La izquierda chilena: un estorbo en el camino

Columna de Izkio Redhat

Cómo no recordar con natural romanticismo esas palabras, esos gestos y cariños mutuos que se proporcionaban Gobierno y la izquierda a partir de aquel memorable 18 de Octubre cuando esa misma izquierda, aleonaba a sus fans para que salieran a las calles, tomarse los espacios públicos cada día, cada tarde, cada noche, y  algunos más aventurados, saquear lo que encontraran a su paso y de yapa, incendiar estaciones de metro, supermercados, fabricas, lo que fuera porque “Chile despertó”.

El Gobierno, paralizado. La izquierda, gozando del esperado espectáculo, todo saliendo de maravilla y de manual, porque contaban con delincuentes habituales, prontuariados, dispuestos a lo que fuera a cambio de cerveza, unas jaladitas, y cuantiosos botines atraco tras atraco, con la garantía de una férrea defensa por parte de la sucursal INDH en caso de ser atrapados por las represoras fuerzas de orden dirigidas por “la dictadura de Sebastián Piñera”.

Todo, todo iba bien. Marzo sería un mes simbólico y al mismo tiempo definitivo. A partir del 8 de Marzo, el día de la mujer, estos atentos feligreses de las cúpulas del partido comunista y frente amplio habían sido llamados a incrementar la violencia, a “quemar el país”. Y de pronto, ocurrió lo inesperado. No, no se trata de que el presidente de Chile hubiera decidido aplicar las leyes y hacer valer el Estado de Derecho, o exigiera a esos líderes cumplir con el “acuerdo por la paz firmado (versión 1 y versión 2) y aislaran a sus fanáticos para proteger a la población civilizada, o el mismo mandatario hubiera revelado los nombres de cada uno de los líderes opositores que se encontraban ocultos tras la organización de la insurrección.

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No, lo que ocurrió es que finalmente apareció el “enemigo” inesperado, un coronavirus letal para la población, arrasando vidas a su paso como una ola negra proveniente del norte, que no perdona a nadie.

“Todo se derrumbó”, les cantaría en la cara el cantante mexicano Emmanuel, si fuese chileno, claro.

A partir de entonces el escenario cambió por completo y, la izquierda tuvo que “guardarse”. No lo hicieron de buena gana, por cierto que no. Pero finalmente tuvieron que aceptar lo inevitable: la pandemia que azotaba el mundo entero con miles de inesperadas muertes, había llegado a Chile tras cinco meses de destrucción del país y sus instituciones.

No es un bocado fácil de digerir luego de tanto esfuerzo, la izquierda invirtió mucho tiempo y dinero para  adoctrinar a millones de jóvenes y organizar esta revolución que les permitiría tomar por la fuerza el poder que no obtuvieron en las urnas.

Yo lo veo como una catapulta muy costosa que lanzó un certero tiro contra el blanco pero, alguien movió el blanco justo antes de que el misil llegara a destino. Aun me pregunto cómo lo verán aquellos que invirtieron tanto dinero y tiempo  y ver truncados sus planes a último momento, cuando ya se habían gastado gran parte del presupuesto.

El oasis de calma llegó y permitió a los más ingenuos, esa secta de adoctrinados seguidores del buenismo que “entendía y apoyaba a los pacíficos manifestantes”, comenzar a enterarse que jamás hubo 280 personas que perdieron globos oculares, fueron 4 y estaban participando en violentos ataques a Carabineros.  Que el fotógrafo Gatica, quien perdió la vista en ambos ojos, no era fotógrafo finalmente y, estaba participando en ataques a Carabineros cuando, luego se descubre que queda ciego por la participación de sus propios compañeres. Que el estudiante de medicina no fue violado por Carabineros y, que se trata de un mitómano compulsivo, además de ladrón de supermercados. Y así un largo etcétera.

Ahora estamos bajo los efectos de una crisis sanitaria sin precedentes en nuestro país y, mientras el Gobierno y la mayoría de las personas se esfuerzan por lograr que exista la menor cantidad de fallecidos posibles, y que no aumenten los contagios de forma explosiva para poder tratar a los enfermos, tenemos a una izquierda frustrada, casi perdida y desfinanciada para iniciar su “estallido 2.0”, atacando cada palabra y cada medida proveniente del Gobierno o el ministro de Salud.

Tenemos un Congreso con exceso de parlamentarios, la mayoría de esa misma izquierda. Podríamos esperar que el Congreso, ese lugar habitado por seres divinos, dioses del Olimpo chileno, que fueron elegidos por “el pueblo” para velar por nuestro bienestar, estuvieran trabajando a toda máquina, día y noche… por nuestro bienestar. En lugar de ellos dedican su trabajo legislativo a entorpecer al Gobierno para que no tenga éxito en su batalla contra el virus y las graves consecuencias económicas para nuestra sociedad.

Y es que el Gobierno continúa siendo “el enemigo”. La muerte de la población les sirve para demostrar que “el Gobierno lo hace mal”. Esas muertes, mientras más sean, son sólo “daño colateral” para conseguir sus propósitos. Porque realmente jamás les ha importado la vida o el bienestar de las personas.

Vemos a la oposición de la mayoría de los países alineadas con los Gobiernos, trabajando juntos y con un discurso de unidad. El caso de Portugal es probablemente el más emblemático. En Chile en cambio, la oposición -principalmente el partido comunista y el frente amplio- se han transformado en la piedra en el camino para todas las medidas que se plantean. Un verdadero estorbo. esa izquierda equivale a ese “amigo” que al verte caer en desgracia va y además de meterte el dedo en la llaga, te roba.

Que agradezcan esos políticos que yo no soy el presidente de este país. Porque de serlo, hace tiempo hubiese aplicado toda la Ley sobre cada uno de ellos: cada diputado y senador que ha traicionado su juramento y ha usado sus cargos para intentar derribar la democracia, también para cada uno de los “oficialistas” que han permitido que esto pase. Cada líder opositor que traiciona a todos los chilenos al justificar la violencia para disculpar la pega mal hecha por quienes tienen la obligación constitucional de trabajar para resolver los problemas de la sociedad. Y, a quienes votaron por ellos, los enviaría a barrer calles y a reconstruir todo lo quemado, pintarrajeado y destruido por sus “líderes”.

La moral, la vocación de servicio público definitivamente no son parte de las cualidades de estos personajes. Y como no están dispuestos a trabajar para ayudar a resolver algo en lo que todos esperamos soluciones y apoyo, deberían apartarse y permitir que quienes sí se esfuerzan todos los días para permitir que la situación País, la salud y la economía de las personas, puedan avanzar sin el estorbo que ellos representan.

Izkio Redhat

 

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