20 octubre 2021

La narrativa: Abuso del lenguaje

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por Enrique Romo

Tenemos que dejar de abusar el lenguaje o pagaremos un precio imposible de financiar. Cuando el lenguaje se usa sin tener un entendimiento “educado” de lo que significan las palabras se empieza a crear una “realidad imaginaria”, real eso si, como dice la ley psicológica que reza que “lo que se concibe como real, es real en sus consecuencias”. Si el niño piensa que la sombra en la pared es un monstruo, seguramente se orinara en la cama.

Claro, la imaginación pasa por la narrativa del cuento y se concretiza en libros en programas radiales, de esos antiguos que lo mantenía a uno pegado al aparato, fascinado, transportado. Pero el cuento, fascinante y todo, seguía y seguirá siendo eso, un cuento, no una realidad, a pesar del simbolismo y mensajes subliminales que pueda contener.

La apropiación de palabras en el contexto nebuloso de una “mentalidad de cuento” es algo que se evidencia a diario en el Chile de hoy. Esa confusión entre realidad y fantasía donde no hay línea demarcatoria, donde se nada en un mundo de ensueño, donde lo subjetivo quiere poblar lo objetivo y real, de la misma manera que la selva puebla y recubre antiguas ruinas, nos pone ante un precipicio que ni siquiera es entendido en su cabalidad. Cuando la confusión da lugar a neologismos que pretenden crear realidades que no son tales sino deformaciones afiebradas de una búsqueda de identidad por medios de dudosa intención y oscuro origen, empezamos a hundirnos en una ciénaga sin fondo ni destino.  Es el caso de la identidad de género. Una cosa es “analogizar” a partir de una parlanza creada por las tecnologías de la información, parlanza que cambia y aumenta de tamaño en el tiempo, y otra cosa es sobre extender estas prácticas para “cubrir” y transformar el mundo anterior a la revolución informática. Jerarquía no es “opresión”, “Patriarcado opresor” no es paternidad responsable como la vivimos muchos, autoridad no es sinónimo de “victimización”, y estatus y patrimonio obtenido con esfuerzo y sacrificio no son “privilegio”.

Si, y de privilegio es que quiero hablar. Como sugiere su origen latino, Privi+lege, quiere decir que es una disposición o derecho que le da beneficios especiales o inmunidad a ciertas personas. Esto no incluye la obtención de recursos por medios lícitos para tener una vida mas cómoda y mas rica en recursos básicos. Es decir, la riqueza así definida no es ni puede considerarse como un privilegio; sin embargo, los tratados internacionales que le dan tratamiento y protección especial a, por ejemplo, los pueblos originarios, si lo son. También lo son las potestades y protecciones entregadas a nuestros políticos y miembros del poder judicial; o los beneficios a receptores de prestaciones enfocadas desde ciertos criterios como pueden ser los ingresos u otros factores que excluyen a muchos sectores de la población, también lo son. Los casos de discriminación positiva en materias de empleo según bases de genero u otros como discapacidad o edad, también representan privilegios.

Esto sorprenderá a muchos que han llegado a pensar que algunos de estos ejemplos son materia de “derechos” (sociales u otros), no entendiendo que, si los derechos son tales, están legislados, y si se refieren a ciertos grupos y no a otros, entonces son privi+leges, porque lo que no es privilegio es algo formalmente aprobado, como acción legislativa u administrativa que considera “la igualdad ante la ley” como como concepto de base.

Pues entonces, como explicar que las clases con mas recursos sean vilipendiadas regularmente como “privilegiadas”, queriendo con ello apuntar a sus bienes y accesos como de algún modo “sucios e impropios”, una forma de “estigmatizar” (en el sentido que le da la Sociología) y denostar a estos grupos para producir un sentido de culpa y vergüenza en ellos o respecto de ellos. Esto se ha utilizado políticamente siendo en lo principal, un ardid ligústico, de la misma forma en que se ha demonizado al “lucro”, que es una voz latina que solo significa “ganancia o beneficio”, pero que se entiende como si fuera “lacra”.

La manipulación del lenguaje crea de hecho “realidades fantásticas y falsas”; esconde la verdadera naturaleza de las acciones políticas y legislativas que, como hemos demostrado, hacen pasar a los verdaderos privilegios como “derechos”, y disfraza a los derechos de propiedad legítimamente obtenida como son los ingresos y bienes, como privilegios para contaminarlos de ilegitimidad y estigma. El mal uso del lenguaje, su uso mal intencionado crea “narrativas” mentirosas e inexactas, reñidas con una “teoría de la correspondencia”, que busca unir y asociar las palabras a realidades objetivas y bien definidas que puedan ser constatadas por cualquier persona razonable y de buena voluntad.

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La narrativa: Abuso del lenguaje
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La narrativa: Abuso del lenguaje
Descripción
Columna de opinión de Enrique Romo acerca del secuestro de ciertas palabras para inducir a errores en su interpretación, sobre todo en la narrativa política.
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La Vereda
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