¿Por qué se insiste tanto en un plebiscito forzando la fecha, a pesar del Covid-19?

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Columna de Sebastián Cristi

Convengamos que la idea de realizar un plebiscito para modificar la Constitución desde cero, ha sido un sueño largamente anhelado por la izquierda en Chile, como lo sería en cualquiera de los países del mundo donde ese sector político ha sido desalojado a lo largo de la historia.

El 18 de de Octubre pasado, todo comenzó con la evasión del pago de los pasajes en el Metro de Santiago. A contar de ese encendido de mecha “espontáneo”, surgieron otras acciones, ese mismo día, igual de espontáneas. Por ejemplo, la destrucción y quema de decenas de estaciones de Metro que las posteriores investigaciones demostraron que habían sido preparados con días de anticipación instalando dispositivos con líquidos acelerantes de alto poder al interior de los andenes.

Todo este “espontáneo” movimiento violentista que se escudó bajo la chapa de “demandas sociales” sólo buscaba un objetivo: modificar nuestra Constitución para entregarle el país a los políticos con más poder de persuación; es decir a los populistas que son capaces de ofrecer viajes a marte con todos los gastos pagados a cambio de un voto.

Existe un porcentaje importante de chilenos que son abiertamente ignorantes en materia política y por tanto, muy fáciles de engañar. El discurso populista que “garantiza” una vida en el paraíso embauca también a los fanáticos islamitas cuando, a cambio de inmolarse y llevarse consigo decenas de otras vidas, les esperarán 7 mujeres en el paraíso. Quienes caen ante el discurso fácil de la izquierda que critica todo pero jamás entrega una propuesta sólida para resolver los problemas que pueden existir en la sociedad, son finalmente la misma clase de fanáticos que caen redondos ante el paraíso terrenal que se les muestra desde el oráculo populista, al que tan acostumbrados estamos ya los chilenos.

Y es que no es difícil engañar a millones de personas instalando en su inconsciente que un sector político es culpable de todos los males que aquejan a la sociedad.  En todos los países del mundo existen problemas, pobreza, abusos de parte de algunos y dificultad para concretar exitosamente los proyectos de vida que todos anhelamos y, cuesta trabajo, esfuerzo y muchas veces sacrificio salir adelante. Para muchos, el éxito de otros es el gran culpable de nuestros propios fracasos.

Como dice el refrán, “el pasto del vecino siempre es más verde”. En un país como el nuestro, en el que la gente permite ser engañada una y otra vez, y la memoria es sumamente frágil, la izquierda se ha dado un festín instalando la idea de que los culpables de todos los males, de la infelicidad y de truncar nuestro futuro, son los empresarios y la derecha.

En tiempos en que todos han tenido grandes avances en lo económico y la pobreza comenzaba a desaparecer, la izquierda veía cómo su histórico discurso de la lucha de clases iba desmoronándose poco a poco. Ante la apertura de oportunidades para todos, el Partido Comunista y algunos remedos de izquierda integrados al FA tuvieron que instalar un discurso diferente en las mentes de quienes eran su público fiel: La clase media comenzaba a viajar al extranjero, pero para eso se endeuda. Compran autos, pero quedan prendados hasta terminar de pagarlos. Emprenden negocios, pero el trabajo es demasiado. Se gradúan como profesionales, pero les obligan a pagar sus estudios. Tienen salud pública, pero las demoras son causa de muerte. Hay pilar solidario para quienes nunca impusieron, pero es “indigno”.

Cada una de las demandas sociales tiene una base real, existe inequidad muchas veces impuesta por los abusos de algunos sectores a los que en algún momento se les olvidó que están ahí para entregar bienestar y que, aunque ese bienestar “extra” tiene un costo, no puede ser motivo para someter a la ciudadanía.

Ahora bien ¿Cómo pasó que algunas empresas y hasta el propio Estado comenzaron a abusar de la ciudadanía? No olvidemos jamás que hasta hace poco vivíamos en un Estado de Derecho y que en Chile se respetaban las leyes. Si retrocedemos sólo una década recordaremos que los primeros que comenzaron a pasar por encima de nuestra legislatura, fueron los propios políticos de todos los sectores. Y ante el ejemplo dado por esa gente, se da que muchos quieren comenzar a seguir el ejemplo que da una clase que demuestra que actuar al margen de la Ley, otorga sendos réditos y no existe sanción real.

Pues resulta que esos mismos políticos que son capaces de subirse las dietas (sueldos) en menos de 24 horas o, modificar la Constitución en sólo 12 horas para cambiar el sistema con el que legislan (teletrabajo en tiempos de emergencia), nos dicen que para superar todos los “abusos”, es necesario escribir una nueva Constitución. Es decir, lo que pueden hacer modificando la Carta Magna en pocas horas para beneficiarse ellos mismos, no lo pueden hacer para realizar los cambios que los chilenos necesitan.

En plena época de Coronavirus nos han demostrado qué tan fácil es modificar la Constitución cuando realmente les interesa.

Entonces ¿Por qué no lo han podido hacer para resolver los problemas de la gente? Probablemente porque saben que la mayoría de esas demandas no requiere cambio constitucional para ser resueltas, y en las que sí habría que realizar modificaciones simplemente no les acomoda trabajar por el país porque hace tiempo sólo lo hacen por su partido.

Hoy la discusión en el Congreso se centra en mantener fija la fecha del Plebiscito para el 25 de Octubre, y los políticos no quieren aplazar más el día porque se han dado cuenta que la gente, esta vez, sí está despertando. Permitir que el referéndum se posponga por más tiempo es dar más oportunidades para que triunfe el rechazo, y con esto se les caiga todo el trabajo que vienen realizando desde hace años para tomar el poder modificando todas las instancias democráticas, con el objeto de perpetuarse en éste. Eso es lo que busca realmente la izquierda cuando quiere imponer una fecha y un sistema de “hoja en blanco”, en ningún caso se trata de resolver los problemas reales de la gente ya que, si realmente ese fuese su interés, desde hace años estarían trabajando en ese sentido y definitivamente no lo han hecho.

Realizar el plebiscito en Octubre además, evita que los 2.260.222 adultos mayores que hay en Chile (fuente: INE) vayan a votar, a sabiendas que ese segmento etario de la población votará mayormente Rechazo porque tienen más experiencia y vieron actuar a la izquierda en el pasado. Las personas mayores de 65 años no irán a votar en Octubre porque el Covid-19 aún estará presente y no pueden arriesgarse a contraerlo y muy probablemente morir… por un voto.

En Chile hay 14 millones de personas habilitadas para votar. Los adultos mayores representan un 16,14% de los votos. Un porcentaje de esa magnitud da vuelta cualquier elección, y tanto la izquierda como algunos políticos acomodaticios de centro como Ossandón o Desbordes, lo saben.

Estos son los motivos para intentar imponer el 25 de Octubre como fecha para el plebiscito, “con o sin coronavirus”.

No buscan acuerdos para dar solución a las demandas sociales, porque éstas debería haberlas resuelto ya el Congreso. Se trata de aprovechar todas las armas disponibles para eternizarse en el poder, y están trabajando duro para ello.

Sebastián Cristi

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