Los políticos chilenos son desadaptados sociales, tienen que irse

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Diversos actores de la ciudadanía se encuentran molestos. Y no es para menos, con todo lo que está pasando en el mundo donde en Italia ya mueren más de 600 personas cada día por el Covid-19, y en Chile comienza a crecer el contagio con niveles que preocupan a todos, y además con consecuencias económicas muy difíciles de dimensionar para el país y las personas, parece increíble que estas personas que se han apernado a los sillones del Congreso ganando casi 20 millones mensuales entre dietas y beneficios sigan en discusiones políticas, usando la calculadora en cada decisión, y absolutamente despegados de la dura realidad que vive todo el resto de Chile.

Mientras el Gobierno está “haciendo la pega” enfocado 100% en monitorear y tomar decisiones minuto a minuto de acuerdo a los acontecimientos asociados con la pandemia, las Fuerzas Armadas y Carabineros también enfocados completamente en mantener el orden público y tomar las medidas para impedir que el contagio se expanda más rápidamente, los políticos en el Congreso y los que están a la cabeza de los partidos, prácticamente todos, siguen trabajando en base a la calculadora política viendo cómo obtener beneficio de esta tragedia mundial.

A partir de esta semana todo cambió. No solamente en Chile, sino en el mundo entero. Sin embargo nuestra casta política aun no se entera, y los vemos enfrascados en las mismas discusiones de siempre: que la paridad en las jefaturas regionales para la catástrofe, que si el plebiscito conviene hacerlo ahora o después, que los empresarios se verían beneficiados si entregamos tal condición o quitamos esta otra, que vamos a recaudar menos impuestos si posponemos el IVA o pago de contribuciones, etc.

Los ciudadanos por nuestra parte, estamos preocupados por lo que se viene. Es obvio que tendremos periodos de cuarentena y que debemos respetarlas. Es mucho más que de sentido común que la mayoría del comercio esté cerrando puertas y no se sepa cuándo las van a volver a abrir, o si realmente volverán a abrir algún día. La mayoría de la población comienza a quedarse en sus casas, muchos están quedando o quedarán sin trabajo luego de que este abrupto cambio en la vida de los chilenos comience a pasar la cuenta porque no todas las empresas tienen las espaldas suficientes para soportar dos, tres, cuatro o más meses pagando sueldos y gastos y, como consecuencias a la vuelta de la peor parte ya serán miles de Pymes y pequeños emprendimientos quebrados sin posibilidad alguna de revivir.

Los independientes, desesperados y de brazos cruzados, en las actuales condiciones es imposible “crear” algo, salvo contadas excepciones. La mayoría dejará de recibir ingresos y no podrá pagar a quienes dependen de ellos.

A toda esta realidad ineludible se une la incertidumbre. No saber cuándo terminará todo, y cómo terminará, provoca angustia.

Pero hay algo real: el virus llegó para cambiar nuestras vidas, y la mayoría estamos dispuestos a someternos a dichos cambios porque entendemos que no hay otra salida y debemos incluso aprovechar las oportunidades que nos trae a nuestras vidas. A pesar de todo el descalabro económico que trae aparejado, entendemos que esta es la oportunidad para detener el tren a exceso de velocidad que estaba moviendo la sociedad toda, no solo la chilena.

Por otro lado tenemos a los políticos. Ya al tanto de sus movimientos y comportamientos, podemos considerarlos desadaptados sociales al no alinearse ni actuar en consecuencia con el resto de la sociedad. Mientras el resto de los chilenos mira con preocupación el futuro y espera que los políticos, que son quienes tienen la sartén por el mango, actúen para buscar las soluciones y medidas de mitigación más acertadas, los vemos discutiendo POLÍTICA, esa “ciencia” que sólo favorece a las cúpulas y empobrece a las bases.

Entre ayer y hoy, los políticos en el Congreso y desde los partidos se han dedicado a criticar las medidas del Gobierno para mitigar el avance del Coronavirus, o a denostar las designaciones de los jefes zonales para enfrentar la catástrofe.

Pero “no sólo de coronavirus vive el hombre”, pensarán estos iluminados:  además siguen legislando con leyes express e incluso cambios constitucionales para correr las fechas de todas las elecciones que se vienen por delante. La del plebiscito por ejemplo, la fijaron sin consulta a la ciudadanía (nuevamente) para el 25 de Octubre, y desde ahí viene una sucesión de nuevos procesos eleccionarios que cuestan miles de millones y millones de dólares al país, y que sólo están para satisfacer sus propias ambiciones.

¿A quién le importa realmente el plebiscito en este momento? Sólo a los políticos, porque los ciudadanos entendemos que ahora nos toca bajar la actividad del país, sobrellevar una larga época de pobreza que se nos viene encima, y luego reconstruir la sociedad desde un nuevo punto de vista, más humano.

No podemos seguir dependiendo de este tipo de personas, lamentablemente a Chile le tocó la peor generación de políticos de su historia. Ante la peor pandemia del siglo y que nos toca fuerte y duro, siguen en sus rencillas ideológicas y una vez más, abandonan al “pueblo” al que constantemente acuden para efectuar sus promesas. Nuestro políticos no están a la altura, y a contar de este punto no deberían estar al frente de las decisiones país.

EDITORIAL

 

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