Retiro del 10%: Una mesa con tres patas

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Sebastián Cristi. 

Es indudable el nivel de urgencia que impone resolver las necesidades que aquejan -ya gravemente- a muchos chilenos. Alimentar a la familia, pagar las cuentas de servicio para que no te corten la luz y el agua en casa. En el caso de la clase media, altamente endeudada, esperar con temor una carta de aviso con la mora en el pago de las tarjetas de crédito que ya están literalmente reventadas, así como las líneas de crédito de los bancos, la cuota del automóvil, el dividendo o el pago del arriendo.

Y es que a estas alturas del año, cuando ya ha transcurrido más de medio 2020, hay más de 600.000 nuevos cesantes en Chile. Primero fue el ataque sin consideración alguna por parte de turbas de delincuentes que destruyeron comercio e industrias a partir del 18 de Octubre de 2019, una fecha que jamás será olvidada por el dramático daño provocado a la democracia de nuestro país, y a las familias que vieron desmoronarse sus sueños, su trabajo y esfuerzo. Luego fue la pandemia. La llegada de un virus que no venía sólo a colocar en riesgo nuestra salud y a provocar miles de lamentables fallecimientos.

Las autoridades no tardaron mucho en confinarnos en casa y detener la actividad productiva para evitar la expansión de los contagios pero ¿Había un plan para sostener a quienes ya estaban cesantes y a las miles de personas que quedarían sin ingresos al no poder trabajar?

En poco más de nueve meses el país ha sufrido tres golpes mortales:

  • Violencia y destrucción a contar de Octubre
  • La llegada del Covid-19 a contar de Marzo
  • La moción inconstitucional del retiro del 10% en Julio

La gran cantidad de personas sin empleo, sin generación de ingresos para cubrir sus necesidades, sigue creciendo día a día. El Gobierno ha intentado, infructuosamente, apoyar a estas personas y sin embargo a todas luces no ha sido capaz de conseguir sus objetivos. El Ingreso Familiar de Emergencia fue una medida que pudo haber ido en el sentido correcto, aunque se cometieron errores que han dejado fuera de ese beneficio a miles de familias que desesperadas se inscribieron en la ficha social que permite acceder a la ayuda estatal, y aun se encuentran en estado “pendiente” en el sistema.

La semana pasada se anunció el plan de apoyo para la clase media, nuevamente segmentando sólo a un pequeño sector del 80% de la ciudadanía que es parte de las personas que trabajando durante toda su vida y generando impuestos, jamás han podido acceder a beneficios del Estado. El plan obviamente busca ayudar económicamente a algunas personas, pero estas tienen que demostrar haber estado ganando entre $ 500.000 y un millón y medio de pesos y acreditar que a partir de Marzo han visto disminuidos sus ingresos en 30% o más. Solo en caso de cumplir con esta condición, las personas pueden acceder  al bono, al mal llamado “préstamo” y a los beneficios para la vivienda y el CAE que el presidente Piñera anunció.

¿Qué pasa con quienes no ganan $ 500.00 o más? Muchos de ellos tampoco han sido ayudados con el IFE, no reciben cajas de mercadería, y no tienen ingresos. Se trata de personas que trabajaban en el mercado informal, o han quedado cesantes antes de Marzo del 2020. Recordemos que a Marzo, ya había 500.000 nuevos cesantes, lo que equivale casi al 5% de la población en Chile.

Si miramos este escenario con una visión técnico-teórica, puede parecer que un 5% de la población es un número insignificante. Sin embargo si miramos hacia la casa del frente, ahí donde vive esa familia que parecía estar bien pero desde hace días no vemos a nadie porque nos encontramos confinados en nuestros hogares, deberíamos preguntarnos si están comiendo, si tienen cubiertas sus necesidades mínimas.

Claro, todos tenemos el deber de hacer algo por la gente que se encuentra en nuestro entorno, en la medida de nuestras propias posibilidades. Pero ¿Es labor nuestra cubrir las necesidades provocadas por una situación de catástrofe en el que el propio Estado ha prohibido a la gente salir a trabajar y generar sus propios ingresos? ¿Podemos como personas cubrir todas las necesidades más urgentes de quienes realmente lo están pasando mal?

La Mesa de Tres Patas

Ante esta dramática realidad, Chile hoy puede ser considerado una mesa de tres patas. Coja y peligrosa al extremo que todo lo que aun se mantiene sobre su cubierta, ante cualquier movimiento puede caer abruptamente y hacerse pedazos.

La primera pata es la oposición. No toda, pero sí esa izquierda revolucionaria, que no quiere a Chile como nación, y que se encuentra peligrosamente enquistada en nuestro Congreso dictando leyes que nos afectan a todos los chilenos. Ellos han sabido leer muy bien las otras dos patas de esta tambaleante mesa y permanentemente les propinan golpes para que una de ellas caiga y, con ello, la estructura completa. La aprobación del 10% de retiro de los ahorros previsionales es uno de esos golpes. Probablemente el más contundente y la mesa ya ha comenzado a tambalear. Con sus manifiestos movimientos y golpes para botar el resto de las patas que sostienen nuestra débil mesa, la izquierda ha demostrado ser la más firme de las tres. Atacan día tras día y con tesón todo lo que permite que quede algo de estabilidad.

Pero eso no es todo: Astillas de las otras dos patas de la mesa se mostraron a gusto con el suave bamboleo provocado a la mesa con estos golpes, y poco a poco han comenzado a moverse pendularmente para ayudar a acelerar con su peso (voto y declaraciones) la caída.

La segunda pata es la Constitución. Una Constitución que ha demostrado funcionar, incluso en momentos como estos, cuando los propios parlamentarios han realizado modificaciones express a la misma carta magna, que aprueban en cuestión de horas al ponerse todos ellos de acuerdo. Esta pata se observa cada día más débil. Hoy es mirada con desprecio no solamente por esa izquierda de la primera pata, sino por parte de quienes se suponía la defenderían para conservar la institucionalidad y, sin embargo hoy votan favorablemente proyectos inconstitucionales.

La tercera pata es el Gobierno. Un Gobierno débil, temeroso, que acciona mediante resultados de las encuestas o, extorsionados por la violencia que alimenta la primera pata de esta mesa, o peor aun, por miedo a ser juzgados en el futuro por instituciones internacionales de Derechos Humanos. Puestas así las piezas del tablero, se entiende más el por qué el presidente Sebastián Piñera se ha acobardado en todos los ámbitos que le competen, incluido el propio respeto a la Constitución que juró defender al momento de asumir su mandato. Ejemplos sobran: indiferencia ante la destrucción del país a contar del 18 de Octubre, permisividad para que se instaure el terrorismo como mandatario en la Araucanía, no vetar leyes inconstitucionales a tiempo permitiendo que se transformen en bombas de tiempo para el futuro de Chile, etc. Una de estas bombas de tiempo es indudablemente la aprobación de este proyecto de retiro del 10%, el que garantiza el desplome completo de la economía del país y su estructura financiera, además de un daño irreparable a las futuras pensiones de los chilenos. No va a vetar la iniciativa, esta va a ser aprobada en el Senado y el propio Piñera firmará la Ley para publicarla. Porque no se arriesgará a que lo linchen públicamente las hordas.

En lugar de proponer planes de ayuda para todos los chilenos, se han cometido muchos errores por la premura ante la constante presión de la primera pata, que otorga 3 o 4 días para diseñar y anunciar medidas. Obviamente estas medidas son desprolijas y dejan siempre afuera a un porcentaje no menor de personas que realmente han sido afectadas tanto por la ineptitud del Gobierno para controlar la violencia en las calles, como por la posterior crisis producto de la pandemia.

El Gobierno, representado por su máximo y aparentemente único exponente, Sebastián Piñera, es la pata más débil de la mesa. La que ha permitido que el equilibrio no exista y ha colocado permanentemente en riesgo a todo el país, a la espera que algún milagro inesperado los salve. La pandemia fue un pequeño milagrito para detener momentáneamente  la violencia, sin embargo es un veranito de San Juan y los delincuentes ya han comenzado a asomar sus armas nuevamente con barricadas, molotovs y ataques a Carabineros y a la propiedad. El descanso existió, pero ya termina.

¿Cuál es la cuarta pata, la que falta?

En Chile falta algo que es propio de aquellos países que han podido sortear bien las crisis: la unidad.

Sin unidad de todos los sectores, incluso por parte de aquellos políticos que lo único que hoy quieren es derribar al Gobierno y a la institucionalidad sin importar las consecuencias para todos los chilenos, el país caerá. El desmoronamiento será de tal magnitud, que el Estado tendrá que hacerse cargo de repartir cajas de alimentos por muchos años, como única ayuda a la creciente masa de cesantes.

La unidad es la única característica de las sociedades sanas que permite que no se fragmente ni se auto-destruya. Sin esta, el futuro de Chile se ha puesto en riesgo para nosotros, y las futuras generaciones serán las que pagarán las más dramáticas consecuencias.

Para que exista unidad, primero debe imperar la responsabilidad. La aprobación del retiro del 10% solo evidencia el afán destructivo de la primera pata (la oposición), la falta de respeto hacia la Constitución que estos mismos personajes debían defender, evidenciando su traición a los chilenos y, el desgobierno que ha sido incapaz de administrar los programas sociales adecuados para evitar que la gente quiera sacar sus propios ahorros previsionales para sobrevivir, en lugar de diseñar y encausar planes de apoyo de forma correcta y transversal.

¿Existirá en Chile algún carpintero capaz de construir esta cuarta pata que necesita nuestra mesa, en medio de este terremoto político, social y económico?

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