23 septiembre 2021

Pobre Chile: Estamos en manos de una generación de inconscientes

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Cualquier persona con sentido común pensaría que los chilenos tomaríamos como lección lo sucedido en Italia que ya contabiliza 18.849 muertes por Covid-19, o España que ya lleva 16.081 fallecidos por el mismo motivo. Ningún caso se ha hecho a las medidas que adopta el Gobierno, porque de acuerdo al irresponsable ciudadano “no conozco a nadie que se haya contagiado, a mi no me va a pasar”.

El hecho es que solamente hasta este Jueves por la noche salieron de Santiago más de 41.000 vehículos a “vacacionar” por semana santa hacia otras localidades en la costa. 41.000 vehículos que en su interior transportan en promedio 3 personas cada uno, es decir 123.000 personas llegando a zonas donde el Covid-19 aun es incipiente y controlado, llegando desde zonas donde los contagios suben a diario.

Ninguno de estos personajes ha considerado que pueden ser portadores asintomáticos del peligroso virus que ya ha tomado la vida de 65 personas en Chile, o que podrían estar en la etapa de incubación, donde los síntomas no se presentan aun. Ninguna de estas personas se da cuenta de la irresponsabilidad que cometen al viajar y no respetar las medidas y recomendaciones de las autoridades. El “yo” es más poderoso, ese “yo” que los lleva a pensar que sólo ellos importan, que los demás se cuiden por si mismos.

Es el mismo tipo de personas que celebra la violencia en las calles porque, mientras no les toquen a su familia, sus empleos, su ingreso y su zona de confort personal, el resto puede hacer lo que se le antoje y, si hay que destruir una zona de la ciudad que “yo” no uso para reivindicar la molestia social, está “bien”.

Observar a chilenos que no toman conciencia, que no respetan a los demás, saliendo fuera de sus hogares a pasar unos días de relajo poniendo en peligro la salud y vida de otras personas, genera lástima. Lástima por una generación perdida que no aporta en nada cuando realmente se le necesita como parte de una sociedad unida y responsable, la única forma de enfrentar una pandemia que ha cobrado más de 100.000 víctimas fatales alrededor del mundo.

Pobre Chile. Un país que lo tuvo todo para convertirse en una nación desarrollada y que hoy, sólo por el comportamiento de un porcentaje de inadaptados no es posible enfrentar con optimismo una ola de contagios que va creciendo día a día y que, probablemente, nos llevará a lamentar una cantidad de fallecidos por los que luego estos mismos personajes inconscientes se estarán lamentando. Sólo pasará cuando estas personas comiencen a tener a sus padres, hermanos y amigos en los hospitales, conectados a ventiladores mecánicos, pasando a estado crítico y finalmente falleciendo. O muriendo directamente porque la cantidad de ventiladores disponibles no alcanzará para atender a los pacientes críticos que continuarán aumentando hora tras hora.

Pobre Chile. Un país en el que millones de personas han entendido la necesidad de la cuarentena, no la obligatoria sino la voluntaria, el distanciamiento social y quedarse en casa. Pobres de ellos, que a pesar de su sacrificio social, de obligarse a enclaustrarse para evitar ser parte de las víctimas y evitar que sus familiares, vecinos y amigos lo sean, terminarán igualmente contagiados o lamentando la muerte de familiares y seres cercanos. Todo por la irresponsabilidad de 41.000 automovilistas con sus familias que creen ser superiores al resto y hacer caso omiso a todas las recomendaciones y normativas.

Pobre Chile. Al igual que en política, hoy frente al coronavirus dependemos de una minoría que sólo piensa en ellos mismos, privilegiando sus propias expectativas por sobre todos los derechos de los demás. Hasta hace unas semanas la irresponsabilidad era contra la sociedad, la paz. Hoy, contra la vida de todos los chilenos.

Y pensar que en manos de desadaptados irresponsables  como estos se encuentra permanentemente el futuro de Chile.

Pobre Chile.

Jaime Ugalde T.

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