Matar las AFP: Ignorancia, Desidia o Maldad

Enrique Romo

Recientes eventos en el circo de tres anillos llamado Congreso de la República, han dejado en claro que el país se debate entre dos dimensiones: una ignorancia profunda que se escuda detrás de una emoción muy fuerte, generalmente llamada envidia-odio; y, por otra parte, la desidia y perversidad de grupos humanos que parecen moverse al ritmo de la canción de los Rolling Stones: “Simpatía por el Diablo”.

El tema de las pensiones es, para decir lo menos, un asunto complejo, por lo que se presta para ser un detonante de estos extremos de la ignorancia, la desidia y la maldad; componentes centrales en la motivación y el comportamiento humano.

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Sin virtud, sin verdad es difícil hincarle el diente a un tema complejo. En tales materias, la historia es la única ciencia: lo que otros han hecho y ha fracasado, no se debe repetir…. a menos que se decrete que todo es relativo y que no hay verdades absolutas. Esa es la base de la desidia y la ignorancia, un subjetivismo que se come la cola con argumentos circulares, contradicciones, e incoherencias y que… en algún momento termina por partirse la cara contra el poste que siempre estuvo ahí, pero que se argumentaba que su existencia era cuestión de opinión.

En este planeta, el valor se crea de un solo modo: a través de los intercambios entre personas y grupos. Esto es una verdad absoluta, claro está considerando la fuerza de la gravedad como dato logístico fundamental. Otra verdad absoluta es que, si los intercambios son libres, se crea no solo valor, sino que también se mejora a la sociedad entera, que pasa a ser sólida y estable. La tercera verdad absoluta es que, si se elimina la libertad, la sociedad pasa a ser tentativa e inestable. La historia lo demuestra y lo documenta con lujo de detalles…a menos que queramos “reconstruir esa historia” con museos de la memoria que son un monumento a la “senilidad social”.

Hay una cuarta verdad absoluta y es que el ser humano expresa una perversidad infinita que en el pasado se interpretaba como el trabajo del demonio, sembrando confusión, equivoco, mentiras y engaños. La realidad es obviada y reinventada de acuerdo con una imaginación febril por lo que, como en el caso de Shakespeare en las brujas de Macbeth, “lo bueno es vil y lo vil es bueno”.

Cuando por años no se ha enseñado en las escuelas públicas que el valor se crea en intercambios libres, sino que por esquemas de “robo” por parte de los poderosos, cuando se cuestiona la riqueza por ser “sucia” y no la base de la civilización, no es sorprendente que las personas se empecinen en insistir que un sistema complejo de pensiones basado en el ahorro personal es injusto, y disfuncional. No se repara en que los sistemas del pasado no funcionaban, empobrecían progresivamente. Había toda clase de inequidades: mi propio padre forzado a jubilarse a los 60 años el año 1962, de un alto cargo ejecutivo en Ferrocarriles, recibió una pensión no reajustable. Cuando mi madre comenzó a recibir montepío después de su muerte el ano 1970, ya era una pensión desvalorizada y el ano 1973 ya era un pedazo de papel que tenia mas valor que el monto indicado en el cheque. Así que háblenme de “memoria histórica”, de hechos y de injusticia. El sistema antiguo era de no olvidar.

El sistema actual tiene sus problemas, pero son todos “perfectibles, como dijera José Pinera en un ahora famoso programa de televisión. El problema central es que el aporte máximo de un 10% es insuficiente y debería estar mas cerca del 20% para lograr un 70% del promedio de ingreso en los últimos anos de trabajo. Pero eso no es todo. Las lagunas en la cotización deben evitarse ya que estas impactan muy negativamente en la pensión final.

El otro problema es que la idea de un “ahorro forzado” es poco atractivo en un país históricamente pobre y así la idea de que un aporte voluntario a través de APV compensaría el porcentaje bajo de cotización o incluso las lagunas, es aún más aborrecido porque la gente quiere gastar para hoy y no pensar en el futuro. Este problema, por lo demás, no es único en Chile y afecta a todos los países, incluyendo los más afluentes.

Quizás el problema que convierte al sistema en una estructura vulnerable, es el hecho que solo se sustenta sobre un pilar y que a pesar de tener un pilar “solidario”, este no se topa a menudo con el pilar contributivo ya que sirven a dos públicos distintos: los que contribuyen y los “más vulnerables”. Una forma seria de mejorar todo esto podría ser contemplar pilares mas firmes y mas diversificados para crear un cuadro interrelacionado, pero más sólido.

Los fondos de AFP han rentado más allá de toda expectativa y se ubican en sitiales privilegiados en el mundo, pero el problema de bajas cotizaciones y lagunas, “aportillan” al sistema que no responde a las necesidades de la mayoría.

En comparación, Canadá tiene un sistema que, compartiendo algunos rasgos con el sistema chileno, aparece como un modelo digno de seguir para mejorar el sistema chileno.

Este sistema ha estado ahí por bastante tiempo por lo que no se entiende que no haya habido un interés en estudiarlo y emular los aspectos mas relevantes para los trabajadores chilenos.

Sistema Canadiense Resumido

El sistema canadiense tiene hasta 6 pilares que se complementan y aumentan las opciones y el bienestar de los pensionados.

En primer lugar, legislación que data de la primera guerra mundial, instituyó un sistema de pensiones “universales” para todos los ciudadanos (Old Age Security- OAS). Con 40 años de residencia en el país, ciudadanos y residentes permanentes pueden recibir el máximo de esta pensión que al día de hoy significa unos $300.000 pesos chilenos al mes. Esta pensión, que la reciben todos los que cumpliendo los requisitos la solicitan, en el caso de personas de mayores ingresos, estos la “devuelven” en su declaración de impuestos de fin de año. Debo aclarar que este beneficio que se paga de ingresos tributarios generales, es “para todos los ciudadanos” y no solo para aquellos que lo necesitan, como es el caso de las pensiones asistenciales, que son mas parte de bienestar social y no de previsión social.

En la década del 70, se instauró un programa contributivo, muy similar al sistema AFP, denominado Canadá Pensión Plan (CPP). La característica de este es que contribuyen el empleado y el empleador en una cuenta personal. Al comienzo este programa era administrado por el gobierno federal. Pero en los años 80, se decidió que se debería licitar esta administración a expertos financieros privados que invirtieran los fondos con mejores resultados. Las comisiones que estos expertos financieros cobran al gobierno federal son superiores a las comisiones que las AFP le cobran a los cotizantes chilenos. Dentro de este esquema se contemplan las pensiones de sobrevivencia y pensiones de invalidez.

La suma de estos dos programas puede ser un mínimo suficiente para permitir que muchos pensionados sobrevivan de forma digna. Sin embargo, si así no fuera por lagunas en los aportes al CPP u otros motivos, se puede acudir a un programa de suplemento, Guaranteed Income Supplement. Este último aporta la diferencia hasta un mínimo considerado suficiente para gastos básicos. En esto, GIS no es equivalente a las pensiones solidarias ya que cubren a un grupo más amplio, sobre todo, miembros de la clase media. Junto con OAS, GIS se “suma” al ingreso derivado de CPP (AFP) y esto favorece a la clase media, mientras que en Chile esto no sucede de la misma forma.

Canadá también cuenta con APV, llamado Registered Retirement Savings Plan. Funciona básicamente como el APV, un programa de ahorro adicional voluntario con márgenes de aporte máximo al año y con beneficios de postergar pago de impuestos sobre los montos enterados anualmente. La diferencia con APV es que mucha más gente lo usa, no solo porque los canadienses ganan mas que los chilenos, sino que porque el incentivo de ahorro es la postergación del pago de impuestos. En Canadá, 80% de los trabajadores pagan impuesto a la renta (2ª categoría en Chile), mientras que en Chile solo 20% lo hacen. Los retiros de estos fondos están sujetos a impuestos según el tramo correspondiente al beneficiario para cada año en particular, pero en el retiro de fondos se retiene una escala progresiva de impuestos partiendo del 10% hacia arriba.

Otro componente, mas reciente, pero muy interesante, es la cuenta de ahorro libre de impuestos (Tax Free Savings Account – TFSA). Esto no tiene beneficio de postergación de pago de impuestos, pero todo el crecimiento que ocurra dentro de esa cuenta no paga impuestos. La máxima contribución anual es de Can$6,000 (dólares canadienses), unos $2.500.000 pesos chilenos. Se puede contribuir cualquier monto, pero no se puede exceder el máximo establecido. En tiempo de exuberancia bursátil, esta cuenta puede ser una herramienta muy potente para asegurar crecimiento de patrimonio para los pensionados.

Por último, están los planes de pensión privados que establecen algunas corporaciones y los diferentes niveles de gobierno (municipal, provincial y federal), además de profesiones y oficios (doctores, camioneros, profesores, trabajadores de la construcción, etc.). Estos ingresos se suman a todo lo anterior y reflejan la importancia que se le da a la previsión que va de la mano con una industria financiera de gran envergadura y prestigio. Como anécdota, unos de estos planes el Ontario Teachers Pensión Fund, es dueño de la mitad de Saesa, demostrando que en materia de pensiones la inversión y la incidencia positiva en el crecimiento económico van de la mano, por lo que es inconcebible que políticos no entiendan esto y ataquen las bases de riqueza necesaria para el financiamiento de las pensiones que favorecen a la población.

En Canadá, queda claro que la arquitectura del sistema depende mas de las inversiones en el sector privado, que, de los ingresos del gobierno federal. Esto permite que se pueda tener un servicio público de salud que representa un gran alivio para la población en términos de no tener que realizar desembolsos ante vicisitudes de la salud humana.

Oponentes al sistema actual en Chile

La izquierda en Chile parece haber radicalizado su postura respecto a un sistema de capitalización individual, en parte debido a una ideologización absurda de la realidad y de una especia de puritanismo respecto al dinero, la empresa privada y los vicios que se adscriben al sistema demonizado como “capitalista”.

Es como si muchos “intelectualmente imberbes” en el Congreso creyeran como auto de fe, que no es correcto favorecerse de un sistema de libre emprendimiento y mercados libres.

La izquierda juzga la libertad que hace posible adquirir más abundancia y reducir la pobreza como “éticamente” contaminada y punto seguido, apunta a limitar esa libertad a través de un mayor control estatal, donde lo arbitrario y lo ideológico, reinan por sobre lo racional, lo razonable, lo verdadero.

Niegan las virtudes de la fórmula y por eso apuntan a derribar el sistema de pensiones tan central para el desarrollo económico del país. Lo cierto es que buscan poder y el sistema de libre empresa no necesita de sus burdos puntos de vista y menos de sus consejos sobre políticas internas. Por eso buscan a través del poder del Estado, mientras mas grande mejor, limitar, intimidar y entorpecer la gestión de la economía libre. Esa es desidia pura y maldad, sin duda.

No quieren entender la realidad por lo que es, e inventan narrativas febriles y distorsionadas. Tiene una audiencia de ignorantes, que no ha tenido educación y a los que se les ha llenado la cabeza de fórmulas excluyentes respecto a la creación de valor, los que aplauden y celebran al ver las conquistas políticas que prometen una falsa liberación, pero que terminan en llanto y desesperanza una vez que los objetivos anti-libertad consiguen sus propósitos concretizados en un estado socialista como es el caso de Venezuela, donde en las promesas todo sería posible, pero nada se logra.

La dependencia en los hechos es algo que la izquierda en general evita, como el gato al agua. La izquierda prefiere mantener el aspaviento como manera de argumentar, rasgar vestiduras y apoderarse de una plataforma alta desde donde gritar a los cuatro vientos su superioridad moral, que no es más que un grotesco monigote disfrazado de ángel con un relleno de mentiras y distorsiones. Por eso les gusta presentar casos de personas “que han trabajado toda la vida” pero no reciben pensión. Se les olvida decir que han trabajado, pero no han cotizado…como en cualquier sistema de pensiones, sea donde sea.

Se les olvida también mencionar las numerosas lagunas de cotizaciones que presentan muchos pensionados que enfrentan una vida de pobreza y frustraciones con pensiones paupérrimas. La solución propuesta es darle “pensiones dignas” a todos, sin tener en cuenta si han contribuido o no al sistema, confundiendo convenientemente lo que es un sistema de bienestar social con un sistema de previsión social, que son diferentes y deben mantenerse separados conceptual y administrativamente.

El voluntarismo inmaduro que subyace estas posiciones políticas desatinadas es parte de una visión ideológica, donde el trabajo y el esfuerzo no cuentan para nada en los cálculos previsionales, lo cual no es solo equivocado, sino también enormemente dañino a los incentivos necesarios para mantener una sociedad que necesariamente debe apoyarse en la producción de riqueza, en bienes y servicios, para ser sociedad funcional y próspera.

Asimismo, se les olvida que no hay civilización sin riqueza o abundancia y que por lo tanto los incentivos al trabajo y la creatividad productiva son fundamentales y no se deben alterar so pena de producir decadencia y ruina, algo en que la historia es inequívoca. También se les olvida que si no alimentamos al caballo que tira el carro o al buey que tira el arado, terminaremos en un estado paupérrimo como se observa en todos los paraísos socialistas igualitarios cuya sola exportación parece ser la estrategia insurreccional para tomar el poder y arruinar a las sociedades que demuestran una cierta capacidad de desarrollarse y darle mayor bienestar a su población.

Racionalidad y Estrategias

Por estas razones la racionalidad del sistema de pensiones basado en el ahorro individual es fuerte. Este mismo sistema se aplica con variaciones locales en Estados Unidos y en Canadá, amén de existir sistemas gubernamentales como el Social Security en USA (quebrado desde hace tiempo), y el más eficiente Old Age Security en Canadá.

Queda claro que, a mayor nivel de desarrollo en los países hay más componentes que pasan a constituir el sistema de pensiones que como en las varillas de una rueda de bicicleta, hacen al sistema mas fuerte y resiliente. Chile no puede estar basado en un solo componente como hasta ahora y cualquier reforma debería considerar la experiencia de Canadá.

Apostar por el ahorro y la inversión de estos en la economía local y mundial es sin duda la fórmula más racional para asegurar un seguro mejor. Por esta razón se debe defender el sistema actual y apresurar una reforma rápida del mismo.

En Chile el rol del Gobierno no está bien definido y puede necesitar una ampliación de responsabilidades para estabilizar y legitimar un sistema que debe verse como un solo sistema con varios componentes. La adopción de un programa como GIS en Canadá sería un avance y prestaría apoyo a la muy vilipendiada clase media. Asimismo, un concepto de universalidad como en OAS, puede dar dividendos de largo plazo a través de un aporte estatal al momento del nacimiento de todos los recién nacidos, independiente de su estatus socio económico. Esto aseguraría un porvenir que puede ayudar a capear las caídas que muchas familias de clase media acomodada han sufrido y de las cuales no se han podido recuperar. Un fondo de largo plazo sería una inversión inteligente y una valorización de cada ciudadano chileno.

Esta hibridación del sistema no tiene nada de extraordinario. Es la aplicación pragmática del buen sentido para estabilizar las cosas y evitar angustias y sufrimientos innecesarios. Pero esto no significa que la participación del Estado tenga que tomar la parte del león como pretende la izquierda, eliminando la exposición a las oportunidades de los mercados financieros y de valores que ofrecen crecimientos que el Estado por sí mismo no puede dar ni garantizar a menos que sea a través del engaño de la prensa de billetes. Esa exposición al mercado libre es una manifestación del consenso de una sociedad ante la importancia de la libertad que al recibir los beneficios puede también demostrar largesse a través de muchas iniciativas filantrópicas donde se aplica el sentido tan importante como el de la libertad al principio de fraternidad en la comunidad con buenas obras.

Hay que velar por el bienestar de la economía y de la comunidad, que es la que permite que estos ajustes puedan mejorar la situación de todos. Siguiendo principios utilitarios como el que dicta: el mayor beneficio para el mayor número, solo posible, en mi opinión si se cuida “la gallina de los huevos de oro”.

Como toda ave, la gallina de los huevos de oro, hay que verla del punto de vista de su capacidad productiva de bienes de alto valor y no por el sabor de su carne. La izquierda sin embargo insiste en arruinarle la vida y el hábitat a esta magnífica criatura sin querer tomar en consideración la delicadeza y conocimientos con que se le debe tratar. Es la “indigestión” de inmadurez del pensamiento de izquierda la que impide que pueda ver la realidad por lo que es y no por lo que imagina como un” sistema injusto”. Los hechos están a la vista, e incluso los (ex) comunistas chinos entienden perfectamente las virtudes del sistema productivo de libre empresa (aunque no tan libre en el caso chino quizás), que les ha permitido sacar a casi 500 millones de la pobreza extrema y elevarlos a un nivel de clase media acomodada. Es que los chinos, a pesar de la torpeza de Mao y su revolución cultural y experimentos chiflados que costaron la vida a 70 millones de almas, supieron en su interior guardar los valores de su cultura confuciana, con el respeto a sus tradiciones, a los mayores, a los ancestros, a la familia, al trabajo, al esfuerzo y a la palabra de honor empeñada; todas cosas de las que reniega la izquierda que ve el sistema de libre empresa como un simple blanco para alterar y destruir. La ausencia de pragmatismo y el poco apego a los hechos hacen que la posición de la izquierda sea una de total negatividad y animo destructivo, quizás con el afán de justificar la corrupción que se está produciendo en nuestras sociedades por lo que culpan exclusivamente al “sistema” (capitalista).

El que insiste en mantener que la realidad es una cuestión de puntos de vista, es alguien interesado en defraudar, en engañar. En síntesis, en mentir. Y eso es lo que la izquierda esta haciendo con respecto al sistema de pensiones en Chile. No es difícil ver que esto es una cuestión de mala voluntad y de ánimo destructivo para obtener apoyo fácil de gente mal informada y quizás, desesperada por una variedad de razones. Lenin incitaba a sus “cuadros” a trabajar para “agudizar” las contradicciones del sistema capitalista.

Eso es lo que la izquierda esta dispuesta a hacer por Chile, es decir, destruirlo. No aceptar que el sistema de libre empresa es el único que genera verdadera riqueza. la que puede llegar a todos los hogares si se insertan seriamente en un sistema de agregación de valor, sistema en el cual el ahorro personal y la inversión sabia pueden producir resultados asombrosos para una gran mayoría. Solo se necesita apuntalar la estructura actual que, a pesar de su idoneidad en muchos aspectos, necesita una puesta al día. El Estado puede ser fundamental en esta tarea, pero se requieren interlocutores serios e informados. Son dos aspectos que están ausentes por ignorancia, desidia y maldad.

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