En Cuba un periodista independiente es casi un corresponsal de guerra

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José Antonio Evora
Radio Televisión Martí
Estados Unidos.

Una de las periodistas independientes cubanas que más represión y acoso ha sufrido en los últimos meses a manos de la policía política, Camila Acosta, cree que ejercer ese oficio en Cuba hoy por hoy es casi igual a trabajar como corresponsal de guerra.

“El asedio que tienes constantemente de la Seguridad del Estado: hacer periodismo independiente en Cuba casi que es ser un periodista de guerra, porque estás sometido constantemente a todas esas presiones”, dijo Acosta desde La Habana en entrevista con Radio Televisión Martí a propósito del Día Mundial de la Libertad de Prensa.

No solo hay que desafiar a los agentes de la Seguridad del Estado y sobreponerse al acoso policial, manifiesta la corresponsal del sitio de noticias CubaNet. Uno de los principales contratiempos es estrictamente profesional: cómo conseguir la información cuando se trata de fuentes oficiales.

“Una de las barreras que tenemos es el acceso a las fuentes”, declara Acosta, de 26 años, graduada hace cuatro en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de La Habana y activa en el periodismo independiente desde que renunció a seguir cumpliendo servicio social en la televisora oficial capitalina Canal Habana.

“La mayoría de las veces no podemos consultar, por ejemplo, organismos ni instituciones, [no podemos] entrevistarlos, simplemente porque no te dan la entrevista o porque te piden una carta del centro laboral, y cuando les dices de qué medio eres, entonces ya definitivamente no te dan la entrevista”.

Otra cosa es que, cuando van a filmar o a grabar, deben hacerlo con extrema precaución para poder burlar la vigilancia impuesta por el gobierno.

“Yo lo pasé ahora con el tema este del coronavirus”, indica Acosta. “Salí en una ocasión a grabar las colas en La Habana y tenía que hacerlo con mucho cuidado; están poniéndoles multas a las personas que graban en las colas”.

El asedio de la policía política es extremo. A ella, por ejemplo, prácticamente la desalojaron de la vivienda que rentaba mediante presiones a los dueños del lugar, y la amenazaron con que iría presa, pero no a una cárcel, sino a cumplir “trabajo correccional sin internamiento”, un término que en la práctica significa obligarla a barrer calles.

En esos casos, la actitud de los oficiales de la Seguridad del Estado es muy insolente, declara la periodista independiente.

“No llegan a ser violentos –me refiero a violencia física–, pero sí violencia verbal”, testimonia Acosta. “Trabajan mucho la psicología. En mi caso fue una escalada represiva: primero ‘me regularon’, empezaron las citaciones policiales ‘para conversar conmigo’; primero tratar de convencerme para que abandonara el periodismo independiente o que colaborara con ellos”.

Cuando se dieron cuenta de que no iba a hacer ninguna de esas cosas, le advirtieron que tendría dos opciones: largarse definitivamente de Cuba o quedarse e ir a la cárcel por seguir haciendo periodismo independiente.

“Ellos [los agentes de la Seguridad del Estado] trabajan mucho eso: la psicología, la amenaza; una falta total de respeto”, subraya Acosta. “Todo esto forma parte de la presión que ejercen sobre ti, e incluso sobre tu familia, para hacerte abandonar el periodismo independiente”.

Acosta forma parte del grupo de comunicadores independientes que, en virtud del Decreto Ley 370, han sido multados con3,000 pesos cubanos, el equivalente a 120 dólares. También le decomisaron su teléfono celular.

“Me están armando un expediente criminal: el represor me lo dijo bien claro: te vamos a llevar a prisión”, relata la periodista. “No va a ser en la cárcel, porque tenemos mucha gente en las cárceles –me dijo así muy cínicamente– y [queremos] vaciarlas: lo que te vamos a aplicar a ti es trabajo correccional sin internamiento, y donde más hace falta, que es barriendo las calles”, recuerda Acosta al citar las amenazas que le hizo el agente.

La idea es tratar de humillar y de denigrar al periodista independiente, observa Acosta. En estos momentos, dice, tiene poco tiempo para terminar un libro sobre la masonería cubana, tema al cual dedicó su tesis de graduación.

“Quien te dice que no tiene miedo, eso es mentira”, confiesa la reportera. “Pero yo digo que el miedo es lo que te hace ser valiente. Soy consciente de [lo necesario] que es mi trabajo actualmente en Cuba. El periodismo digamos que es el último [reducto] de enfrentamiento directo contra la dictadura”.

Se refiere a la campaña contra el Decreto Ley 370, cuya convocatoria en la página Avaaz.org ha recogido alrededor de 3,500 firmas.

“Nosotros lo teníamos bien claro cuando iniciamos esta campaña”, indica Acosta. “Utilizamos como pretexto el 370 porque es el [decreto] que han estado usando mayormente, sobre todo contra los comunicadores, por las publicaciones en redes sociales. Pero nos hemos dado cuenta de esto también: de que tratando de librarse de todas estas denuncias, están aplicando el Decreto Ley 310 y otros más”.

Por eso, asegura, la campaña no es solo contra el 370, sino contra todas las leyes dictadoras.

“De hecho la página nuestra se llama así: No a leyes dictadoras”, indica la reportera. “Estamos tratando de visibilizar todas esas multas arbitrarias. Está el 370, pero también algo que vienen imponiendo desde hace años a todos los activistas que arrestan en la vía pública: salen todos con una multa de 100, 200 pesos por violar un ‘dispositivo de seguridad’ imaginario, porque te arrestan en la vía pública y no tienes forma de resistirte”.

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