, es necesario escribir una nueva Constitución. Es decir, lo que pueden hacer modificando la Carta Magna en pocas horas para beneficiarse ellos mismos, no lo pueden hacer para realizar los cambios que los chilenos necesitan.

En plena época de Coronavirus nos han demostrado qué tan fácil es modificar la Constitución cuando realmente les interesa.

Entonces ¿Por qué no lo han podido hacer para resolver los problemas de la gente? Probablemente porque saben que la mayoría de esas demandas no requiere cambio constitucional para ser resueltas, y en las que sí habría que realizar modificaciones simplemente no les acomoda trabajar por el país porque hace tiempo sólo lo hacen por su partido.

Hoy la discusión en el Congreso se centra en mantener fija la fecha del Plebiscito para el 25 de Octubre, y los políticos no quieren aplazar más el día porque se han dado cuenta que la gente, esta vez, sí está despertando. Permitir que el referéndum se posponga por más tiempo es dar más oportunidades para que triunfe el rechazo, y con esto se les caiga todo el trabajo que vienen realizando desde hace años para tomar el poder modificando todas las instancias democráticas, con el objeto de perpetuarse en éste. Eso es lo que busca realmente la izquierda cuando quiere imponer una fecha y un sistema de “hoja en blanco”, en ningún caso se trata de resolver los problemas reales de la gente ya que, si realmente ese fuese su interés, desde hace años estarían trabajando en ese sentido y definitivamente no lo han hecho.

Realizar el plebiscito en Octubre además, evita que los 2.260.222 adultos mayores que hay en Chile (fuente: INE) vayan a votar, a sabiendas que ese segmento etario de la población votará mayormente Rechazo porque tienen más experiencia y vieron actuar a la izquierda en el pasado. Las personas mayores de 65 años no irán a votar en Octubre porque el Covid-19 aún estará presente y no pueden arriesgarse a contraerlo y muy probablemente morir… por un voto.

En Chile hay 14 millones de personas habilitadas para votar. Los adultos mayores representan un 16,14% de los votos. Un porcentaje de esa magnitud da vuelta cualquier elección, y tanto la izquierda como algunos políticos acomodaticios de centro como Ossandón o Desbordes, lo saben.

Estos son los motivos para intentar imponer el 25 de Octubre como fecha para el plebiscito, “con o sin coronavirus”.

No buscan acuerdos para dar solución a las demandas sociales, porque éstas debería haberlas resuelto ya el Congreso. Se trata de aprovechar todas las armas disponibles para eternizarse en el poder, y están trabajando duro para ello.

Sebastián Cristi

La persecución y acoso de la izquierda en Chile

Columna de Izkio Redhat

El día Martes, el ministro de Salud Jaime Mañalich vivió en carne propia lo que es el acoso selectivo. Un grupo de twiteros decidió utilizar la plataforma desde hace unas semanas para publicar datos personales de toda la familia del titular de la cartera de salud, en los que se incluía el número de RUT, direcciones y teléfonos. Luego comenzaron a llegar las amenazas directamente a su cuenta Twitter, la que decidió cerrar de inmediato y colocar los antecedentes en manos de la policía de investigaciones.

Esta no es la primera situación similar que viven personas en las redes sociales, en Chile se viene repitiendo desde hace varios años este comportamiento, incrementándose durante el último año debido a la total ausencia de sanciones para los causantes de este delito.

De hecho, Twitter bloquea en forma definitiva las cuentas que cometen este ilícito, sin embargo los delincuentes que realizan este tipo de publicaciones trabajan con pseudónimos anónimos y con nombres y datos falsos, por lo que dar con su identidad para establecer demandas es muy complejo.

Fuentes muy cercanas de la brigada de cibercrimen de la PDI, me informaron que tienen acceso a personal de las diferentes redes sociales en sus países de origen para requerir antecedentes que les permita llegar a quienes cometen estos ilícitos que, cuentan con penas importantes en nuestra legislación. En los casos más graves se comunican con la plataforma para investigar direcciones IP y otros antecedentes que les permita trazar la ubicación e identidad del antisocial, lo que usualmente se debe hacer por medio de requerimientos judiciales para que la plataforma pueda proporcionar la información requerida sin contravenir sus condiciones de privacidad de datos.

Hace una semana, el Presidente de la República, Sebastián Piñera, también fue objeto de amenazas de muerte. Esta vez se trató de un joven padre de familia que ofreció su automóvil como pago a quien “se echara a este ….”, refiriéndose al mandatario en términos violentos y completando su “oferta” con descalificaciones y mentiras propias de un sector que no argumenta, sino que agrede. En este caso la PDI pudo dar rápidamente con su paradero y en este momento el criminal enfrenta un proceso judicial que le puede costar varios años de cárcel efectiva.

Quien se mantuvo por cuatro días como Ministro de Las Culturas, fue el señor Mauricio Rojas. Su corta duración en el cargo se debió a una declaración de varios años antes cuando expresó que el museo de la memoria es un montaje, refiriéndose al uso político que de esta entidad hace la izquierda chilena. Sin embargo lo que más molestó a esa misma izquierda es que Rojas, antes de ser un crítico del sector, era militante de izquierda. Sus redes sociales se repletaron de insultos y amenazas de todo tipo, convirtiéndose en otra víctima más del acoso y violencia que ejercen las personas del Partido Comunista y todos los partidos del Frente Amplio, en general, junto a sus seguidores.

Fernando Villegas, ex panelista de Radio Agricultura, fue otra víctima de las “funas” de fanáticos del sector más violento de nuestra sociedad. No solamente recibía decenas de amenazas a diario, sino que todo el “ruido” provocado en las redes sociales ante una falsa acusación, le costó su trabajo.

Hoy comenzó a circular un inquietante video de alta factura, elaborado por un grupo denominado “Colectivo Matapacos”. Evidencia un financiamiento generoso para su realización. En este, las amenazas de muerte son para varias autoridades, y llaman directamente a quemar todo si “no se les entrega dignidad”, sea lo que sea que eso signifique para ellos. En las imágenes muestran al ministro del Interior, Gonzalo Blumel, ahorcado y colgando de uno de los brazos de la virgen del cerro San Cristobal en Santiago, junto a otras autoridades que no se alcanzan a identificar.

Además, el mismo video, muestra la cabeza del presidente Sebastián Piñera luego de accionar una guillotina, “empalada” y luego quemada frente a una multitud de millones de personas en las calles de Santiago, que grita consignas comunistas mientras comienzan a quemar el Palacio de La Moneda.

El video alude a un “estallido social 2.0”, e indica que ahora el enemigo para la siguiente etapa serán las autoridades y los políticos. El mensaje que entrega este video se sale completamente del marco de la Ley y de las mínimas reglas de convivencia. Aunque algunos internautas sospechan que los contenidos que muestran están creados únicamente con el objetivo de crear una nueva sensación de caos y miedo en la ciudadanía, hay que entender que este tipo de material difundido en las redes sociales en realidad está llamando a las masas a movilizarse y muchos de ellos creen que hay que seguir al pie de la letra lo que ahí se sugiere, pues lo toman como meta. De ahí que un simple video puede constituir una peligrosa amenaza para la vida de las personas, o para la estabilidad de un país completo.

La izquierda sigue trabajando a pesar del Covid-19. Las amenazas a las autoridades o personajes de notoriedad pública que se han declarado “no de izquierda”,  se han transformado en una constante en el comportamiento de estas personas cuyo único argumento es la violencia e intentar callar a quienes no piensen como ellos.

La pregunta que nos hacemos 95% de los chilenos (algunos más, otros menos) es: conocido lo que pasó desde el 18 de Octubre en adelante y cómo todo comenzó a arder (literalmente) en Chile al ver que el Gobierno no actuaba con decisión para detener una violencia inédita en sudamérica ¿Va a cometer el mismo error esta vez el ejecutivo, permitiendo que terminen de derribar a Chile completo?

Como le dije al editor de este medio, agradezco siempre ser tan, tan desconocido, que mi nombre no aparece ni en True Caller ID y mi cuenta en Twitter aún no tiene foto de perfil…

Plebiscito: La vulneración de los DDHH de los Adultos Mayores

En el marco de la discusión que se ha iniciado entre políticos de izquierda denunciando la intención del Gobierno de revaluar la fecha del Plebiscito constituyente, originalmente fijada para el pasado 26 de Abril y luego para el 25 de Octubre debido a la crisis sanitaria que afecta hoy al país, la postura y declaraciones de diputados y presidentes de partidos de oposición ha demostrado la falta de comprensión que éstos tienen respecto de la gravedad de la situación que afecta a los chilenos tanto por la propia crisis sanitaria como por los negativos efectos económicos que aun parecen lejanos, pero que serán inevitables.

La izquierda chilena se ha apropiado del concepto de Derechos Humanos. Ha creado una comprensión limitada del alcance de los mismos. La discriminación sistemática y los resultados adversos para un sector político son materia de corrección y acomodo institucional para retirar de agenda los resultados adversos a ese grupo, como ocurre en varios lugares del mundo.

En el caso chileno el grupo afectado es etario, se trata de los adultos mayores. No hay duda que ellos son vulnerables al contagio y deben aislarse especialmente para no exponerse a situaciones de aglomeración, con el objeto de evitar contagios que pueden ser , y de hecho son, letales en su caso.

El voto en Chile se realiza en estaciones con aglomeración, de eso no hay duda. Para quienes son adultos mayores la autoridad les recomienda aislarse so pena de contagio y eventualmente, alcanzar la muerte. La autoridad está diciendo: no puede ejercer su derecho democrático por pertenecer a un grupo vulnerable.

Esto es sin duda un caso de exclusión discriminatoria y una violación a los derechos humanos de esas personas ¿Cuál es el acomodo o remedio a esta situación? Esa es la interrogante. Porque si la autoridad no advierte del peligro y el adulto mayor tiene que ir a votar debido a que los políticos han establecido una fecha para el plebiscito sin considerar las situaciones de riesgo a las que expone a las personas, se contagiará y muy probablemente morirá. Entonces la autoridad es criminalmente negligente y eso ya es materia penal.

Qué solución es la más razonable, es la pregunta ante esta inédita disyuntiva democrática.

Obviamente el aplazamiento “sine die” seria la más aconsejable, hasta que el virus esté extinguido ¿1 año, 2 años? Lo que sea necesario, pero no es propio a la práctica democrática, excluir a ningún grupo sobre la base de alguna característica o vulnerabilidad. En este caso es la vulnerabilidad la que manda y coexiste con el grupo etario del adulto mayor.

¿Se arriesgaría la izquierda a excluir explícitamente a este grupo? ¿Seria presentable ante el mundo? ¿Seria legal? Qué hubiese hecho la ex mandataria Bachelet si esta situación de catástrofe hubiera ocurrido durante su mandato.

Los derechos humanos no son excluyentes, aunque algunos sectores pretendan apropiárselos para su uso y aprovechamiento político, y la izquierda debe comprender que la ciudadanía tiene derecho a ampararse en ellos cuando sus propios derechos son pasados a llevar por decisiones políticas que no están diseñadas para las personas, sino para sus propios intereses ideológicos.

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