La fórmula socialista para “solucionar” la pandemia: quebrar los países

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Archivo La Vereda

A las palabras de Michelle Bachelet, emitidas hace unos días llamando a crear un “nuevo sistema económico mundial” ante el “fracaso del capitalismo”, se suman las acciones de presidentes como el de nuestra vecina nación, Argentina.

El presidente transandino, Alberto Fernández”, ha optado por aplicar una política de fijación de precios que está provocando severos problemas de abastecimiento en su nación. La banda de precios fijada para el trigo hace una semana, con el objetivo de que no se produzcan alzas en el precio del pan, estableció un valor por debajo del costo de producción. Esto desencadenó una ola de protestas por parte de los agricultores, quienes según relató Gonzalo de la Carrera en el programa Arde Troya de este viernes,  pasaron las trilladoras por encima de las plantaciones de trigo advirtiendo al presidente que no estaban dispuestos a regalar la producción.

Hoy se ha sumado el mundo avícola, cuando el Gobierno trasandino nuevamente establece precios fijos para el valor del huevo que se encuentran un 67% por debajo del precio actual de venta, representando una pérdida de alrededor de 27% por debajo de los costos de producción. En un video enviado por uno de los productores a las redes sociales, relata que además de vender bajo el costo deben donar 10.000 huevos semanales a la comunidad, aumentando aun más sus pérdidas. De no hacerlo, el Gobierno que esta semana se declaró en default financiero,  les advirtió que toda la producción les será decomisada para repartirla a la gente.

Este tipo de medidas cortoplacistas y populistas propias de la izquierda internacional que jamás ha trabajado produciendo, sino exprimiendo los recursos de quienes sacan adelante los países con su esfuerzo, es el calco de lo sucedido hace algunos años en Venezuela, donde prácticamente ya no quedan industrias en pie por el mismo motivo: hacer quebrar a los empresarios aplicando fijación de precios por debajo de los costos de producción.

Este es el nuevo sistema económico global que promueve Bachelet al alero de la ONU. Uno que pretende reemplazar el esfuerzo personal y aumento de la productividad aplicando incentivos, por otro clientelista que exprime los recursos del país. El problema de este “sistema” es que es el mismo de siempre que ha soñado la izquierda para los países que se mantienen bajo su yugo: las empresas, las industrias quiebran y el Estado no es capaz de mantenerlas en pie, llevando a la ciudadanía directo a la miseria y al país a un default financiero imposible de solucionar.

Esto es lo que al parecer pretende la izquierda en todos los países que han podido intervenir. Atacan fuertemente toda iniciativa orientada a balancear los efectos de la crisis sanitaria y la crisis económica para evitar la quiebra económica y permitir que los países salgan a flote nuevamente tras la recuperación pos pandemia, y proponen fórmulas comprobadamente fracasadas a lo largo de toda la historia.

La fijación de precios no es más que el ansia de control absoluto sobre la población. La izquierda sabe que esa fórmula siempre lleva a la quiebra económica y, de este modo una vez que ellos mismos provocan el problema, luego otorgan una “solución” que no es más que proporcionar migajas a la gente haciéndoles dependientes absolutos del Estado, aunque los mantienen siempre en la línea de la miseria porque, no existen más recursos y, aunque existieran, su objetivo jamás ha sido mejorar la situación de los ciudadanos.

¿Es a esto a lo que se refiere Michelle Bachelet cuando habla de un “nuevo sistema económico mundial para reemplazar al fracasado capitalismo”? Porque hasta ahora esto es lo único que se ha visto desde su sector, ninguna otra “propuesta” real. Sólo discursos populistas para ganar adeptos entre los más necesitados.

Para solucionar el problema de la pandemia se requieren recursos. Sin recursos no hay cómo solventar los gastos en medicina, personal, maquinaria e infraestructura. Con populismo no se compra un ventilador mecánico, mascarillas, guantes ni se pagan los sueldos del personal de la salud. Tampoco se paga la producción de alimentos para la población en épocas difíciles. Lo único que mantendrá a flote a cualquier país en una situación tan crítica como la que estamos viviendo, es la cordura y sensatez para ayudar principalmente a las Pyme, los agricultores y la industria de alimentos a mantenerse en pie abasteciendo a la ciudadanía. Pretender acabar con esas industrias para obtener un efecto populista, es asesinar a las personas en un muy corto plazo. Por hambre o por el Covid-19.

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