Nadie Sabe para quien trabaja… o el arte de encontrar a alguien a quien odiar

por Enrique Romo

George Orwell en su 1984, describe la necesidad de la hora de odio para que la gente tuviera libertad de expresión, aunque fuera de odio. Los tiempos modernos nos han dado varias figuras a quien odiar en diferentes épocas y lugares. Sarkozy, en Francia, no hace tanto era una de esas figuras; George Bush otra (aunque fuera más desdén que odio). Hoy sin embargo ese odio está concentrado en la figura de Donald Trump. No hay medio televisivo o escrito que no comente negativamente, o que no elija los reportajes más desfavorables para vilificar su imagen. Los canales chilenos ocupan valiosos minutos en eso, sobre todo ahora que John Bolton, ex colaborador de Trump en materias internacionales, ha escrito un libro lleno de “evidencias” negativas” contra el presidente americano, aunque su publicación este en duda por estar bajo disputa legal ante las cortes.

La Casa Blanca busca prohibir la publicación del libro, argumentando ante todo que Bolton ha violado la ley de seguridad al tratar de publicar material altamente sensible, para lo cual requiere de una dispensación especial del Ministerio de Justicia, cosa con la cual Bolton y su abogado no cuentan.

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Bolton es un personaje “halcón”, de postura dura en la política exterior americana. Sirvió bajo Bush JR, y fue instrumental en la guerra en IRAK en busca de armas de destrucción masiva. Trump nunca estuvo de acuerdo con esa guerra y, evidentemente, no estaba de acuerdo con los consejos de Bolton, por lo que lo desvinculo unos meses después de haberlo traído a bordo, cosa que dice haber hecho porque gente cercana le pedían que le diera una oportunidad y también porque a él le gusta tener puntos de vista contrarios en sus consejeros. Bolton no es una figura bien amada en Washington, y ciertamente no entre los demócratas; pero independiente de los US$ 2 millones de adelanto por su libro de parte de Simon and Schuster (¡Oh dinero, sucio dinero!), los demócratas lo han adoptado como un huérfano digno de protección, dado el valor que tiene para ese partido de repartir basura sobre Trump antes de la elección presidencial de noviembre.

Los países “del rebote” -así llamaba un amigo a Latinoamérica- porque no originan nada, sino que copian y adaptan las cosas para lograr máximo sensacionalismo. Chile no es excepción, y como tal su prensa y los medios le dan la bienvenida a noticias parciales y escandalosas, sobre todo si se trata de un posible descalabro del hombre más odiado del mundo. Dándole sitial preferencial a esa noticia, contribuye a satisfacer el ansia de sangre de sacrificio que promete tener y así “cumplir con el deber de la prensa de informar”.

En este ejercicio de odiar, caen moros y cristianos. Comentaristas de derecha atacan a Trump por su estilo y porque temen que haga un ‘” daño irreparable al mundo”. ¿Qué es eso de “pararle el carro” a China (nuestro principal socio comercial!), de decirle a los miembros de la OTAN que dejen de abusar de la generosidad americana y que “se pongan” con recursos como lo prometieron; o enfrentarse a la ONU y “cantarles la verdades” sobre sus organismos y amenazarlos con cortarle los fondos como de hecho se hizo con la OMS, o de dejar de participar en ellos, como en el caso de la Comisión de DDHH, o simplemente no aceptar su validez, como en el caso de la Corte Penal Internacional? Claro todo eso puede llevar a algunos a pensar que eso puede llevar a un daño irreparable, sobre todo si estaban acostumbrados a rendir pleitesía y a esperar beneficios de estas asociaciones cercanas de conveniencia.

Pero Trump ha sido claro de un principio. Él dice no ser el presidente del mundo ni su protector. El es el presidente de los Estados Unidos de América y se debe enteramente a la protección de los intereses de ese pueblo y por lo tanto actúa en consecuencia. ¿Se podría criticar a Trump de hipocresía por su discurso y su actuar en ese sentido? No olvidemos que antes de la pandemia los niveles de empleos y los logros de la economía americana eran históricos…y según los logros parciales en estos momentos en que se trata de salir de las restricciones de la pandemia; se dice que, en el primer semestre del 2021, EE. UU. estaría al mismo nivel de vitalidad económica que antes de la pandemia. ¿Preocupante, no es verdad? Ciertamente para sus enemigos políticos que no tienen con que atacarlo objetivamente, ni siquiera de demostrar preferencia partidista. Después de todo Trump reacciono instantáneamente a los requerimientos de estados específicos ante la pandemia, y los gobernadores de esos estados, demócratas todos, como en Nueva York, Nueva Jersey y California, han reconocido el apoyo y colaboración incondicionales que Trump les presto para atender la urgencia con la que se enfrentaban.

No solo eso, Trump es recurrentemente acusado de racismo, siendo esa el arma mas barata y vulgar de los demócratas hoy por hoy. Sin embargo, Trump respondió -pre COVID- con una reforma penal que daba segundas oportunidades a presos miembros de minorías, lo que ha sido alabado por lideres de las comunidades negras especialmente desfavorecidas por la justicia penal. Asimismo, ante los desgraciados eventos en Minneapolis asociados al asesinato de George Floyd, Trump reacciono de inmediato con seguridad y vigor, poniendo los recursos del FBI a disposición para que se investigue a fondo y se haga justicia. Al mismo tiempo, organizo mesas redondas para discutir reformas al actuar policial y crear nuevos estándares de conducta policial, cosas que distan bastante de ser muestras de racismo, sino mas bien gestos de preocupación por las minorías desfavorecidas, que además ha reforzado con programas de ayuda socio económica para barrios y sectores urbanos, mayoritariamente habitados por minorías raciales.

Para mayor referencia, no se puede acusar a Trump de fomentar la guerra ni de desplegar mas tropas en forma espuria o amenazante. El mundo no esta en mayor peligro hoy que ayer, en el periodo de la guerra fría o posteriormente. Entonces cuando se escucha a Bolton hablar de la “incapacidad de Trump” de hacerle frente a sus pares internacionales, como en el caso de Putin, del cual Bolton dice que “juega a la payaya” con Trump; tenemos que preguntarnos: “Where’s the beef”?, (Donde está la carne en esta hamburguesa vegetariana); porque, no nos equivoquemos, Trump ha impuesto las sanciones mas fuertes contra Rusia, sin parangón en la historia de los dos países, y sin embargo Putin ha estado muy callado en su esquina, sin decir ni hacer nada fuera de lo normal ya que parece saber que Trump lee su estrategia con antelación y tiene mas de una jugada en su manga. Después de todo, no es por nada que Trump es el autor del manual del “Arte de la Negociación”.

Por lo tanto, si esa es la “bomba” que contiene el libro de Bolton, este parece no ser más que una “bomba de ruido”. Las especulaciones que se escuchan sobre el contenido del libro basados en “supuestas copias filtradas” del mismo, ya han sido debidamente negadas por testigos, funcionarios del mismo gobierno en que sirvió Bolton, que también estaban en la misma reunión que él, dejando así un escenario de dimes y diretes donde es difícil visualizar como el libro en cuestión podría dañar a Trump. Mas aun el asunto de si Bolton violo la ley no es menor y podría costarle todo el adelanto de Simon & Schuster y aún más, incluyendo la cárcel.

Por lo tanto, y ahora me dirijo a los compatriotas de la derecha que atacan a Trump aprovechando el viento favorable traído por Bolton y su acto de traición e indiscreción profesional, piénsenlo bien, piensen ¿para quién están trabajando?

El mundo esta cambiando a velocidad pasmosa, y eso implica que los supuestos acerca de como conducirse en la vida política también deben cambiar. Trump ha traído un nuevo estilo a la política y ha desafiado situaciones y estructuras que él considera hipócritas y en relación con las cuales, no esta solo. Si hay algo que Trump ha logrado es que el vendaval de la globalización comercial se posicione sobre bases mas equitativas y justas, y en lo interno, liberar la actividad emprendedora del peso de la carga burocrática. Esto, si se emulara, podría devolverle fuerzas y abrir más opciones a nuestras economías devastadas por el impulso industrial chino y ahora, el COVID.

Trump ha puesto en aviso a China sobre sus comportamientos arrolladores en controlar los pilares del mundo moderno como en el caso de G5 y su avanzada en el Pacifico, y China sabe que Trump tiene la determinación de actuar si fuese necesario. Esto no es malo ni para Chile ni para China. China no es nuestro enemigo y es un valioso socio comercial…pero no significa que no tenga planes que perjudiquen el futuro de este país a largo plazo, para avanzar el suyo.

En lo interno, Trump realizo una mesa redonda sobre PYMES y revitalización económica en la Casa Blanca hace dos días junto a los gobernadores de Nebraska y Oklahoma. En ese video se puede advertir el interés que Trump pone en escuchar y animar a sus interlocutores. Su estilo no es agresivo ni descuenta la opinión de otras personas, y estas le agradecen no solo la invitación a participar, sino también la ayuda efectiva que Trump y sus colaboradores han puesto a disposición para ayudar el esfuerzo de pequeños emprendedores en sobrevivir la pandemia. Un Trump afable y atento en esas imágenes dista mucho de ser el ogro o el enemigo de la humanidad o del orden mundial que algunos quieren pintar. Los esfuerzos de su gobierno van en la dirección de apoyar el esfuerzo y la iniciativa de todos los americanos, sin distinción de raza o situación social. En ese sentido es un líder genuino y amante de su país. Por lo tanto, atacar a Trump porque pretenda recomponer el orden mundial sin desaventajar a su propio país, no es una estrategia inteligente. Trump al centrarse en el bienestar de su propio país, no solo nos muestra una senda válida para Chile, sino que también puede ser nuestro mejor aliado en reconstruir nuestro vilipendiado país.

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