El Gobierno está secuestrado por la violencia

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El 18 de Octubre es una fecha que jamás será olvidada por los chilenos. Es muy probable que quede registrada en los libros de historia como el momento exacto en que se iniciaron los mayores actos de vandalismo que ha vivido el país a lo largo de toda su independencia.

Aquel día en que los estudiantes saltaron los torniquetes del Metro para luego junto a sus profesores destruirlos y acto seguido comenzar a incendiar completas las estaciones del Metro de Santiago y sus trenes, es un día que sin duda no debemos olvidar y somos responsables de contárselo en detalle a nuestros hijos y nietos en el futuro.

Porque ese día se mostró a la ciudadanía lo que realmente está pasando con un sector no menos importante de nuestra sociedad. Con la pérdida absoluta de valores, patriotismo, ética, capacidad para esforzarse, emprender, , respetar a las autoridades, a las fuerzas de orden, comprender lo que está bien y lo que no. Y hablo de que es un porcentaje no menor quienes han caído en este nivel de decadencia social porque no solo quienes están destruyendo, incendiando y saqueando nuestras ciudades son responsables, sino también muchas personas que creen ser “buenas” pero avalan esta destrucción sistemática y justifican cada acto que han cometido estos verdaderos delincuentes y terroristas o guerrilleros urbanos.

El lumpen siempre ha existido, como ocurre en todos los rincones de cualquier país. Es parte de los aspectos en los que cada nación debe trabajar para darles mejores oportunidades reales que los ayuden a salir de situaciones de vida que no les favorecen a ellos ni a sus descendientes. Ellos no son el problema grave que debemos enfrentar cuando hablo del estallido delictual ocurrido desde Octubre hasta hoy. La verdadera enfermedad está en dos sectores: aquellos que creen que esto es normal y válido y no han entendido como se orquestó todo desde el primer día para lograr derrocar al Gobierno democráticamente elegido, y aquellos que estando en el Gobierno tampoco se han dado cuenta que están siendo manipulados por medio de la violencia para ir cediendo cada espacio de nuestra debilitada democracia y prácticamente nula institucionalidad.

El primer grupo corresponde por lo general a jóvenes de entre 20 y 40 años que por lo general se sienten culpables por “tener más” que los demás, por ser “privilegiados” frente a otros que no han tenido las mismas oportunidades en la vida. Los medios periodísticos y los profesores en sus colegios y universidades durante las últimas dos décadas se han ocupado de instalar ese sentimiento de culpa en su interior, que permanecía oculto como una bomba de tiempo esperando ser activada, y el efecto ha sido catastrófico porque si esas personas hubiesen reaccionado de manera lógica, madura y aplicando criterios valóricos mínimos necesarios y esperables para una sociedad, razonarían con responsabilidad colocando en la balanza los mínimos índices de pobreza que presenta Chile en la actualidad, la empleabilidad en su mejor momento histórico y el uso responsable de las herramientas democráticas vigentes para exigir los cambios que fueran necesarios para que el Estado se enfoque más en los ciudadanos antes que en los partidos políticos. Irresponsablemente ese rango etario de nuestra población permitió que los políticos nos tengan en la actual situación donde los abusos abundan por parte del Estado y los empresarios, respaldados también por el Estado. Si no se levantan a votar, o votan desinformadamente ¿Cómo esperan que ocurran cambios positivos en el país? Es una generación que espera que “otros” hagan todo por ellos, incluso gobernar y preocuparse por los temas país mientras ellos se mantienen al margen esperando que las cosas solo “ocurran”.

Y por otro lado tenemos al Gobierno. Un Gobierno presidido por Sebastián Piñera, que llegó al poder con el 54% de los votos. Las preferencias fueron obtenidas principalmente desde el sector más conservador de la ciudadanía, precisamente ese grupo de gente que no quería una agenda de Gobierno como las propuestas por Alejandro Guillier, Navarro, Beatriz Sánchez y otros candidatos con aun menos adherentes.

Y sin embargo ocurrió lo que nadie esperaba. El Gobierno comenzó a suscribir y ratificar tratados con la ONU que literalmente secuestran nuestra legislación anteponiendo la importancia de estos tratados por sobre nuestras propias leyes. Así el Estatuto de Roma obliga a Chile a atender todos los requerimientos que la ONU obliga anulando las leyes propias que tengan competencia sobre esas materias.

De este modo, Chile se ha sometido a un co-gobierno de la ONU, y desde el primer día de su mandato Sebastián Piñera optó por claudicar y hacernos claudicar a todos los chilenos y las futuras generaciones frente a exigencias de las minorías como si estos fueran los temas país de mayor importancia. De este modo hoy estamos sometidos a la ideología de género, a una Ley ESI (Educación Sexual Integral) que es enviada de tanto en tanto hasta que sea finalmente aprobada y que permitirá que los profesores jueguen con la sexualidad de nuestros niños desde la educación parvularia en adelante incluso experimentando con actos homosexuales para que “sepan qué identidad de género prefieren adoptar”. Por lo general este tipo de aberraciones tan solo por plantearlas debería ser causal de enjuiciamiento y repudio nacional. Pero en Chile ya no… Chile está sometido al relativismo y a creer que todo lo que haga el Gobierno, los legisladores, no nos afectará en lo personal ni tampoco a las futuras generaciones. Ese es el nivel de inmoralidad y relativismo irresponsable de nuestra generación de adultos jóvenes.

Pues bien, el Gobierno cedió y continúa cediendo, ahora por medio de la amenaza de la violencia. Suscriben “tratados de paz” con la izquierda con la promesa que controlarán a las hordas de manifestantes violentos que copan las calles destruyendo todo a su paso. Van dos “tratados de paz” firmados, y en ambas ocasiones sólo vemos más violencia.

El ataque a Carabineros no solamente proviene en forma constante de los delincuentes, antisociales y terroristas disfrazados de “primera línea”. En este caso el principal culpable también es el Gobierno que ha cedido ante las presiones de las instituciones de derechos humanos nacionales y extranjeras, quitando todas las atribuciones constitucionales que poseía Carabineros para dar en el gusto a la guerrilla que existe en las calles quienes los atacan permanentemente incluso con bombas molotov. Y el Gobierno se limita a declarar “que perseguirán a los responsables” mientras sumamos ya más de 4.000 efectivos policiales heridos de gravedad en cinco meses.

El Gobierno de Sebastián Piñera está secuestrado por la violencia. Actúan mal o dejan de actuar probablemente por miedo a resultar heridos ellos mismos o sus familias. Pero han olvidado que al jurar su mandato el primer día, pusieron la mano sobre un documento que decía que respetarían y garantizarían nuestros derechos, nuestra libertad y la propia Constitución del Estado. Nada de ello ha ocurrido y hoy vivimos en un país que ninguno quería donde la violencia es el real gobernante. Y además, con un Gobierno que en lugar de ir hacia adelante con hidalguía, retrocede cobardemente ante cada amenaza, exponiendo a todos los demás chilenos a quienes juraron defender, para salvarse solo ellos y a sus familias.

J. Pedro Molina A.

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