El costo de no ir a votar

El Costo de no ir a votar
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Los domingos de votaciones parecen, por lo general, un día de gran descanso para muchos que eligen quedarse en casa aprovechando que es feriado irrenunciable y, que además las fechas de elecciones coinciden frecuentemente con el periodo de vacaciones. Sobre todo las segundas vueltas que se han hecho habituales en los procesos electorales para elegir al presidente cada cuatro años.

El Costo de no ir a votarAlrededor del 50% de los ciudadanos habilitados para sufragar, en promedio, eligen no ejercer su derecho a voto para esta fecha que, se reconoce como la elección más importante. Sin embargo la situación puede ser aun peor cuando se trata de votaciones como las que enfrentaremos en Abril, cuando la ciudadanía debe elegir a los constituyentes que nos representarán en la convención para redactar una nueva Constitución para el país. Además en la misma fecha tenemos que elegir a los concejales, alcaldes y gobernadores en todo el país.

Cuando se auscultan las redes sociales y foros en general, nos encontramos con miles de personas que dicen no tener intención para acudir a votar en esta fecha. Los argumentos casi siempre coinciden, y giran en torno a cuatro “causales”:

  • No quiero una nueva Constitución
  • Ningún político me representa
  • Dejé de creer en la política chilena
  •  Voy a votar rechazo en el plebiscito de salida

Estos son los “argumentos” habituales esgrimidos por aquellos que promueven quedarse en casa para el 11 de Abril. Casi los mismos argumentos son utilizados para casi todas las elecciones, sobre todo cuando un porcentaje importante de ciudadanos no se siente representado por los candidatos que presenta el menú.

Casi todos los argumentos expuestos tienen una cuota de razón y son motivos válidos para expresar la profunda desconfianza existente hacia los políticos y los trucos que utilizan para engañar a la población en el momento de las elecciones, para luego actuar por cuenta propia desconociendo todas las promesas realizadas en campaña. La molestia, de este modo, es absolutamente justificada. Probablemente entonces, no ir a votar es el mejor voto castigo, en teoría, que un elector podría emitir en las elecciones.

Sin embargo, no debemos olvidar que aunque nosotros no vayamos a votar, otros sí lo harán. La alta abstención en los últimos procesos electorales es una clara muestra acerca de lo que sucede cuando no ejercemos nuestro derecho a voto. Hoy estamos viviendo las consecuencias de ello con diputados de 1% y senadores que no están a la altura de su alta investidura. Entre ellos han sometido al Ejecutivo a sus pataletas ideológicas y hoy nos encontramos en medio de discusiones parlamentarias en busca de disminuir la población por medio del aborto libre, el incentivo a convertirse en cualquiera de las ramas LGTBIQXZYTV+ o, declaración de feriado nacional para la brisca o el yoga, mientras la economía e imagen País se caen a pedazos, las pensiones siguen empeorando, la atención pública en salud y educación empeoran día a día, y sufrimos la invasión “oculta” de extranjeros que copan esos mismos servicios impidiendo que los connacionales puedan hacer uso de ellos a pesar de ser quienes generan los impuestos para que los mismos servicios puedan funcionar y estar disponibles para quienes llegan por cientos cada día sin que las autoridades, electas por quienes sí se levantaron a votar, hagan absolutamente nada por enmendar rumbo.

Es nuestro deber como patriotas (personas que queremos a nuestro país, las tradiciones, principios y valores propios de Chile) no solamente levantarnos para cada una de las elecciones que tenemos por delante, postergar las vacaciones y salidas de fin de semana cuando tenemos la responsabilidad y derecho de elegir a quienes nos representarán por un periodo determinado en cada una y todas las instancias de voto popular desde aquí en adelante. No hacerlo es permitir que lo que le ha ocurrido hasta hoy a nuestra democracia en los últimos años no solamente se mantenga, sino empeore.

Ante la disyuntiva de no tener por quién votar para un cargo específico, debemos ser lo suficientemente calmos como para estudiar a cada uno de los candidatos, averiguar, informarse y consultar hasta llegar al nombre más adecuado, y votar por esa persona aun cuando no nos represente al 100%. Muchos se preguntarán por qué votar por “el mal menor” y la respuesta es simple: porque de no hacerlo, otro cualquiera saldrá electo y lo más seguro es que, ante nuestra obstinada posición, sea nuevamente alguien de la ultra-izquierda.

No ir a votar sólo significa una cosa: los cargos serán ocupados por candidatos de todos modos. Si quienes dicen ser “patriotas” no van a votar, la ultra-izquierda lo hará de todos modos y lo único que conseguimos al no ejercer nuestro derecho es dejarles el campo libre para que sigan avanzando en la destrucción de nuestro Chile.

¿Realmente quieres ser parte de esa destrucción? Tu voto sí es importante. Mientras más personas de nuestro sector posicionemos, menor posibilidad tendrá la ultra-izquierda de seguir adelante con el plan que, hasta ahora, les ha funcionado a la perfección gracias a aquellos que en las últimas elecciones decidieron que no votar era la mejor opción.

Sebastián Cristi A.

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