23 septiembre 2021

Columna de Izkio Red: Izquierda chilena ¿Poder o Caos?

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¿Estallido social 2.0?

Se vienen las marchas y los paros nuevamente, ya están siendo ampliamente anunciados por la izquierda en redes sociales y en los medios que les han servido como fieles lacayos para introducir su revolución en Chile. No importó el Covid-19, los irresponsables de siempre piensan que todo es un engaño diseñado para frenarlos a ellos. No importa lo que pienses, no importa lo que te preocupe, la agenda seguirá adelante tal como está establecida y, políticos como Boric junto a dirigentes de diversas tiendas de oposición ya vienen anunciando desde hace una semana que con coronavirus o sin éste, la revolución regresa a las calles. La “Primera Línea” ya está trabajando intentando limpiar su imagen de terroristas pagados (sicarios), aunque al parecer su nivel de inteligencia quedó estampado en sus escudos ya que de todos modos siguen repitiendo que regresan más violentos que antes y amenazan directamente al Gobierno con hacerlos renunciar antes de que finalice este año.

La izquierda chilena no es mayoría entre los ciudadanos, y eso ha quedado de manifiesto en las elecciones presidenciales en las que las preferencias siempre se han inclinado hacia los candidatos moderados, los de centro o los de derecha. A pesar de ello la izquierda extrema, representada en el Congreso por  un Frente Amplio y un Partido Comunista que se han instalado en Valparaíso para frenar todo proyecto orientado a mejorar la calidad de vida de los chilenos o que vele por el progreso del país, se siente representante del “pueblo” como ellos le llaman a la ciudadanía.

La maquinaria creada para instalar entre los jóvenes la idea de que son mayoría y que este sector representa a todos los chilenos es de tal magnitud, que al conversar hoy con jóvenes en las universidades, en los colegios y en el mundo laboral sorprende escucharles decir que ellos se sienten parte de esa izquierda porque los representa en sus ideales, Los principales argumentos son la falta de seguridad para el futuro, la inequidad, la desigualdad, el “empresario explotador”, el “Gobierno insensible”, o “Carabineros asesinos”.

Todos conceptos negativos, de lucha, de descontento y enfrentamiento, porque así es como trabaja esta izquierda demoledora de democracias. Chile ha sido un inusual laboratorio donde el acelerante siempre ha sido una derecha ambigua, “amarilla”, que no reacciona ante los ataques y provocaciones. Es el escenario ideal que encontró un pequeño grupo que hasta hace menos de una década no llegaba a más del 3% de la población, para instalar su revolución silenciosa.

Adoctrinamiento

El trabajo comenzó en los colegios, y pasó rápidamente al tubo de ensayos más efectivo para las revoluciones: las universidades e institutos donde los profesores adoctrinadores aleccionados en una UTEM cada vez menos profesional y más ideologizada, preparaba y sigue preparando a sus alumnos para enfrentar al mundo con ideas de lucha de clases y llegar al poder por medio de la fuerza cuando las personas se niegan a entregarles a ellos los Gobiernos por medio de actos democráticos. De este modo los profesores preparan a sus propios alumnos en esa línea, introduciendo conceptos e ideas que no provienen de sus hogares o de la enseñanza media. Se les “enseña” lo injusto que es el país en que viven, la falta de oportunidades y la necesidad de que ellos, como jóvenes, logren las cosas por medio de la revolución donde la violencia y el allanamiento de las libertades de los demás así como atacar a las autoridades, es un arma válida, procedente y necesaria.

Los vemos ensayando a diario en Macul durante todo el año académico. La mayoría de esos futuros profesores que luego enseñarán a nuestros hijos, se preparan “académicamente” generando barricadas, deteniendo e incendiando buses del Transantiago y esperando la llegada de Carabineros para luego atacarlos a ellos con bombas molotov, piedras y palos. Estos actos luego son celebrados  como grandes logros al interior de la universidad que prepara a la mayor cantidad de educadores en Chile.

Al cabo del término de sus estudios, más que titularse como docentes, los estudiantes obtienen el título de guerrilleros y demoledores de la sociedad. Ellos son los que luego preparan a nuestros niños, incluso desde el jardín infantil. Desde el 18 de Octubre pudimos ser testigos de muchos casos en que las “tías” circulaban con la filas de niños entregados a su cuidado por los padres, pasando frente a comisarías tocando ollas junto a los infantes y tapándose los ojos, o directamente cantando “el que no salta es paco” con niños de 7 años o menos, situación que se repetía en muchas salas de clase a lo largo de Chile.

Se trata de adoctrinamiento puro, evidente, cruel e ilegal al crear una generación de niños y jóvenes llenos de odio y resentimiento que luego replicarán en su comportamiento futuro. Una generación de alumnos que además, no cuenta con el cuidado que debería proporcionar el Ministerio de Educación. Un Mineduc secuestrado también por la izquierda, donde los textos escolares obligatorios que imponen son de dudosa a mala calidad y muchos de ellos orientados al odio político, lucha de clases, ideología de género y una suma de temas de moda que nadie ha podido explicar hasta ahora, cuál es el motivo ha hecho necesario introducirlos en las mallas educativas.

En manos de esa generación de “educadores” se encuentra nuestro país hoy y, las autoridades que mandatamos durante las elecciones para administrar los recursos y asegurar un mejor Chile, han estado incluso ayudando a que todas estas aberraciones ocurran, continúen y se fortalezcan.

Poder o Caos

Frente a una generación de jóvenes que ha sido fuertemente adoctrinada desde su infancia, se hace complicado trabajar en el progreso de un país cuyas bases sociales consideran que trabajar es ser sometido a la esclavitud, que todos los empresarios son abusadores, que la derecha equivale a dictadura, y que el Estado debe proporcionarles todo lo que requieren para sus vidas, a cambio de nada.

Nadie les enseñó que para los planes sociales se requieren recursos que deben provenir del sector privado y que ese sector, para poder generarlos, necesita producir y, que todos somos parte de la maquinaria necesaria para que ello ocurra. Nadie les explicó tampoco que sin empresa privada, el Estado no tiene recursos. Han sido educados en un mundo de fantasía donde los derechos pasan por encima de cualquier deber y con eso en mente no logran comprender que el sacrificio, el trabajo responsable y el esfuerzo son las únicas herramientas que conseguirán mejorar al mundo.

De este modo, una izquierda radical minúscula en el Congreso y a la que los propios jóvenes adoctrinados miran con recelo convencidos que no son de izquierda, ha conseguido un ejército de bots que fueron preparados desde su infancia para apoyar sus movimientos, sus manifestaciones, sus barricadas, sus saqueos e incendios, sus enfrentamientos y ataques a las autoridades tanto en lo físico como en lo virtual.

La izquierda que no consiguió llegar al Gobierno en las últimas elecciones prometió no dejar avanzar al nuevo Gobierno, y trabajó en ese sentido, día tras día en las redes sociales, los sindicatos y en el propio Congreso. Y siempre con consignas de “desigualdad”, “abusos”, etc. La lucha de clases en su mayor esplendor, esa misma consigna que antes, cuando los índices de pobreza eran mucho mayores, no les daba resultados. Pero hoy esta consigna se hizo fuerte gracias a una generación de jóvenes que, o se encuentran adoctrinados, o se sienten “culpables”, porque el mensaje que desde niños les introdujeron los profesores y los discursos de izquierda es fuerte, demoledor para el pensamiento crítico.

De este modo esta misma izquierda representada por diputados que llegaron al Congreso por medio de un anti-democrático arrastre introducido por Bachelet en un engañoso proceso, se han tomado la agenda frenando toda iniciativa pro-pais e imponiendo ideas y agendas globalistas que pasan por encima de nuestra propias leyes y estableciendo imaginarios donde el colectivismo debe apuntar hacia la destrucción de todo lo que nos había convertido en el mejor país de Latinoamérica para instaurar añejos sistemas que han fracasado en el mundo entero instaurando la pobreza, mediocridad y estatismo que sume en la miseria a los pueblos que aun persisten en ellos.

Estos mismos políticos se sirvieron de una juventud cuidadosamente preparada en las aulas para crear el “estallido social”, que no es más que un movimiento de insurrección dirigido a la destrucción del país y de todo el modelo económico y político. El objetivo de esta estrategia manipulada desde el partido comunista y el frente amplio no es un país mejor, sino algo mucho más simple y evidente: apropiarse del poder por medio de una nueva Constitución y una Asamblea Constituyente. Son ellos mismos quienes lo han dejado ver en reiteradas oportunidades desde que tiraran la primera piedra ese 18 de Octubre.

Barricadas, saqueos, asaltos, incendios, provocación a Carabineros, militares, a las autoridades, paros, marchas, destrucción de propiedad privada y pública, paralización y destrucción del sistema de transporte público ¿Qué de bueno puede resultar de todo esto? Cualquier persona con una gota de sentido común y responsabilidad social se da cuenta que las únicas consecuencias de todos estos actos criminales son negativas. Sin embargo, un porcentaje de jóvenes (y otros no tan jóvenes) creen que todo ello es necesario para “despertar al pueblo”, para crear conciencia respecto ala desigualdad, la falta de oportunidades, los bajos sueldos, pensiones, etc. Y no se dan cuenta que, al apoyar la destrucción, están sirviendo en bandeja el país a la izquierda que los viene manipulando hábilmente desde hace décadas, inadvertida pero inteligentemente.

Tenemos una juventud que tarde o temprano despertará y se dará cuenta cómo han sido utilizados cuando les hicieron creer que los pobres son pobres por culpa del Estado, que los empresarios son esclavizadores, y no generadores de impuestos y bienestar, o cuando abran los ojos y comprueben que una vez que todo se estatiza y se suben los impuestos, la vida se encarece para todos, los bienes comienzan a desaparecer y la mayoría de los impuestos recaudados o recursos generados queda en manos de los mismos políticos que los engañaron, al mismo tiempo que empeora la situación de quienes menos tenían, la clase media se empobrece, y los dueños de los capitales se van del país dejando de generar empleo y, por lo tanto esos anhelados impuestos que alguna vez fueron diseñados para proporcionar un bienestar que jamás llegó a la ciudadanía… al “pueblo”.

Izkio Red

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