28 noviembre 2021

La persistente “fatal epidemia”, la ruin clase política y la crisis que el Chile Profundo deberá superar unido

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EDITORIAL JUEVES 1 DE ABRIL 2021

Hace varios días, se anuncio oficialmente en Europa que la Vacuna contra COVID de Astra-Zeneca tiene serios problemas, por detectarse 31 casos de Trombosis, lo que obligo a Canadá a reducir los grupos de edad en los cuales se seguirá aplicando.

Los Gobiernos de USA y del UK dicen que sería segura y que sus beneficios superan sus riesgos, pero el hecho existe; las de SINOVAC y Moderna Lab se mantienen siempre como las más seguras, aunque no existe información suficiente sobre la predicción de su efectividad sobre nuevas cepas vírales, debiendo actuarse como si el efecto de la vacuna pudiese ser menor frente a ellas que con la cepa SARS-CoV2 original.

Recordemos que ya existen nuevas cepas que hasta triplican y cuadruplican su capacidad de transmisión; y se han identificado ya por secuenciación genética las cepas Inglesa, Sudafricana, Nueva York y Brasileña, esta última ya con una nueva variante; y se estudian otras en India y en Rusia.

Estas novedades reiteradas por fuentes oficiales y entes serios como la BBC, más las malas cifras de contagios en Chile y en otros muchos países (la UE está en su 4” Ola), debidas a la gran circulación viral, se ha visto muy potenciada por una conducta riesgosa e irresponsable de parte suficiente de generaciones jóvenes, hoy contestatarias, individualistas, renuentes y rebeldes que, incluso, llevan el virus a su casa (hoy predomina el contagio intra domiciliario e intra grupal), lo que se suma a acciones de gobiernos populistas en Europa y América, laxos e ineficientes en cuantificar con PCR a los portadores en su población y también deficientes en el control de la epidemia y en vacunar a sus comunidades más vulnerables. Ello hace concluir con base científica y empírica sociológica, que la epidemia durará mucho más tiempo que seis meses más. En Chile, entonces, debería concentrarse el esfuerzo, bien hecho en lo técnico sanitario tanto en lo hospitalario como en Atención Primaria-APS, reforzando un aspecto esencial y crítico por influir y hasta condicionar la conducta: por un año, se ha dejado campo libre a desinformar y a mucha deformación periodística sesgada sobre el problema médico-social severo que padecemos, como si no existiesen entes especializados del MINSAL, muchas Facultades de Medicina y diversas Sociedades Médicas Científicas o expertos en salud mental que midan el fenómeno de renuencia social a cooperar en esta lucha para lograr más empatía comunitaria, mediante la intervención que cambie o module los comportamientos de alto riesgo en Chile.

Esta falencia general formativa de la población ha dejado al público a merced de los medios (ahora se preparan y esperan escandalizar cuando mañana 02 de abril lleguemos a superar el 01 millón de infectados y luego las UCI no tengan ningún cupo), quienes de todo hacen su morbo para lucrar por avisaje y no ayudan a la toma de conciencia de las personas indolentes y no solidarias, que en absoluto se sienten amenazadas por la enfermedad.

Los ministerios de Educación, Cultura, Desarrollo Social y Economía, entre otros, deberían participar más y sumarse al esfuerzo global en torno a lo sanitario, económico y mediático.

Por su parte, uno de los disociadores y el mayor contribuyente al empeoramiento de los efectos de la pandemia, ha sido la desbocada e intelectualmente paupérrima clase política actual en el Congreso y muchos municipios, que vio una oportunidad de Poder y ha usado también la Salud y la Inseguridad de la población para cosechar mezquinos dividendos que aunque sean letales para el bien común, les podrían resultar ventaja para sus tiendas partidistas o para sus liderazgos y egoísmos personales, tal que permitan el juego efectista sobre gente agotada, confundida y engañada, lo cual es patético cuando en medio de la peor crisis en un siglo, el único país del mundo emergente o desarrollado que quiere cambiar la estructura del Estado y la sociedad, en el peor momento, es Chile, incluso sin saber aún en cual dirección y sentido: nuestro país se asemeja a un motín en un buque de madera en medio de la más convulsiva y negra tempestad, donde se quiere tirar al mar al navegante, a los instrumentos de navegación y a los mapas, entrando los tripulantes a pelearse sobre que habría que hacer para no quebrar quilla en las rocas y naufragar en una tormenta que durará todavía cerca de dos años. Así, pareciera ser que la crisis política, sanitaria, económica y mediática en que vivimos, incluido el factor violencia e ignorancia, será demasiado para esta clase política incapaz de razonar e impedir el ciego dogmatismo extremista y el enfrentamiento.

La pregunta es si la parte de la población más cuerda y prudente caerá en la cuenta de lo que se juega y la amenaza, obrando en consecuencia; o si huirá apanicada y se ocultará con total alienación, temerosa e individualista, dejando que otros se jueguen y decidan, imaginando que la anarquía no golpeará a su puerta y no los transformará en víctimas, cuando sabemos que sí llorarán por su omisión suicida.

Al presente, hay muchos más motivos de Protesta que cuando se fraguó el “estallido” delincuencial que aprovechó el reclamo del 18.10.19; pero hoy es contra el riesgo del caos generado por la clase política, los terroristas del sur, los subversivos disfrazados de inmigrantes, los vándalos citadinos, las mafias narco y la delincuencia común, que se han servido y se sirven de la pandemia y de una población a la que robaron su real Reclamo Ciudadano y su dolor por el trauma sanitario y económico del virus chino, para empeorar más aún la impunidad de los corruptos, tratar de colapsar la capacidad del Estado, de quebrar los ahorros previsionales personales y de transformarnos en peones de ideologías populistas, ultra, anti patria y demoledoras del ser nacional.

La mejor opción para Chile y los chilenos, todos sin excepción, tanto en lo sanitario y laboral, como en lo político donde se juega el Poder, es unir fuerzas y mejorar las conductas para bien concentrarnos ahora en la Pandemia que va para largo; y definir no en medio del mayor riesgo, sino junto con la elección presidencial y de congresistas, cuáles ciudadanos tendrán el mandato de proponer nuevas normas de rango constitucional. La elección en Mayo, cuando recién en julio se habrá logrado proteger a 3/4 de la población con una vacuna que aparentemente mejora defensas pero no hará desaparecer el COVID y menos las nuevas cepas de mayor peligro, es muy imprudente. Se hace con un ciudadano elector traumatizado y exhausto, es funcional a los políticos y candidatos, pero no a la población. Y es, desde la prioridad del bien de toda la comunidad, del todo irracional.

Editorial La Vereda

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